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Terror neonazi en Valencia

La revista Interviú publica un reportatge dedicat exclusivament a la violència feixista al Paí­s Valencià, arran del 15é aniversari de l’assassinat de Guillem Agulló i els darrers episodis violents protagonitzats per neonazis. L’article inclou entrevistes a la famí­lia de Guillem, a representants d’Acció Popular Conta la Impunitat i de Movimiento Contra la Intolerancia , així­ com fotos dels pressumptes agressors del jove apunyalat a la plaça del cedre el passat gener i altres individus pressumptament implicats al mateix cas i en altres. Això ens serveix per recordar que aquests segueixen al carrer a l’espera de judici i ens assabentem que un d’aquests fou detingut de nou per amenaçar, pressumptament, a un altre jove amb ganivets de cuina durant les festes falles. L’article també desvetlla les vexacions sofertes per diversos toxicòmans al barri de Campanar, on són obligats per uns joves rapats que els pinten esvàstiques amb retoladors i els tallen les celles, a menjar excrements de gos, mosques, o untar-se amb pasta de dents els cabells. Aquestes atrocitats aparegueren molt abans de les agressions d’Orriols penjades al Youtube, però van passar gairebé desapercebudes. Recomanem sens dubte la seua lectura i la seua difusió. Que tothom sàpiga el que hem de suportar a València i la fastigosa impunitat d’aquestes accions deplorables.Fes clic a les imatges per a ampliar
Acaban de cumplirse quince años de la muerte de Guillem Agulló. Con apenas 18 años, este militante antirracista y de izquierdas fue apuñalado en abril de 1993 en Montanejos (Castellón) por el ultraderechista Pedro José Cuevas, único condenado como autor material. Aquel crimen destapó el margen de maniobra con el que se moví­an los grupúsculos neofascistas en la Comunidad Valenciana y la guerra soterrada entre ideologí­as extremas.
Pudo ser el punto final, pero tres lustros después la realidad se parece demasiado: el informe Raxen 2008 sobre racismo y xenofobia elaborado por el Movimiento contra la Intolerancia habla de más de 600 incidentes ultras (racismo, intolerancia o relacionados con la actividad de grupos que promueven el odio) en 2007 sólo en la Comunidad Valenciana, sucesos detectados en 32 municipios.
Al mismo tiempo, de esta región salieron el 9-M alrededor del 20 por ciento de los votos que fueron a parar a las formaciones de extrema derecha. Castellón, Valencia y Alicante se han convertido, junto a Madrid y Barcelona, en territorios de acción preferente para neonazis y ultraderechistas, y en base de operaciones para plataformas polí­ticas de corte xenófobo. Un detalle: a finales de 2007, David Duke, ex dirigente del Ku Klux Klan norteamericano, dio en Valencia su única conferencia en España. En el resto del paí­s no pudo. Entre los incidentes de racismo e intolerancia del informe Raxen destacan bombas caseras y artefactos incendiarios contra unas oficinas Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) –la última en mayo pasado– o sedes del Bloc (partido de la izquierda nacionalista); y agresiones a inmigrantes, indigentes o toxicómanos. Hace escasas semanas, el portal de ví­deos en internet Youtube tuvo que retirar varias secuencias violentas grabadas entre 2006 y 2007 supuestamente en el barrio de Barona, una de las zonas con más presencia inmigrante de la capital levantina. El 2008 ha empezado en la misma lí­nea.
El pasado 27 de enero, en el centro de Valencia, un joven soldador era apuñalado por neonazis, que fueron detenidos y puestos en libertad de inmediato. Tan caliente está el asunto que colectivos sociales, ONG, ayuntamientos, sindicatos y partidos polí­ticos han montado una plataforma ciudadana –Acción Popular contra la Impunidad– para arropar a las ví­ctimas y personarse judicialmente en los casos de violencia polí­tica, racista o xenófoba. “No hay más actos violentos en Valencia que en otros lugares, el hecho diferencial es la impunidad con la que actúan. En la transición hubo atentados y bombas y no se detuvo a nadie. Hoy son grupúsculos reducidos con base social reducida pero con la misma impunidad de entonces. Hay al menos dos instituciones responsables: la autoridad estatal, de la que dependen las Fuerzas de Seguridad, y la autonómica, que lleva años minusvalorando los hechos. En el Paí­s Vasco lo llaman ‘kale borroka’ y aquí­ no parecen episodios importantes”, comenta el abogado Toni Gisbert, uno de los portavoces de Acción Popular contra la Impunidad. José L., un soldador de 30 años de la periferia valenciana, fue la penúltima ví­ctima elegida por los neonazis en sus particulares cacerí­as. Ocurrió el pasado 27 de enero, de madrugada. José estaba de copas en la céntrica plaza del Cedro cuando vio entrar en el bar a un conocido gritando que un grupo de nazis le perseguí­a. “Salimos a la calle y nos dimos de golpe con diez o doce chicos de estética neonazi. Iban con palos, cadenas y navajas. La gente salió corriendo y nos quedamos tres encarándoles pero desarmados. Uno llegó y me apuñaló. El navajazo ni lo noté, porque la adrenalina lo absorbe todo. Al momento me caí­ desplomado. Con cuatro centí­metros de profundidad, la herida se quedó a menos de un centí­metro del pulmón. Me rajó el bazo y la pleura”. José siente que se ha salvado de milagro. Es de los pocos que dieron el paso de denunciar. “No me arrepiento de poner la denuncia pero no comprendo cómo la policí­a les detiene, yo identifico al autor y la justicia les deja en libertad. Son gente con antecedentes y a mí­ casi me matan”. Al igual que otros testigos, este trabajador, ahora de baja, señaló sin ninguna duda a Juan José M. O. como autor del navajazo. Este chaval, según fuentes policiales, está vinculado a los Yomus, la peña ultra del Valencia CF. “Es de los más visibles y mimados por los cabecillas de los Yomus”, dicen las mismas fuentes. Otro de los identificados y en libertad fue Sergio O., un neonazi que también ha sido denunciado por amenazas con cuchillos de cocina a otros jóvenes durante las fi estas de las Fallas de este año. interviú ha tenido acceso a varias fotografí­as del presunto autor del navajazo junto con su cuadrilla de amigos portando simbologí­a neofascista, e incluso en la sede de Alianza Nacional (AN), un partido de ultraderecha que, según las sospechas policiales, estarí­a aglutinando a cabezas rapadas. Pedro Pablo Peña, cabeza visible de este grupo, está en prisión por tenencia de explosivos que supuestamente iba a utilizar para atentar contra familiares de etarras. AN ha sido también la responsable de traer a España al miembro del Ku Klux Klan David Duke. En la sede valenciana de Alianza Nacional estaba hace tres años un local del Frente Anti Sistema (FAS), un grupúsculo nazi desarticulado en septiembre de 2005 que se dedicaba a la venta de armas y efectos de ideologí­a nazi por internet.
La Guardia Civil detuvo en la operación Panzer a más de una veintena de jóvenes –entre ellos varios militares– y en su poder tení­an escopetas, pistolas, bolí­grafos-pistola, armas blancas y hasta un lanzagranadas. Según el comunicado de la Guardia Civil, “una de las principales actividades era la organización de cacerí­as de tribus rivales o inmigrantes para agredirlos”. Entre los arrestados estaba Pedro José Cuevas Silvestre, el mismo que años atrás habí­a sido condenado a 16 años de prisión por la muerte de Guillem Agulló y que tras poco más de seis años entre rejas fue puesto en libertad. Ni la pena de prisión ni la detención posterior le hicieron cambiar, ya que decidió presentarse en la localidad de Chiva como candidato de Alianza Nacional en las elecciones locales de 2007. “Asesinar a un chaval aquí­ sale barato. En menos de seis años estás fuera. No podemos esperar nada de las instituciones, y al final hemos tenido que organizarnos para hacer lo que deberí­a estar haciendo la fiscalí­a”, explica Toni Gisbert. David, portavoz de la familia de Guillem –más desolada estos dí­as si cabe por el aniversario del crimen–, dice a interviú: “No contemplar la motivación polí­tica del asesinato fue una burla. Cuando luego ves que Cuevas es otra vez detenido en una operación contra una banda nazi con armas y que más tarde se presenta en una lista ultra, nos estaba restregando por la cara lo barato que le salió matar a Guillem. Para él y sus amigos fue una medalla, y la justicia permite que se lo crea”. Cuando parecí­a que la operación Panzer no avanzaba, la personación de la Acción Popular contra la Impunidad podrí­a reactivar una causa donde hay 27 imputados bajo la acusación de asociación ilí­cita, tráfico y tenencia de armas, robo y delito contra la salud pública. “Si la Justicia no funciona, muchos pueden pensar que la única respuesta es también la cultura de la violencia. La unión de todos para denunciar cada agresión es la única salida”, comenta David. Angel Galán, delegado del Movimiento contra la Intolerancia, tiene claro cuál es el comienzo de la solución: una Fiscalí­a especial para delitos de odio, racista, xenófobo, homófobo, religioso, sexual…: “Esa falta de respuesta penal hace que los cachorros del odio se animen y eso se ha notado en el último año. El problema es que aquí­ las autoridades no se terminan de creer que tienen un problema. Las agresiones se quedan en lesiones, en riñas, que conllevan multas y que hacen que el agresor siga libre y animado”.
Este colectivo tiene su sede en Ruzafa, céntrico barrio de Valencia donde conviven extranjeros y españoles hace años, y además sitio elegido por el partido España 2000 para montar manifestaciones xenófobas y provocar más de un altercado. Cada concentración lleva hasta allí­ a jóvenes antifascistas mientras que los convocantes de extrema derecha se arropan con un cortejo de seguridad formado por profesionales del vale tudo (una especie de boxeo sin reglas) y porteros de locales. Un vecino recuerda la polémica suscitada cuando se conoció que en diciembre de 2005, el ex comisario de la Policí­a en Ruzafa, José Rey, habí­a acudido a la cena navideña organizada por España 2000. Allí­ acompañó en la mesa presidencial a José Luis Roberto, presidente de España 2000. Esta formación logró en 2007 dos concejales en la comunidad, uno en Onda (Castellón) y otro en Silla (Valencia). A principios de febrero un nuevo suceso, esta vez en Castellón, confirmaba la tesis de que grupúsculos neonazis se han lanzado a la caza violenta. De madrugada y junto a un parque de la ciudad, Pepe, de 26 años, volví­a a su casa “un poco borracho después de estar de fiesta”. De repente llegaron por detrás dos o tres chavales, le cogieron de los brazos y le empezaron a pinchar con una navaja en la cara: “Me gritaban «rojo de mierda» mientras me marcaban con un cuchillo la cara”. Al llegar a casa vio que la huella que quisieron dejarle en una mejilla se parece a una esvástica.