Agressions neonazis a Budapest durant la celebració del Festival Gai
Els neonazis hongaresos han tornat a esquitxar la celebració d'un festival pels drets LGTB a Budapest (Hongria). Un dels militants gais va haver de ser hospitalitzat per l'agressió patida a les portes del Budapest Film and Cultural Festival, perpetrada per un grup de neonazis que tractà d'impedir l'estrena del festival. L'acte va haver de ser aturat per l'agressió, i la policia, en comptes de detindre els neonazis, demanà la documentació a la víctima, deixant escapar els agressors. Curiosament, un membre del partit neofeixista hongarès Jobbik fou enxampat l'any passat participant a la celebració de l'Orgull Gai a Toronto (Canadà), un fet que causà certa polèmica i que demostra la hipocresia habitual dels ultres.
La apertura del Festival Gay de Budapest 2010 fue detenida cuando dos adolescentes neonazis golpearon a un participante del evento quien tuvo que ser llevado al hospital.
Los organizadores del festival hicieron hoy un llamado a la policía y a los ciudadanos comunes para que apoyen los derechos de la comunidad LGBT húngara.
Ayer, cerca de las 19:00 horas, cuando comenzaba la edición número 15 del Budapest Film and Cultural Festival, una docena de neonazis se plantó afuera del Művész Cinema, inmueble que alojó la festividad. El grupo de homófobos vociferaba insultos a la concurrencia y trataba de romper una bandera arco íris que ondeaba sobre el lugar, pero fue detenido por la policía.
Pero a un lado del cine, un par de adolescentes neonazis aprovechó el momento para golpear a uno de los militantes gay.
Los oficiales de la policía llegaron al lugar de los hechos y en vez de detener a la pareja de golpeadores, se dirigieron al hombre herido para pedirle su identificación, por lo que muchos de los organizadores de la fiesta LGBT se quejaron ante las autoridades debido a la mala actuación de la policía.
La doble moral dels ultres proporciona sovint notes d'humor com aquesta. El jove portaveu del principal partit d'extrema dreta hongarès fou filmat i fotografiat a la Gay Pride de Toronto (Canadà), en 2008. András Király posa somrient, envoltat de Drag queens, fumant-se un porro, lligant amb un espectacular negre musculat, o al costat d'un participant en calçotets i amb arnesos de cuir. La publicació d' aquestes fotos fa unes setmanes en un tabloide hongarès ha tingut l' efecte d'una bomba en el interior de Jobbik, el “Moviment Per una Millor Hongria”. Aquest partit fonamentalista catòlic és conegut per la seua retòrica contra els gitanos i els homosexuals principalment, i va atacar la Gay Parade de Budapest l'any 2008. Les enquestes vaticinen bons resultats per la formació ultra a les eleccions de hui. Desvetllem alguns detalls sobre els nazi-feixistes hongaresos.
POLITICO ULTRA RETRATADO EN LA GAY PRIDE DE TORONTO
El joven portavoz del principal partido de extrema derecha hungaro fue filmado y fotografiado en el transcurso de la Gay Pride de Ttoronto, en 2008. Esto ha provocado un crisis interna en el seno de la formación, particularmente homofoba.
András Király posa sonriente, rodeado de Drag queens, fumandose un porro, ligando con un explendido negro musculado, o al lado de un participante en slips y con arneses de cuero. La publicación de estas fotos, la semana pasada en un tabloide hungaro, ha tenido el efecto de una bomba en el interior de Jobbik, el “Movimiento Para una Mejor Hungría”. Este partido catolico-fundamentalista es reconocido por su retórica violenta contra los Rroma, los extranjeros y especialmente contra los homosexuales. Esta formación no se dedica unicamente a los debates políticos: también dispone de una milicia, “La Guardia Húngara”, recientemente prohibida. Sus miembros atacaron la Gay Pride de Budapest en 2008, derivando esto en violentos enfrentamientos. Ese mismo año justamente Király seguía las carrozas del orgullo por las calles de la metrópolis canadiense.
El escandalo estalla mientras Jobbik se haya en lista para las elecciones parlamentarias del 11 de abril donde se espera pueda llegar a obtener hasta el 18% de los votos, según las encuestas.
El joven político de barba roja a dimitido inmediatamente de sus funciones, reconociendo a través de un comunicado sus “antiguas acciones irresponsables”. De cualquier manera ha desmentido ser gay. El viaje a Canada fue, afirma él, una forma de “busqueda”
Hungría se enfrenta al ascenso de la extrema derecha a segunda fuerza
Los sondeos prevén que los ultras superen mañana en votos a los socialistas
GLORIA TORRIJOS - Viena - 10/04/2010
La derecha radical, xenófoba y ultranacionalista que representa el partido Jobbik -significa "los mejores"- puede convertirse en las elecciones parlamentarias en Hungría del 11 y 25 de abril en la segunda fuerza política, desplazando a los socialistas del gobernante MSZP, del que se prevé que sufra un duro revés y caiga del primer al tercer puesto. Aunque esta fuerza desempeña un papel decisivo en las elecciones y para muchos es una amenaza para la democracia, las encuestas anticipan un triunfo seguro del principal partido de la oposición, Fidesz (centro-derecha), que roza la mayoría absoluta.
La estricta política presupuestaria aplicada por los socialistas a cambio del préstamo de 20.000 millones de euros otorgado por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la UE para salvar a Hungría de la bancarrota, es impopular entre su población, que ha visto mayores impuestos, menores ayudas estatales, recortes en las jubilaciones y la cancelación de la 13ª paga anual.
Las razones que alimentan el auge del joven Jobbik (Movimiento para una Hungría Mejor), que aunque creado en 2003 participó por primera vez en solitario en los comicios al Parlamento Europeo de 2009 en los que obtuvo el 15% de los sufragios (tres escaños), son el descontento, la falta de esperanzas, las tensiones sociales y las agresiones por la grave crisis económica del país centroeuropeo, la mayor de su historia democrática.
El pronóstico, según los sondeos, de que Jobbik consiga un 18% de los votos, se basa en la falta de confianza en los socialistas (las encuestas les dan entre un 13% y un 15% de los votos), por obligar a ajustar el cinturón y el desgaste de ocho años en el poder.
Pero también en que Jobbik ha azuzado el odio "contra los chivos expiatorios tradicionales en esta región europea", los gitanos, judíos y homosexuales, a lo que suma "teorías de conspiraciones mundiales", analiza Anton Pelinka, catedrático de Ciencias Políticas y Estudios del Nacionalismo en la Universidad Centroeuropea en Budapest.
Esta táctica encuentra un campo abonado entre los populistas de derecha en los países de la región, en contraposición al miedo a la inmigración, que domina los discursos de la derecha populista en Europa occidental, afirma Pelinka.
Los bancos y multinacionales son, para el partido Jobbik, otros culpables, de los que exige que "paguen impuestos" y de los segundos "que paguen más", y así "Hungría volverá a ser de los húngaros". La intensa campaña electoral de Jobbik, más que la de ningún otro partido y de la que apenas se hacen eco los grandes medios de prensa húngaros, contribuye a su gran apoyo.
Casi diariamente Jobbik, encabezado por jóvenes políticos radicales con conocimientos mediáticos, celebra una docena de actos electorales en las zonas deprimidas del este de Hungría y en los que participan su líder, Gabor Vona, y el párroco Lóránt Hegedus, conocido por sus lemas antisemitas.
La falta de cobertura periodística la compensa también Jobbik, considerado neofascista por su parecido con el movimiento de la Cruz Gamada (aliada del III Reich), con el contacto personal de sus activistas que van de puerta en puerta. Parece que esta estrategia da frutos entre una parte del electorado.
Con la creación de la Guardia Húngara, una organización paramilitar ilegal cercana a Jobbik, se extiende el sentimiento de miedo contra "los enemigos de la patria". Este grupo marcha marcando el paso, con banderas y saludos paramilitares por los asentamientos gitanos.
Antisistema, nacionalistas y desconfiados
Los partidos radicales avanzan en el Este de Europa impulsados por la crisis
CRISTINA GALINDO - Madrid - 10/04/2010
Si hay algún lugar en el que la extrema derecha está en alza, es en Europa del Este. Entre el 10% y el 25% de los ciudadanos de Bulgaria, Hungría, Rumania y Letonia aceptan las ideas de los partidos ultras, basadas en la xenofobia, el nacionalismo, la lucha contra el sistema, los prejuicios y el proteccionismo económico, según un estudio reciente de Political Capital, un think-tank con sede en Budapest.
"Mientras en Europa occidental el discurso de la extrema derecha está centrado en la inmigración", afirman los autores del estudio, "en el Este, está vinculado a las actitudes antisistema, la desconfianza y una escasa moral pública".
El caso más llamativo es el de Hungría, uno de los nuevos socios de la UE que ha sido más duramente golpeado por la crisis económica. El número de húngaros que tienden a aceptar las ideas más ultras, y por ello son potenciales extremistas, se ha duplicado entre 2003 y 2009, del 10% al 21%. Mientras tanto, la proporción de húngaros que están furiosos con la clase política y económica casi se ha multiplicado por cuatro entre los años 2003 y 2009 y ha pasado del 12% al 46%.
La crisis económica ha impulsado este fenómeno, pero no es la única razón. El avance de la extrema derecha se basa también en una moral pública por los suelos, 20 años después de la caída del comunismo, y el descontento con la clase política. Uno de los países de la UE en los que este hecho es más evidente es Bulgaria, que también sale mal parado en el estudio. Un 24,6% de los búlgaros ve con simpatía las ideas de la extrema derecha. Tras Bulgaria y Hungría, los países con más problemas son Rumania y Letonia (14,1% y un 11,6%, respectivamente). En cambio, otros mejoran sustancialmente, como Polonia, que en 2003 estaba a la altura de Hungría en porcentaje de potenciales extremistas y ahora se sitúa en el 6,5%.
Otra de las razones del avance de la extrema derecha, según los autores del estudio -elaborado con datos de 32 países-, es que en el Este europeo no existe tanta presión como en Europa occidental para ser políticamente correctos, por lo que un búlgaro suelen decir más abiertamente lo que realmente piensa que un danés. Eso se refleja en los sondeos electorales y, en muchos casos, en las urnas.
Llegar hasta la remota colina de la localidad magiar de Kerepes, donde uno de los pocos grupos paramilitares de Europa está a punto de reunirse, no resulta fácil. La Guardia Húngara fue ilegalizada a principios del pasado mes de julio y desde entonces las autoridades y la policía les marcan de cerca.
Se acabó la impunidad de pasearse por los llamados "guetos gitanos" para amenazar e intimidar a los roma , su auténtica bestia negra: "desde que los jueces y los políticos se empeñaron en aplastarnos no lo tenemos fácil", cuenta Pal lamentándose. Es el traductor que la Guardia Húngara ha designado para que acompañe en la jornada de hoy a los periodistas españoles, una presencia que resulta exótica para unos militantes que normalmente se muestran esquivos y agresivos con la prensa.
La ultraderecha toma posiciones en Centro Europa y Hungría es una de sus plataformas privilegiadas. En este país, golpeado por la crisis económica y política, los radicales de derechas han encontrado su campo de acción.
La Guardia Húngara es el brazo paramilitar de un partido político de ultraderecha, Jobbik, que obtuvo el 15% de los votos en las últimas elecciones al Parlamento Europeo. Sus tres eurodiputados se presentaron en el Parlamento con el uniforme de la Guardia, unas ropas que se parecen demasiado a los uniformes de los nazis húngaros durante la Segunda Guerra Mundial.
Los ataques racistas han aumentado escandalosamente en Hungría en los últimos dos años, curiosamente desde que la Guardia Húngara se fundó. El mensaje de los radicales es luchar contra el "crimen gitano" y este discurso racista ha sido precisamente el que les ha llevado a la ilegalización.
La comunidad gitana de Hungría es objetivo de la ultraderecha más radical del país. Siete muertos en los últimos meses y decenas de ataques con explosivos contra los llamados “guetos” roma, es el saldo de este acoso y derribo contra la principal minoría de la Unión Europea. En la mayoría de las aldeas, los gitanos han organizado turnos de vigilancia para repeler los ataques, patrullas de día y noche para evitar nuevas muertes.
El señor Borsi llega a la esquina que anuncia la entrada en el gueto de Tiszalok a eso de las diez de la noche. A esa hora ya hay algunos chicos esperando para empezar la ronda, los que entran temprano a trabajar hacen el primer turno de vigilancia; los que están en paro harán el segundo a partir de las tres de la mañana y hasta el alba. Nadie duerme tranquilo en esta localidad, habitada por gitanos, todos están convencidos de que la Guardia Húngara está detrás de los asesinatos: “todo ha cambiado desde que surgió ese grupo racista. Nos odian por se gitanos y no lo entiendo, yo no les odio a ellos por ser húngaros” lo explica Attila, uno de los jóvenes del pueblo que quiere proteger a su familia. Pasan la noche en vela vigilando con linternas y, según ellos, sin armas, aunque todos los vecinos aseguran que si vuelven los ultraderechistas al gueto esta vez no saldrán vivos. En abril mataron a Jeno Koka, uno de los vecinos más queridos del pueblo, se iba a trabajar y nada más poner un pie en el escalón de salida de su casa le dispararon.
La ultraderecha gana campo político y social en Hungría y la comunidad Romaní la pierde. En otra localidad al sur de Budapest, Tatarszentgyörgy, mataron a un padre y a su hijo de 4 años. Utilizaron un modus operandi ya habitual en estos ataques racistas: “Tiraron un cóctel molotov contra la casa donde dormía mi hijo y su familia”, explica la madre, “el fuego les hizo salir y cuando los dos estaban fuera les dispararon”. La familia concilia el dolor con el pánico porque temen que los asesinos vuelvan.
En agosto la policía húngara detuvo a cuatro personas implicadas en los ataques, tenían un arsenal de armas y todos eran neonazis. El jefe del Centro Nacional de Investigación Húngara, Attila Petöfi, asegura que se ha cogido a los autores pero están convencidos de que hay más gente: “estamos investigando la organización del grupo”. Los investigadores no se atreven a señalar directamente a la Guardia Húngara, les faltan pruebas, pero todos coinciden en que el discurso de odio hacia los gitanos, implementado por el grupo paramilitar ahora ilegalizado, facilita la acción de los violentos.