18 novembre 2016

L’auge dels delictes d’odi a l’Estat espanyol: informe de l’OSCE

L’organisme internacional publica un informe internacional on es detallen els delictes d’odi coneguts a l’Estat espanyol

El auge del odio

La autopsia reveló que Steven Frank (51 años) murió ahogado con su propio vómito. Pero el cadáver de este vagabundo, encontrado hace unos días en el andén de Cercanías del aeropuerto de Málaga, revelaba más cosas. Que antes o después de su muerte -la investigación sigue en curso-, había sido humillado sin motivo aparente. Que se mofaron de él y le dejaron expuesto para que otros también se burlaran. Que para RAISFundación, además de lo que le sucedió, fue también víctima de aporofobia, el delito de odio hacia las personas pobres. Frank apareció con los genitales dentro de una lata de atún, con dos lonchas de jamón sobre sus glúteos, los calzoncillos bajados y las manos y pies atados con bridas a un banco. “Un trato indigno para cualquier ser humano”, expresan desde esta Fundación que vela por las personas sin hogar.

La OSCE (Organización para la Seguridad y Cooperación de Europa) publica este miércoles, Día contra la Intolerancia, un informe sobre los delitos de odio, con datos relativos a 2015 proporcionados por 41 países. Pero de todos ellos, España -que se sitúa en el puesto número ocho en cuanto a cantidad de este tipo de delitos (con 1328 registrados el año pasado)- es el único lugar que contabiliza los producidos por aporofobia.

“Hay tanto desconocimiento de este fenómeno que es difícil saber cuántas agresiones hay. Primero porque las propias víctimas no denuncian porque piensan que no las van a tomar en cuenta. El hecho de que la aporofobia no esté incluida en el Código penal -aunque hay una proposición no de Ley para introducirla- y de que ni siquiera los organismos internacionales que observan los delitos de odio reconozcan como tal los cometidos hacia las personas pobres, indica el estado del problema y lo mucho que queda por hacer”, reconoce a EL MUNDO Maribel Ramos, coordinadora del Observatorio de Delitos de Odio contra Personas Sin Hogar.

 

 

En la actualidad, más de 30.000 personas en España están sin casa. En la madrugada del pasado sábado 8 de octubre, una mujer que dormía en la calle sufrió una grave agresión en Daroca (Zaragoza). Fue apedreada por dos personas que luego volvieron para intentar quemarla viva. Le salvaron la vida unos vecinos, pero lo ocurrido no es un caso aislado. De hecho, “este elemento, el fuego, es muy característico de la aporofobia. Quemar las pocas pertenencias de las personas sin hogar e, incluso, prenderles fuego a ellos mismos, porque son vistos como basura“, reconoce Ramos.

Este odio hacia los pobres parte de “los mitos y prejuicios que tenemos hacia ellos, de la intolerancia, de que les atribuimos rasgos tan negativos que casi lo primero que hacemos cuando vemos a alguien durmiendo en un banco por la noche es cambiarnos de acera por miedo. Los consideramos escoria. Carecemos de empatía hacia ellos y por eso pasamos aunque presenciemos una agresión. Los datos muestran que dos de cada tres personas no actúa cuando ve un delito por aporofobia“, continúa la coordinadora.

De todos los delitos de odio, esta experta considera que aquellos cometidos hacia las personas pobres son los más invisibles y las víctimas las que más desprotegidas están. “Celebramos la diversidad sexual, la diversidad étnica, pero no podemos celebrar la diversidad de la pobreza“. Por eso, “la solución a este problema debe ser integral y comenzar por condenar el hecho de que en pleno siglo XXI, en España haya personas sin hogar. Dejar de mostrarnos indiferentes a la realidad de que cada vez haya más gente durmiendo en la calle”, afirman desde RAIS.

Aunque las agresiones físicas son las que se identifican de forma más rápida, “hay otras actitudes que dañan a la persona de forma más grave. Que te hagan pis encima, por ejemplo, algo que sufren a menudo las personas que duermen en la calle, que te insulten todo el tiempo, que te llamen ‘puta’ y ‘guarra’ sistemáticamente o te griten ‘escoria, vete de aquí o te matamos’ , que te tiren un bote de pintura y te marquen durante semanas, etc.”, cuenta Ramos.

“Invisible no eres, porque te ven, pero con asco y con miedo”, corrobora Laura, una mujer sin hogar que ha sufrido aporofobia. Los datos que maneja RAISFundación muestran que cada 20 días muere una persona sin hogar en España como consecuencia de una agresión.

Miedo a denunciar

 

 

Según el nuevo informe de la OSCE, Reino Unido es el país donde se registran más delitos de odio (62.518 en 2015), seguido a mucha distancia por EEUU (6885), Países Bajos (5288), Suecia (4859), Alemania (3046), Francia (1790), Finlandia (1704) y España (1328). De todos ellos, los cometidos por racismo y xenofobia son los más numerosos en casi todos los países estudiados.

Prácticamente todos los países han documentado más delitos de odio en 2015 que en el año anterior. Pero desde la OSCE matizan que “no quiere decir necesariamente que hayan aumentado, sino que ha mejorado el sistema de registro de estos delitos y que la sociedad se ha concienciado más”.

Desde este organismo destacan como uno de los retos en la lucha contra estos crímenes que “muchas víctimas no cuentan que han sufrido un delito de odio. Las razones son varias, desde el miedo a represalias hasta las barreras con el idioma o malas experiencias previas”.

Según afirma Maribel Ramos, “tan sólo un 13% de las personas que han sido víctimas de delitos de odio lo denuncian”. En una investigación realizada en 2015, el Observatorio Hatento estimó que un 47% de las personas sin hogar en España han sido víctimas de, al menos, un incidente o delito de odio por aporofobia. De estas personas que han sufrido delitos de odio, en un 81% de los casos habrían sido víctimas de delitos de odio en más de una ocasión. “Es fundamental no olvidar que el derecho a la vivienda se relaciona directamente con la calidad de vida, la seguridad y la salud de las personas. Una sociedad democrática no puede permitirse abandonar más allá de los márgenes a parte de su ciudadanía”, reclaman.

Racismo y el discurso del odio

Realidades como el Brexit, en Reino Unido, o la victoria de Donald Trump en Estados Unidos, han avivado el “odio” contra el extranjero. En este último país, desde el miércoles pasado se han contabilizado más incidentes de amenazas, intimidación y asaltos contra las minorías que en las semanas previas. En el último año, el número de crímenes de odio en Estados Unidos ha aumentado un 6%, según un informe publicado esta semana por el FBI Un 59,2% de las víctimas de crímenes de odio han sufrido ataques por motivos raciales.

 

 

En España se cumplen ahora 24 años del primer crimen racista en el país o, al menos, del primero considerado como tal. Fue el de la dominicana Lucrecia Pérez, que llevaba muy poco en España cuando en noviembre de 1992 cuatro encapuchados entraron en la discoteca Four Roses de Aravaca (Madrid), donde se congregaban inmigrantes, y la dispararon a bocajarro. Lucrecia, de 32 años, murió en el acto. Los acusados reconocieron después en el juicio que no se trataba de ningún “ajuste de cuentas”, sino que “querían dar un escarmiento a los negros”. Ya las pintadas que habían aparecido en la fachada abandonada del local daban una idea de su rechazo: “Negros fuera” o “Stop Inmigración”

Un fenómeno que preocupa a las organizaciones que luchan contra estos delitos es el del discurso del odio o hate speech, definido por el Comité de Ministros del Consejo de Europa como “toda forma de expresión que difunda, incite, promueva o justifique el odio racial, la xenofobia, el antisemitismo u otras formas de odio basadas en la intolerancia”.

“En las redes sociales este discurso del odio es un caldo de cultivo para pasar a acciones mayores y reflejan un sentir de la sociedad”, reconoce Maribel Ramos, que también alerta de los delitos cometidos por “ideología”. Según los datos del Ministerio del Interior, de los 1328 incidentes por odio registrados por la Policía en 2015, 308 fueron por este motivo, el segundo más numeroso tras los de racismo y xenofobia (505).

En cuanto al perfil del agresor por odio “es difícil definir un tipo concreto, pero sí es común que sean jóvenes que salen de fiesta y actúan en grupo”.

 

 

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