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Com l’estratègia del PP i Cs sobre Catalunya i les persones migrants afavoreix VOX

Reproduïm un interessant article de Carles Castro a La Vanguardia i altre de l’historiador Xavier Casals al diari Ara sobre la radicalització del discurs de la dreta espanyola i el rèdit que en treu la formació ultra.

El retorno de los brujos

La estrategia catastrofista del PP y Cs ante el independentismo catalán y la inmigración parece favorecer el crecimiento de Vox


El retorno de los brujos
El Secretario General de Vox, Javier Ortega, en la movilización con motivo del 12 de octubre (Quique García / EFE)
BARCELONA

La historia brinda lecciones que sólo ignoran los necios. Durante el primer septenio del socialista François Mitterrand, a mediados de los ochenta, la derecha política y mediática protagonizó una oposición tronante al gobierno de la unión de la izquierda. Esa oposición dibujaba una imagen de Francia poco menos que apocalíptica, apoyada, eso sí, en una calamitosa gestión gubernamental que el propio Mitterrand tuvo que corregir.

Sin embargo, el impacto de ese estilo de oposición en las siguientes elecciones legislativas y presidenciales no pudo ser más sorprendente: Mitterrand volvió a ganar (y con él su partido en 1988), pero a las formaciones liberal-conservadoras les surgió una inesperada competencia por la derecha; el Frente Nacional de Le Pen, que pasó de menos de 100.000 votos en 1981 a dos millones y medio en 1986 y 1988 (y a más de cuatro millones en las presidenciales).

Por supuesto, España no es Francia (aunque algunos lo pretendan), pero la encarnizada oposición que protagonizan hoy las fuerzas de centro y derecha al Gobierno socialista de Pedro Sánchez podría tener también unos efectos colaterales en beneficio de ofertas antisistema, como la que encarna la ultraderechista Vox. La constante europea que alimenta a esas fuerzas es, sobre todo, el debate sobre la inmigración (incluso allí donde apenas asoman inmigrantes como en Hungría o Polonia). Y en el caso español, los dos ejes sobre los que ha venido disparando con especial fiereza la oposición al Gobierno del PSOE son, justamente, la política migratoria y, muy en especial, el conflicto catalán, sobre el que se vierten mensajes tremendistas asociados a soluciones contraproducentes.

Los nutrientes electorales de Vox
Los nutrientes electorales de Vox (Alan Jürgens)

Sin duda, esos mensajes pueden desgastar al PSOE por su flanco derecho o provocar la deserción de aquellos votantes de izquierda y centroizquierda recelosos de la descentralización territorial y más sensibles a las cuestiones de identidad nacional. El problema de esos discursos catastrofistas es que afectan al conjunto del electorado y, más especialmente, a aquellos ciudadanos que se sitúan en el flanco derecho del espectro ideológico (ver gráfico), que votan sobre todo a PP y Cs y que viven con mucha mayor angustia o incluso como una auténtica psicosis la amplificación política y mediática del conflicto territorial o de los episodios de inmigración ilegal.

La mejor prueba de ese impacto expandido se encuentra en el incremento de las tasas de preocupación que expresan los ciudadanos ante problemas como la inmigración o la independencia de Catalunya. Así, respecto a la inmigración –y en un contexto sin grandes cambios–, el nivel de preocupación se ha multiplicado por cinco desde la primavera pasada y ese problema ha pasado de una posición marginal en la lista de preocupaciones a ocupar el quinto puesto entre los más citados.

Por ahora, el impacto de ese estado de opinión sobre el mapa electoral de la derecha es limitado: más de 461.000 votos para Vox, de los que casi la mitad procederían del PP y Ciudadanos. Esa cifra es suficiente para asegurarse entre uno y dos eurodiputados en las elecciones europeas y obtener al menos un escaño por Madrid en las generales (donde Vox concentraría un tercio de su capital electoral que, por ahora, resultaría insuficiente para obtener diputados en otras provincias).

El problema de los temas emocionales e identitarios es que crecen como una bola de nieve que puede acabar aplastando a quienes los alimentan. El declive electoral del PP en Catalunya (y también en el resto de España) frente al alza de Ciudadanos es un buen reflejo de ello. Son los venenosos réditos del “España se rompe”.

CLAVES PARA COMPRENDER El ASCENSO DE VOX*

El acto de Vox en Vistalegre el 7 d’octubre (imatge d’EFE).

 

EL DOMINGO 7 DE OCTUBRE VOX LLENÓ EL PALACIO DE VISTALEGRE CON 10.000 PERSONAS, todo un hito para un partido extraparlamentario y para la ultraderecha española, que desde la etapa que la lideró Fuerza Nueva (disuelto el 1982) no había manifestado este poder de convocatoria. Además, el último barómetro del CIS atribuye a Vox una estimación del 1.4% del voto, que de cumplirse en las urnas le permitiría estar presente a las instituciones.

Una escisión exitosa del PP

Vox ha sido la primera escisión derechista exitosa del PP (a diferencia del PADE creado el 1997). Inicialmente la lideraron Aleix Vidal-Quadras y Santiago Abascal, exdirigente del PP del País Vasco y expresidente de la Fundación para la Defensa de la Nación Española [DENAES]. Constituido el partido en enero de 2014, en los comicios europeos de junio centró el mensaje al reducir el tamaño del Estado, situando a las autonomías a la diana. Captó 244.929 votos (1.5%) y ningún escaño. Vidal-Quadras dejó pronto la presidencia y el febrero de 2015 también Vox (al preconizar una aproximación con UPyD y C’s).

Abascal devino entonces líder del partido, que conoció una radicalización que lo ha favorecido al confluir con cuatro factores. Uno ha sido el hecho de ejercer la acusación popular del proceso secesionista en el Tribunal Supremo, al conferirle visibilidad y permitirle erigirse en una alternativa antiseparatista “dura” ante un PP a sus ojos fracasado (para Vox es la “derechita cobarde”, mientras C’s es “la veleta naranja” por sus cambios de criterio). Un segundo factor ha sido la controversia generada por la exhumación del cadáver de Franco (recordamos que C’s y PP optaron para abstenerse al respecto al Congreso). Ello ha puesto en primer plano a la “ley de la memoria histórica”, la oposición a la misma es una bandera de Vox. Un tercer elemento ha sido la recomposición de un PP dividido (como testimonió la derrota de la exvicepresienta Soraya Sáenz de Santamaría) y castigado por la corrupción. Finalmente, hay que incluir la rivalidad de PP y C’s por el voto derechista, que los ha llevado a dar peso a la inmigración en la agenda política, en beneficio de Vox.

Igualmente, los dos partidos mencionados han optado por una cautela posiblemente errónea ante la formación de Abascal: C’s no habla de este partido y el PP no lo critica frontalmente. Ambas estrategias ya fracasaron a los años noventa en Francia con el lepenismo, en la medida que sus rivales no reforzaban las fronteras políticas entre centroderecha y ultraderecha, sino que las diluían. Por este camino, pues, Vox puede ganar respetabilidad política, marcar la agenda y forzar a moverse en su campo de juego tanto a C’s como al PP.

Un artefacto complejo

Vox no refleja un retorno del neofranquismo. No ha asumido una filiación ideológica con la dictadura y se ubica en un cruce de temas tradicionales de la derecha radical o la extrema derecha española que combina con otros nuevos. Entre los primeros, como hemos visto, hallamos la oposición en la ley de “memoria histórica” y al independentismo, así como la defensa de la política familiar, la reivindicación de la españolidad de Gibraltar o el secesionismo lingüístico ante el idioma catalán. Y es que Vox se coaligará con Actúa Baleares, cuyo presidente, Jorge Campos, afirma “Somos Baleares, no somos catalanes”.

El partido ha incidido igualmente en temas nuevos, como la denuncia de las supuestas amenazas que comporta la expansión del Islam en España. Incluso en Vistalegre reivindicó la España de Lepanto, ya que salvó “a la civilización occidental frente a la barbarie”. A la vez, Vox es combativo ante la inmigración ilegal y manifiesta que “los españoles estarán primero”.

También ha adoptado elementos del trumpismo, como la consigna “Hacer España grande otra vez” y buscar un leitmotiv político en la erección de un muro fronterizo a Ceuta y Melilla. A la vez, Vox ha contactado con Steve Bannon (el exestratega electoral y exasesor presidencial de Trump), que ha definido a esta formación como “un partido basado en la soberanía y la identidad del pueblo español”. Vox, pues, se ubica a caballo del pasado y del presente, posicionamiento que le homologa a la derecha populista europea mientras preserva rasgos propios.

Vox y el Pacma: ¿Nuevos actores de un cambio inacabado?

Finalmente, debemos remarcar que la eventual irrupción de Vox en las instituciones sería pareja a la del PACMA, al que el CIS otorga el 1.6% del voto (de hecho, en los comicios legislativos de 2016 logró 1.199.759 de votos al Senado). Desde esta óptica, el hipotético ascenso de ambas fuerzas podría reflejar un voto de protesta en ambos extremos del arco político, que permanecería aún latente y estaría políticamente huérfano de representación.

Ahora bien, una cosa son los sondeos y la otra los votos. Y hasta que estos últimos no se pronuncien, todo son conjeturas.

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