21 gener 2017

Le Pen: retrat d’una nissaga d’odi

Le Pen: retrato de una saga del odio

La familia Le Pen, en plena carrera hacia el Elíseo, acumula broncas y escándalos

  • ENRIC GONZÁLEZ
  • Corresponsal
  • París

La enemistad cimenta la familia Le Pen. Cada uno de sus miembros parece detestar a los otros. El padre, el viejo Jean-Marie Le Pen, lleva 18 años sin hablar con su primogénita Marie-Caroline. La hija pequeña, Marine, candidata a la presidencia de la República Francesa, ha expulsado a su padre del partido que fundó. Son solo dos ejemplos de la turbulencia que agita a los Le Pen, quienes, sin embargo, permanecen extrañamente unidos en torno al Frente Nacional (algunos lo llaman Frente Familiar) y al castillo de Montretout, el Falcon Crest de la dinastía.

El mayor partido ultraderechista de Europa, el Frente Nacional, es tan disfuncional como la familia que lo dirige. Pero sus resultados electorales no dejan de mejorar. Se trata de un fenómeno insólito. Casi todo es insólito en esta saga. El relato de su historia podría comenzar el 2 de noviembre de 1976, cuando alguien (nunca se supo quién) destruyó con explosivos el domicilio de los Le Pen. Por casualidad, la casa estaba vacía. Los padres, Jean-Marie, fundador cuatro años antes del Frente Nacional, y Pierrette, antigua bailarina de burlesque, decidieron irse unos días de fiesta para celebrar que estaban vivos. Las tres hijas, menores de edad, quedaron al cuidado de unos amigos. En ese momento, según posteriores declaraciones de cada una de las hermanas, comprobaron que tenían que arreglárselas solas.

La destrucción del domicilio familiar no fue un problema. Hubert Lambert, heredero de la empresa Cementos Lambert, un hombre enfermizo y extravagante, acababa de legar a Jean-Marie Le Pen una herencia que incluía el castillo de Montretout, una espléndida residencia (parecida al Moulinsart de Tintin) situada a las afueras de París cuyo primer propietario fue el emperador Napoleón III, otras propiedades inmobiliarias y unos 30 millones de francos de la época. Los Le Pen, convertidos en potentados, se trasladaron al chateau.

Once años más tarde, en 1987, Le Pen quiso que le escribieran una biografía hagiográfica y encargó el trabajo al periodista Jean Marcilly, quien se instaló en Montretout. Poco después, Marcilly se fugó con Pierrette, la esposa de Le Pen. Pierrette hizo lo posible por humillar a su esposo, utilizando incluso a las chicas: posó desnuda en Playboy y proclamó que dos de sus hijas habían sido desvirgadas por judíos. Para un antisemita como Jean-Marie Le Pen, debió ser duro de digerir.

El escandaloso divorcio causó daños profundos a las tres hijas. Yann, la mediana, intentó huir del clan y encontró trabajo en un Club Mediterranée, pero su apellido la persiguió: casi cada noche, “la hija del nazi” (como la llamaban varios de sus compañeros) encontraba su cama llena de excrementos. Ante esa hostilidad, volvió a París. Casi inmediatamente quedó embarazada. El padre de su hija, el periodista Roger Auque, espía para Francia e Israel, no quiso saber nada del asunto. El patriarca Le Pen también se desinteresó. Tuvo que ser Marine, la pequeña, quien acompañara a Yann el día del parto. Como gesto compasivo, Jean-Marie Le Pen contrató a Yann como telefonista del Frente Nacional con el salario mínimo. La hija ilegítima de Yann, después adoptada por Samuel Maréchal, dirigente del partido, es hoy la diputada Marion Maréchal-Le Pen, gran esperanza de la ultraderecha católica y gran rival de su tía Marine.

La mayor, Marie-Caroline, estaba llamada a suceder al padre como jefa del partido. De hecho, estuvo a punto de convertirse en la primera diputada del FN. En 1997, candidata de una circunscripción de Yvelines, ganó con holgura la primera vuelta. Se daba por seguro que iba a ganar también la segunda. Pero antes de la votación definitiva apareció su padre para arruinarlo todo: zarandeó en público a la rival socialista, llamó “pederastas” a los electores de izquierda y, finalmente, el escaño fue para el PS. Al año siguiente, Marie-Caroline se sumó a la escisión protagonizada por Bruno Mégret, hasta entonces lugarteniente de Jean-Marie Le Pen. El patriarca no la perdonó. Se negó a verla o dirigirle la palabra. Marie-Caroline volvió años más tarde al FN, pero su padre mantiene el castigo.

El patriarca no siempre es rencoroso. Permitió que su ex mujer, Pierrette, la de las fotos en Playboy, regresara ya anciana a Montretout y se instalara en la caseta del guardia, donde reside actualmente.

Marine, que en realidad se llama Marion, la pequeña, la preferida del patriarca, acabó haciéndose con las riendas del partido. En 2011 fue elegida presidenta del Frente Nacional, y Jean-Marie Le Pen pasó a ocupar la presidencia de honor. Marine se cobró varias venganzas pendientes. La primera, colocar a Philippe Olivier, marido de la hermana excomulgada, en los órganos de dirección. Luego purgó a todos los antiguos colaboradores de su padre. Y finalmente purgó a su padre: el patriarca fue expulsado del Frente Nacional en 2015. En noviembre pasado, la justicia obligó a Marine a readmitirle, porque seguía siendo presidente de honor. Pero la hija no permite que el padre acuda a las reuniones.

Marine Le Pen tiene como principal asesor a su propio compañero sentimental, Louis Aliot (el Frente Nacional siempre ha sido un asunto familiar) y como todopoderoso vicepresidente a Florian Philippot, antiguo gaullista, alto funcionario y homosexual: posiblemente el hombre al que más odia Jean-Marie Le Pen.

Recordemos lo esencial: los Le Pen se odian y se apoyan. El mes pasado, Marine comprobó que la caja del partido estaba vacía y necesitaba dinero para la campaña presidencial. Le pidió a su padre, el patriarca expulsado, un préstamo de seis millones de euros. Recibió el dinero de inmediato.

Etiquetes: , ,