25 agost 2017

CHARLOTTESVILLE (USA): Assassinat neonazi durant protesta antiracista.

L’assassinat de Heather Heyer i el tractament mediàtic i polític dels fets ocorreguts a la ciutat nord-americana de Charlottesville han obert el debat i han posat el focus sobre la lluita antifeixista i les equidistàncies de polítics i periodistes en la lluita contra l’odi.

Charlottesville: equidistancias y otras miserias

“Sólo existe una posición moral aceptable, y es el antifascismo. Si en un combate ideológico, e incluso físico, entre fascistas y antifascistas no eliges la trinchera de los que defienden la diversidad y el respeto a las minorías entonces ya has elegido. Eres uno de ellos”, escribe Maestre.

14 Agosto 2017 – LA MAREA – Antonio Maestre

Danuta Danielsson era una mujer polaca que vivía en Suecia y que tuvo a su madre en un campo de concentración nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Hans Runeson la fotografió en una manifestación del Partido Nórdico del Reich golpeando con su bolso a un miembro de la formación nazi. Danielsson hizo bien en expresar su rechazo ante aquellos que representan el odio más extremo. Su fotografía es hoy un referente icónico de la lucha antifascista que muestra de manera gráfica que al fascismo no se le discute.

Sin embargo, no resulta extraño cuando en una manifestación de nazis y supremacistas blancos se producen hechos violentos ver en la prensa española titulares que dicen: Estado de emergencia en Virginia por disturbios entre grupos radicales. Es una posición editorial muy extendida equiparar a los que creen que su raza es superior y quieren exterminar a todos aquellos que no cumplen con sus cánones raciales con quienes defienden la diversidad y los combaten.

La intelectualidad conservadora patria, ahora autodenominada liberal, siempre ha equiparado fascismo y antifascismo para justificar ante sí misma que no ve tan mal la ideología que mantenía reprimido el gen rojo. El anticomunismo siempre ha dejado al desnudo sus costuras. El tratamiento informativo de Charlottesville en los medios españoles sólo cambió cuando en rueda de prensa Donald Trump habló de violencia por ambos lados y dejó en evidencia todas las vergüenzas periodísticas.

La progresía española se ha contaminado de ese pensamiento por un complejo de inferioridad, y corre a denunciar cualquier conato de violencia sin pararse a valorar cuál es el contexto. No se atreve a exponer y analizar que no es lo mismo que un nazi agreda a un negro por su color que el hecho de que un antifascista agreda a una nazi que se dedica a apalear a minorías y colectivos vulnerables en cacerías por simple diversión y motivadas por su odio ideológico. Una postura pusilánime que no se arriesga a analizar y especificar el contexto determinado de un acto violento por temor a ser acusados de compartir el método. Porque no todas las violencias son iguales, las hay que por su fanatismo extremo no conocen más antídoto que el poder punitivo, del mismo modo que otras son legales o proporcionan excusa jurídica. Desde un punto de vista editorial y periodístico especificar el contexto de la violencia contra colectivos fascistas es imprescindible.

Manuel Jabois, periodista en El País, tuvo la osadía de hablar del contexto informativo en un caso de violencia contra colectivos nazis. Fue el pasado mes de enero, con motivo de la paliza dada por un grupo de antifascistas a una chica nazi en Murcia llamada La intocable. Lo hizo en una columna radiofónica en La SER llamada Información y verdad: “No sé si existe algo que justifique a una muchedumbre pateando a alguien en el suelo. Pero la información ayuda a colocarse mejor moralmente delante del suceso. Para un oyente no es lo mismo escuchar que le han dado una paliza una chica porque es de derechas o porque lleva una pulsera de la bandera de España (y esa es la información que se dio, y se sigue dando en muchos lugares) que oír que la paliza la reciba alguien neonazi que se encarga de dar esas mismas palizas”.

Jabois hablaba de un caso que desde el punto de vista periodístico y moral marca una pauta habitual en los medios de comunicación españoles. La primera opción siempre es criminalizar a una determinada ideología de izquierdas. Ese sesgo político prima sobre la información, la deontología y el contexto. Si en las primeras noticias sobre la paliza se dice que la víctima era una nazi conocida de Murcia con diversos antecedentes que se dedica a dar palizas a inmigrantes lo más normal es que no consiga epatar a la inmensa mayoría de la opinión pública y la noticia pase desapercibida. Pero si dices que un grupo de violentos de extrema izquierda apalea a una chica de 19 años por llevar una pulsera de la bandera de España consigues el objetivo político marcado. Unos cuantos días marcando la agenda, el ministro del Interior tomando parte por la nazi agredida, y con un buen número de míseros y equidistantes haciendo buena la cita falsa de Churchill sobre los fascistas del futuro. Se consigue de manera efectiva igualar a los miembros de una ideología criminal con aquellos que la combaten. Ni nazismo, ni antinazismo, igualdad.

Alberto Reig Tapia define a estos especímenes de la vida cultural, política y periodística en su magnífico ensayo sobre los revisionistas españoles La crítica de la acrítica” como inconsecuentes, insustanciales, impotentes, prepotentes y equidistantes. Aunque ellos no lo saben, o no se aceptan, y optan por llamarse liberales y apelar al valor último de la libertad sin comprender la complejidad sociológica y filosófica de ese concepto. Dice Reig de este arquetipo nacional: “Esa hipócrita equidistancia de la que se sirven tantos pretendidos críticos que se creen imparciales y que presumen de neutrales recurriendo al facilón recurso de dar una de cal y una de arena”.

La ideología nazi, supremacista o fascista no es respetable. No es una ideología equiparable a otra, no hay que darle voz, no hay que dejar que muestra sus ideas en ningún foro público. Su ilegalización sólo es debatible desde el punto de vista pragmático, para evitar que la victimización la haga crecer. La única manera con la que hay que dirigirse a ellos es mediante un combate frontal, directo y sin concesiones a sus ideas. No hay debate posible ni aceptable. No existe ninguna fobia que permita desde un punto de vista moral aceptar una posición neutra entre aquellos que consideran que hay que exterminar o subyugar a un ser humano y entre aquellos que los combaten. Sólo existe una posición moral aceptable, y es el antifascismo. Si en un combate ideológico, e incluso físico, entre fascistas y antifascistas no eliges la trinchera de los que defienden la diversidad y el respeto a las minorías, entonces ya has elegido. Eres uno de ellos.

La madre de la víctima del atropello neonazi de Charlottesville se niega a hablar con Donald Trump

Susan Bro, la madre de Heather Heyer -la joven que murió atropellada este fin de semana en Charlottesville (Virginia) a manos de un supremacista blanco- aseguró hoy que no hablará con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, después de que éste “equiparase” a los manifestantes antirracistas con los neonazis.

Trump había mostrado su intención de conversar con Bro, aunque indicó que esperaría al momento adecuado, para respetar el duelo de la familia de la fallecida.

“No había visto las noticias hasta anoche y no voy a hablar con el presidente ahora, después de lo que dijo“, afirmó Bro en una entrevista en la cadena estadounidense ABC, después de que la Casa Blanca anunciara el interés del mandatario en hablar con ella. “No es que haya visto los tuits de alguien sobre él, vi su vídeo en una rueda de prensa equiparando a los manifestantes con el KKK (Ku Klux Klan) y los blancos supremacistas”, indicó Bro.

Se refería así a la comparecencia ante los periodistas del martes en Nueva York en la que Trump señaló que tanto los manifestantes supremacistas como los opositores que protestaron contra el racismo tenían “parte de culpa” en lo sucedido. “No puedes salir de esto dándome la mano y diciendo ‘lo siento’. No voy perdonar por eso”, destacó Bro.

Al ser preguntada sobre si había algo que le gustaría decir a Trump, fue contundente: “Piense antes de hablar”.

Víctima del odio

Heyer, de 32 años, falleció al ser atropellada por un coche que arremetió contra una multitud de personas que protestaban en una manifestación antirracista contra los supremacistas blancos en Charlottesville el pasado sábado.

El presunto conductor, James Alex Fields Jr., fue fotografiado asistiendo a la marcha de neonazis y posteriormente arrestado y acusado de asesinato en segundo grado tras el atropello, en el que otras veinte personas resultaron heridas.

Bro en un primer momento agradeció las palabras de Trump del lunes cuando condenó el odio y el fanatismo, pero cuando el mandatario consideró el martes que había que responsabilizar a los dos bandos de los hechos violentos de Charlottesville, cambió de opinión.

“No había visto las noticias hasta anoche y no voy a hablar con el presidente ahora, después de lo que dijo“, afirmó Bro en una entrevista en la cadena estadounidense ABC, después de que la Casa Blanca anunciara el interés del mandatario en hablar con ella. “No es que haya visto los tuits de alguien sobre él, vi su vídeo en una rueda de prensa equiparando a los manifestantes con el KKK (Ku Klux Klan) y los blancos supremacistas”, indicó Bro.

Se refería así a la comparecencia ante los periodistas del martes en Nueva York en la que Trump señaló que tanto los manifestantes supremacistas como los opositores que protestaron contra el racismo tenían “parte de culpa” en lo sucedido. “No puedes salir de esto dándome la mano y diciendo ‘lo siento’. No voy perdonar por eso”, destacó Bro.

Al ser preguntada sobre si había algo que le gustaría decir a Trump, fue contundente: “Piense antes de hablar”.

Víctima del odio

Heyer, de 32 años, falleció al ser atropellada por un coche que arremetió contra una multitud de personas que protestaban en una manifestación antirracista contra los supremacistas blancos en Charlottesville el pasado sábado.

El presunto conductor, James Alex Fields Jr., fue fotografiado asistiendo a la marcha de neonazis y posteriormente arrestado y acusado de asesinato en segundo grado tras el atropello, en el que otras veinte personas resultaron heridas.

Bro en un primer momento agradeció las palabras de Trump del lunes cuando condenó el odio y el fanatismo, pero cuando el mandatario consideró el martes que había que responsabilizar a los dos bandos de los hechos violentos de Charlottesville, cambió de opinión.

Víctima y ‘verdugo’: ¿quién es quién en el atropello mortal de la marcha racista en Charlottesville?

    • EL MUNDO

Él avisó a su madre de que acudía a una manifestación de la ‘alt-rigt’; ella quería “acabar con la injusticia”. Sus destinos se unieron en Charlottesville

Duras críticas a Trump por su ambigüedad al condenar a los racistas

Se llama James Alex Fields, tiene 20 años y el sábado se convirtió en presunto asesino. Era de prever que la gran manifestación supremacista convocada en Charlottesville, una pequeña población de apenas 50.000 habitantes en el estado de Virginia desembocara en enfrentamientos, pero nadie esperaba que un joven neonazi decidiera frenar las protestas de los contramanifestantes embistiendo con su vehículo a la multitud. El resultado de su acción: una mujer de 32 años muerta y 19 personas heridas. Y él, detenido y acusado de asesinato en segundo grado.

Pero, ¿quién es James Alex Fields? ¿Cómo llega un joven callado y solitario a perpetrar un atropello múltiple en defensa del racismo y la xenofobia? El uniforme del grupo neonazi y supremacista blanco Vanguard America es sencillo, pero reconocible. Polo blanco metido por dentro del pantalón caqui y botas. El sábado, horas antes del atropello que acabaría con la vida de Heather Heyer, un fotógrafo captaba a Fields perfectamente integrado entre sus compañeros, con todo y el escudo circular que blandirían más tarde contra quienes contraprogramaban su manifestación.

Este presunto asesino precoz se alistó hace dos veranos, pero no duró demasiado. Menos de cuatro meses más tarde, a principios de diciembre, los archivos militares consultados por el New York Times revelan que abandonó. Se desconocen las causas. Natural del condado de Kenton, en Kentucky, Fields vivió con su madre, Samantha Bloom, hasta hace “cinco o seis meses”, según ella misma relató en una entrevista con el periódico The Toledo Blade. Dejaron Kentucky por Ohio hace un año “por motivos de trabajo”, y el joven se mudó poco más tarde a su propio apartamento, en Maumee, una pequeña ciudad norteña, casi en la frontera con Michigan.

El viernes, Fields envió un mensaje a su madre: dejaba el gato a su cuidado porque se iba a una manifestación alt-right a Virginia. “Le dije que tuviera cuidado y que se asegurara de que era una manifestación pacífica. Parece que al final no lo era”, lamentaba dos días después la mujer, deshecha en lágrimas. Sin entrar en detalles sobre el ideario de su hijo, ella pensaba que el acto al que acudía el joven era “algo relacionado con Trump”. “Intento mantenerme al margen de sus ideas políticas”, explicaba.

Bloom salió a cenar el sábado como cualquier sábado. No tenía ni idea de que su hijo estaba detenido, de que había matado a una mujer con su coche en aquella manifestación. Aún no había recibido la llamada. Pero tampoco parecían muy unidos. Los vecinos de su madre no recuerdan haber visto el coche del chico en meses. Su tía, Pam Fields, la hermana de su padre, que falleció antes de nacer él, asegura que no había tenido contacto con él más de cinco veces en los últimos 10 años. “Es un chico muy callado”, explicaba al rotativo neoyorquino.

Vanguard America se desvinculó casi inmediatamente y por completo de James Alex Fields. El grupo neonazi ha publicado en su cuenta de Twitter un comunicado en el que afirma que “el conductor del vehículo que arrolló a los contramanifestantes no era, de ninguna manera, miembro de Vanguard America”. “Los escudos que mostraba no denotan pertenencia, ni tampoco la camiseta blanca”, explicaban, “los escudos se repartieron a quien quiso”.

An official statement regarding todays incidents and the individual in question. pic.twitter.com/wBaERomHEZ

? Vanguard America (@VanguardAm) 13 de agosto de 2017

Sea como fuere, Fields no dudó ni un momento en poner su Dodge Challenger a toda velocidad y embestir contra la multitud. Acabó empotrándose contra otro vehículo que, debido al impacto, golpeó una furgoneta que estaba aparcada enfrente. La maraña de vehículos accidentados cayó sobre el gentío mientras Fields huía, hasta ser detenido por la policía. En su trayecto se encontraba Heather Heyer, 12 años mayor que él y que ese día se manifestaba en el otro bando.

Heather “quería poner fin a la injusticia”

Heyer era asistente de un bufete de abogados, y residía en Charlottesville hasta que fue “atropellada por un vehículo cuando ejercía pacíficamente su derecho a la libertad de expresión”. “Este acto de violencia sin sentido desgarra nuestros corazones colectivos”, afirma el Ayuntamiento de la ciudad en un comunicado que recoge Efe.

Las autoridades de la ciudad aseguran que la víctima fue atropellada cuando “cruzaba la calle”, pero según familiares y amigos citados por la prensa local, estaba en el lugar para protestar contra la marcha racista celebrada en la ciudad.

Así lo confirma su jefe, Alfred Wilson, que la describe como una persona con un fuerte sentido de la justicia social, un ideal que aplicaba tanto en su trabajo como en su día a día. “Algunas veces, me la encontraba en la oficina con lágrimas en los ojos”, ha recordado Wilson a Reuters.

La conocía bien, ya que Heyer entró a trabajar en el bufete hace cinco años. Como mujer blanca, encontraba injusta la diferencia de trato que la sociedad brindaba a Wilson, afroamericano. “Eres un hombre con educación universitaria, pero si entras en una tienda seguramente haya gente siguiéndote, es injusto”, recuerda su jefe que solía decirle.

La madre de la víctima, Susan Bro, confirma la sensibilidad de su hija. Era una persona muy preocupada por los problemas sociales y había acudido a la marcha contra el racismo porque “trataba de poner fin a la injusticia”. “A Heather no la movía el odio, sino detener el odio, acabar con la injusticia”, aseguró la madre al Huffpost, y agregó que no desea que su muerte se convierta en motivo para generar más odio sino en un “clamor por la justicia, la igualdad, la equidad y la compasión”.

Nacida en Charlottesville, sede del campus principal de la Universidad de Virginia, Heyer creció en un pueblecito vecino antes de ir a vivir a la ciudad. Buena parte de su trabajo consistía en ayudar a las familias que iban a ser desahuciadas, que tenían sus bienes embargados o necesitaban ayuda para pagar las facturas médicas.

Políticamente, era fiel seguidora de Bernie Sanders, candidato a líder del Partido Demócrata en una nominación que ganó Hillary Clinton. En cambio, era una firme opositora a Donald Trump, y también se había mostrado contraria a Jason Kesler, el bloguero que organizó la manifestación bajo el lema Unamos a la derecha, la misma que estalló el sábado y acabó con su muerte.

“A Heather le preocupaba sobremanera el resultado de las últimas elecciones“, ha recordado Wilson, “literalmente lloraba de preocupación por lo que fuera a pasar con el país”.

El color favorito de Heather era el morado, ha recordado su jefe. Compartía apartamento con su chihuahua Violet, al que adoraba. “Vestía mucho de morado, incluso lo hubiera vestido cada día si hubiera podido”, ha asegurado Wilson.

 

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