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30 anys de l'atemptat feixista a Bolonya que matà 85 persones: OPERACIÓ GLADIO

El 2 d'agost de 1980, l'extrema dreta italiana va perpetrar un dels atemptats més sanguinaris de la història d'Europa: una maleta explotava a la sala d'espera de l'estació de Bolonya assassinant 85 persones i ferint-ne 200. No fou fins 1995 que es va condemnar dos neofeixistes italians, Valerio Fioravanti i Francesca Mambro, malgrat que els mateixos ultres declararen haver servit a una estructura oculta interna del mateix estat vinculada a la OTAN. És el que es coneix com OPERACIÓ GLADIO, una xarxa de grups terroristes d'extrema dreta organitzats i finançats per l'OTAN amb la intenció d'acabar amb l'esquerra social i política i de desestabilitzar els governs d'esquerres d'Europa. Un fosc episodi que ara rescatem i sobre el qual aportem interessant documentació, com aquesta sèrie de documentals de la BBC on els mateixos integrants de la xarxa expliquen en què consistia. 30 anys després del brutal atemptat, cap dels condemnats roman a la presó, i les víctimes continuen exigint que el Govern desclassifique els arxius secrets. Tot i que la trama Gladio fou descoberta a principis dels '90, creant un gran rebombori a Europa, mai s'ha conegut la magnitud de l'assumpte i, per descomptat, mai ningú ha pagat pels fets. Cal recordar la connivència dels estats europeus amb l'extrema dreta terrorista, com el GAL a l'Estat espanyol i el terrorisme ultradretà de la transició, que ajuden a entendre moltes coses del present, ja que la majoria dels protagonistes continuen vius, impunes i actius.

El Gobierno italiano olvida la matanza de Bolonia (El País)
76 personas encontraron la muerte en la estación de Bolonia (El País, 3 d'agost de 1980)
Operación Gladio (Miniserie de 3 Documentals de la BBC)
El ejército secreto de la OTAN (Documental Canal Historia)
La OTAN, la operación Gladio, y la estrategia de la tensión
Las sombras de la Operación Gladio (El País, 2/11/1990)
La Gladio española (Notícias de Navarra)
Resolució del Parlament Europeu sobre Gladio (en anglès)

 

Matanza de Bolonia

La matanza de Bolonia (en italiano, strage di Bologna) tuvo lugar el sábado 2 de agosto de 1980. Se trata de uno de los actos terroristas más graves que haya sufrido Italia tras la Segunda Guerra Mundial, en el que murieron 85 personas y más de 200 resultaron heridas. La organización terrorista Ordine Nuovo fue acusada de ello, y dos agentes del servicio secreto italiano (SISMI) y el presidente de la Logia Masónica P2, Licio Gelli, fueron imputados por dificultar la investigación.

A las 10:25 explotó en la sala de espera de la estación de trenes de esta ciudad un artefacto colocado en una maleta abandonada. La detonación (producida por una mezcla de TNT y T4) se oyó en un radio de muchos kilómetros y destruyó gran parte de la estación embistiendo de lleno contra el tren Ancona-Chiasso estacionado en el primer andén.

Aquel día la estación estaba llena de turistas y de personas que iniciaban sus vacaciones o volvían de ellas. La ciudad – incrédula y no preparada para este tipo de sucesos – reaccionó con orgullo y rapidez: al no ser suficientes las ambulancias para transportar a los heridos a los hospitales de la ciudad, se emplearon también autobuses y taxis.

La investigación

Inmediatamente después del atentado, el Gobierno presidido por Francesco Cossiga y las fuerzas de policía atribuyeron la explosión a causas fortuitas y, más tarde, la atribuyeron a las Brigadas Rojas.

Se evidenció que estas causas eran falsas y que sólo buscaban entorpecer las investigaciones. En años sucesivos, causó numerosas polémicas y aparecieron teorías conspiratorias relacionadas con la llamada estrategia de la tensión.

Lentamente y, gracias al impulso civil de la Asociación de familiares de víctimas de la matanza de la estación de Bolonia se llegó a una sentencia definitiva de casación el 23 de noviembre de 1995. Fueron condenados a cadena perpetua, como ejecutores del atentado, los terroristas neofascistas Valerio Fioravanti y Francesca Mambro, quienes siempre se han declarado inocentes. Otras muchas personas fueron condenadas a diversos años de cárcel debido a las pistas falsas que proporcionaron.

Los organizadores de la masacre nunca se han descubierto. Testificando más tarde en los juicios, el neofascista Vincenzo Vinciguerra (quien cumple cadena perpetua por el atentado de Peteano de 1972) declaró que una "estructura oculta", "dentro del Estado mismo" y vinculada con la OTAN, estaba dando una "dirección estratégica" a todos esos atentados. Esta organización se dio a conocer bajo el nombre de Gladio.

El 2 de agosto está considerada como la jornada en memoria de todas las matanzas, y la ciudad de Bolonia junto con la Associazione tra i familiari delle vittime della strage alla stazione di Bologna del 2 de agosto de 1980 (“Asociación de familiares de las víctimas de la matanza en la estación de Bolonia del 2 de agosto de 1980”) organizan cada año un concurso internacional de composición musical y un concierto en la Piazza Maggiore (“Plaza Mayor").

Para recordar la matanza, la reconstrucción de la estación previó el mantenimiento del agujero en el muro causado por la explosión en la sala de espera: de hecho, la abertura hoy día sigue estando presente y visible, así como parte del suelo original. Además, el sector reconstruido presenta el enlucido externo liso y no “almohadillado” como en el resto del edificio, para que sea inmediatamente reconocible y más visible. Aparte, se ha mantenido intacto uno de los relojes que dan a la plaza situada frente a la estación, que se paró a las 10:25, hora del atentado, y que sigue marcando dicha hora.

Cine y literatura

La matanza de Bolonia forma parte del imaginario colectivo italiano y como tal ha sido evocada en numerosas obras cinematográficas y literarias. El cortometraje de Massimo Martelli Per non dimenticare (“Para no olvidar”, 1992) muestra la vida de diversas personas (interpretadas por actores famosos como Giuseppe Cederna, Massimo Dapporto, Giuliana De Sio, etc.) en la hora inmediatamente anterior a la matanza. El documental Il trentasette de Roberto Greco (“El treinta y siete”, 2005) contiene los testimonios de diversas personas que tomaron parte en las tareas de socorro. También ha sido recordada en la novela de Giancarlo De Cataldo Romanzo criminale (“Novela criminal”), así como en la homónima película de Michele Placido (2005). El trágico evento también fue recordado en la película Da zero a dieci (“De cero a diez”), en la cual Libero, uno de los cuatro protagonistas, revela que un amigo suyo perdió la vida al estar presente en la estación de Bolonia en el momento de la explosión.

Notícia d'El País:

El Gobierno italiano olvida la matanza de Bolonia

Ningún representante del Ejecutivo participa en la conmemoración del 30 aniversario del peor atentado terrorista de la historia de la República.

LUCIA MAGI - Palermo - 02/08/2010

A las 10 y 25 minutos de la mañana, cada 2 de agosto, desde hace treinta años, Bolonia enmudece. El reloj de la estación de trenes, donde en 1980 una bomba mató a 85 personas e hirió a más de 200, no ha vuelto a funcionar desde entonces. Centenares de personas, año tras año, acuden a la conmemoración del atentado. Emocionadas, compuestas, en respetuoso silencio mientras habla el presidente de la asociación de los familiares de las víctimas, Paolo Bolognesi. "Bolonia no olvida", gritan él y el cartel que abre la marcha que desde el ayuntamiento lleva hasta la estación.

El guión este año fue algo distinto y dejó un amargo sabor de boca a familiares y ciudadanos. Durante la celebración un representante del Gobierno suele pronunciar un discurso y la gente suele cubrir sus palabras con gritos, exasperada porque -a pesar de promesas y declaraciones- ninguno de los Ejecutivos que se han sucedido desde 1980 ha levantado el secreto de Estado para que se pueda finalmente hacer luz sobre los autores intelectuales de la matanza. Se sabe que se trató de terrorismo de extrema derecha, pero nadie ha pagado por ello (sólo tres neo-fascistas fueron condenados por haber puesto la bomba y ya no están en la cárcel).

Hoy no ha habido silbidos ni abucheos. No han sido necesarios porque el Gobierno no estaba. Ha dejado sola la ciudad, con sus preguntas y sus heridas. Ningún ministro, ni un secretario de Estado ni un vice, ha acudido al aniversario del atentado más grave de la historia de la República.

"Nos silbáis y entonces no vamos a ir", ha declinado la invitación el titular de Defensa Ignazio La Russa. "Seguimos pidiendo verdad y justicia. No estamos dispuestos a callarnos como le gustaría a los que quieren tener súbditos y no ciudadanos", ha contestado Bolognesi. "Hay que trabajar para colmar lagunas y ambigüedades sobre las tramas y las complicidades soterradas de aquel terrible episodio", ha escrito el presidente de la República, Giorgio Napolitano, en un mensaje leído desde el escenario. Un aplauso largo y fragoroso ha sido la respuesta de la plaza.

Las sombras de la Operación Gladio

Italia, sacudida por el descubrimiento de una 'estructura secreta' vinculada a la OTAN y la CIA

JUAN ARIAS - Roma - 02/11/1990

El nuevo escándalo político que sacude a Italia en este momento se llama Operación Gladio: una "estructura secreta" compuesta por militares y civiles que -vinculada a la OTAN y patrocinada por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) estadounidense- actúa en Italia desde finales de los años cincuenta. La existencia de esta estructura secreta había sido negada sistematicamente durante 45 años por el mundo político italiano, al mismo tiempo que era desconocída por el Parlamento.Bettino Craxi, secretario na cional del Partido Socialista Italiano (PSI) y Giovanni Spadolini, republicano, que preside del Senado, declararon ayer que ellos no supieron ni una palabra de la Operación Gladio durante su paso por la jefatura del Gobierno.

La existencia de esta red, paralela a los servicios secretos oficiales, fue descubierta hace unos meses por el juez veneciano Felice Casson cuando realizaba una investigación sobre un caso de terrorismo. Fue entonces cuando el presidente del Gobierno, Giulio Andreotti, decidió revelarla al Parlamento.

Se sabe aún muy poco de lo que pueda estar detrás de la Operación Gladio y de su protagonismo en unos años marcados por la estrategia de la tensión, los misterios políticos nunca revelados y el terrorismo de cuño negro o rojo que ensangrentó Italia.

El secretario general comunista, Achille Occhetto, ha convocado para el próximo día 17 una manifestación en Roma, a la que ha invitado a "todos los ciudadanos honrados", para que "quienes encubren las tramas, sean finalmente descubiertos".
"Una casa de cristal"

El líder comunista trató, sin conseguirlo, que se creara una comisión parlamentaria para investigar este nuevo escándalo. El republicano Giovanni Spadolini, por su parte, cree que ha llegado la hora de que Italia se convierta "en una casa de cristal" y que se acabe con todos los misterios.Ahora se ha empezado a hablar de dicha superestructura, al parecer formada por 500 personas que recibían un sueldo regular. Han salido a la luz algunos nombres de quienes tomaron parte activa en ella y que corresponden a personajes ya involucrados en tramas golpistas, desde Edgard Sogno a Vito Micelli.

Lo que ocurre es que ni siquiera ellos se ponen de acuerdo sobre la verdadera estructura y finalidad de la citada institución secreta. Según Sogno, se trataba de la organización de una fuerza guerrillera que actuaría en el caso de que el Partido Comunista Italiano (PCI) pudiera llegar al poder. Una guerrilla que tenía como finalidad crear el caos en el país para justificar una "intervención militar".

Para el general Micelli, en cambio, la Operación Gladio era únicamente y estaba, concebida como defensa "contra una posible invasión extranjera". Se sospecha, sin embargo, que dicha organización haya podido entrar en contacto con los servicios secretos desviados y con la logia clandestina Propaganda-2 (P-2), tantas veces acusados de haber organizado los atentados que ens angrentaron Italia y que estaban encaminados a impedir la llegada de la izquierda al poder. Y ello explica por qué los jueces no acaban nunca de llegar hasta los responsables.

Y es curioso que haya sido el descubrimiento de los nuevos documentos de Moro -el líder democristiano que fue asesinado precisamente para evitar el compromiso histórico, el acuerdo entre comunistas y católicos- el que revele la existencia de unos gladiadores preparados para impedir que el PCI llegara al poder. Y que salgan a la luz en el momento en que aquel. partido comunista está a punto de apostar por un cambio definitivo.

La OTAN, la operación Gladio, y la estrategia de la tensión

En agosto de 1990 Giulio Andreotti, el Primer Ministro italiano, confirmó que durante el periodo de la Guerra Fría había existido en Italia un ejército secreto, bajo el nombre clave de Gladio. Sus revelaciones condujeron a un escándalo, no sólo por admitir algo que se había sido desmentido por tanto tiempo (por incluso el mismo Andreotti cuando respondía a una investigación judicial en 1974 en calidad de Ministro de Defensa de Italia), sino porque agregó además que se había organizado una red de ejércitos “de reserva” secretos a lo largo de los países adherentes a la Organización del Tratado del Atlántico Norte. En resumen, éste era un tema que involucraba a países más países que Italia.

A medida que los detalles se fueron publicando, la historia se fue tornando cada vez más increíble. En pos de la Segunda Guerra Mundial, al comienzo de la Guerra Fría, agencias de inteligencia dirigidas principalmente por EE.UU. y el Reino Unido establecieron una red de agentes y depósitos secretos de armas a través de Europa, una red que permanecería secreta pero activa durante la duración de la Guerra Fría: una red militar no regularizada y en gran medida armada.

El escándalo subsiguiente que estalló por toda Europa se vio limitado por el comienzo de la primera Guerra del Golfo (Saddam Hussein invadió Kuwait en agosto de 1990). Quince años después de la confirmación de Andreotti la Gladio, así como además la red de ejércitos de reserva de la OTAN, siguen siendo en gran parte el tema de una gran cantidad de preguntas que han quedado sin responder. ¿Por qué, se preguntará el lector, tendría uno que interesarse por una estructura secreta de la Guerra Fría? En parte porque han quedado tantas preguntas sin responder, y la existencia de la red es un hecho. A esta altura ha sido ya confirmada por numerosos jefes de estado, por tres investigaciones parlamentarias (de Italia, Bélgica y Suiza), y en especial por una extraña* denegación y subsiguiente confirmación de existencia por parte de la misma OTAN en 1990. Aún así, aparte de aquellos involucrados en la red, muy pocas personas saben con certeza cómo funcionaba la misma, o cómo definía su propio rol. Existen suficientes evidencia y testimonios personales que sugieren, en el mejor de los casos, vínculos informales con grupos terroristas de extrema derecha, activos en las décadas de los setenta y ochenta, y en el peor de los casos que la red misma fue responsable de la implementación de la famosa "estrategia de la tensión"; que el uso premeditado de terrorismo para infundir temor entre el padrón electoral de un país determinado para así lograr un desplazamiento hacia la derecha, hacia un estilo gubernamental de "ley y orden". Las preguntas han quedado sin responder porque, aún en el caso de las investigaciones parlamentarias, cuando uno investiga sobre el tema se topa tarde o temprano con reglamentaciones oficiales de secreto. Haciendo hincapié sobre la naturaleza limitada del tema, un diplomático de la OTAN comentó que “No esperaría que se respondan muchas preguntas, aunque la Guerra Fría haya terminado. En el caso de que hayan habido vínculos a organizaciones terroristas, se habrá enterrado ese tipo de información bien profundamente” [Reuters 15 de noviembre de 1990].

Entre aquellos que buscan respuestas está el Dr. Daniele Ganser, un historiador suizo e investigador senior del Centro de Estudios para la Seguridad de la Escuela Politécnica Federal de Zurich (ETH), y autor de NATO's Secret Armies - Operation Gladio and Terrorism in Western Europe [Publicado en inglés por Frank Cass].

Una de las cosas que Ganser señala rápidamente, cuando se refiere a los orígenes de la red, es que uno necesita tomar en cuenta la atmósfera de posguerra para comprender los motivos detrás de la red. “Hay que destacar que algunos de éstos eran hombres muy decentes” comenta sobre los agentes de inteligencia quienes desde 1945 en adelante acordaron que (a) la Unión Soviética era el nuevo enemigo, y (b) había que aprender de las lecciones dejadas por la destrucción nazi. “La organización de operaciones clandestinas en territorio enemigo es sumamente problemática”, continúa Ganser, “se estaban preparando para el peor de los casos, por lo que decidieron armar los ejércitos secretos”. Investigaciones llevadas a cabo en Bélgica durante la década de los noventa descubrieron valiosos detalles sobre la estructura de la red. En el caso de Bélgica, como así muchos otros países de la OTAN, el primer paso fue dado con la fundación de un comité tripartito entre el país anfitrión, el Reino Unido y EEUU. Más tarde, en 1948 se creó un organismo general para coordinar los varios países de Europa Occidental, conocido como Comité Clandestino de la Unión Occidental [Western Union Clandestine Committee]. El WUCC fue, en 1951, subsumido en la OTAN, y pasó a llamarse Comité de Planeamiento Clandestino [Clandestine Planning Committee]. Se fundó además un segundo organismo: el Comité Clandestino Aliado [Allied Clandestine Committee]. Luego que Francia abandonara la OTAN, los cuarteles generales de estos comités fueron trasladados a Bruselas. “En todos los casos estas redes se levantaron en forma clandestina”, comenta Ganser, “y en algunos casos se reclutó gente de extrema derecha, porque se quería tener la certeza de que se comprometerían ideológicamente contra el comunismo. En Alemania, por ejemplo, se reclutaron algunos miembros de la red nazi”.

Los ejércitos secretos funcionaban como parte de la Guerra Fría, pero la presencia de los antiguos nazis, los fascistas y los adherentes a la extrema derecha hizo que saltara la problemática pregunta de qué enemigo tenían en mente estos soldados secretos: era una invasión soviética, o era la expansión de un comunismo doméstico y apoyado por la democracia. “No es un fenómeno que se pueda definir como blanco o negro”, asiente Ganser. “Cuando fueron descubiertos por vez primera, la prensa preguntó si eran “una red de seguridad o una fuente del terror”, y es ahí donde está el problema. Una red de seguridad es algo positivo, algo que todo el mundo desea. Es algo inteligente, y todos los que estén involucrados en la misma recibirían elogios por organizarla. Una fuente de terrorismo es obviamente algo muy negativo, que nadie quiere. Lo que se necesita es la misma herramienta: un par de hombres entrenados, armamentos y explosivos escondidos y una red internacional, que puede ser utilizada ya sea como red de seguridad en el caso de una invasión soviética, lo que haría quedar todo esto como gran previsión, o a falta de una invasión, algo que se pueda utilizar para las operaciones a escala doméstica. Los países que llegaron a efectuar investigaciones parlamentarias llegaron al punto de descubrir enlaces criminales en varios casos, pero no lograron llegar al fondo del tema a causa de leyes oficiales de secrecía, por lo que en general debemos referirnos a Gladio como algo que todavía no se ha abordado en términos de justicia y procesos criminales. Es demasiado grande…”.

Ganser es uno de los primeros académicos que encaran el tema a nivel europeo. Mientras que la información sobre el obrar de la red se ha visto envuelta en secreto oficial, los investigadores han, desgraciadamente, tendido a examinar el fenómeno a escala nacional, en vez de intentar comprenderlo a nivel más amplio. “Lo que se notaba a nivel académico internacional era lo siguiente,” afirma Ganser, nacido en la parte de habla italiana de Suiza, “en la London School of Economics en Londres, me di cuenta que había gente que consideraba eventos en Italia como parte de un desorden más generalizado, que es un país tan corrupto de todas formas, con la Mafia, la Iglesia Católica, la Propaganda Due, los Masones, y quién sabe qué más. En un lugar donde se puede dar cualquier tipo de crimen, Gladio era tan sólo un escándalo más. Andreotti, a pesar de esto, había dejado en claro que el tema tenía mucho más alcance. Si se fija en Alemania, el concepto era completamente otro: estos son los que te venden productos confiables, sea un Mercedes o un taladro Bosch, y sin embargo también ellos tenían un ejército secreto con posibles vínculos a organizaciones terroristas”.

Muchos de nosotros, a pesar de estar orgullosos de ser europeos, sufrimos de un parroquialismo que tiende a hacernos destacar los eventos dramáticos en nuestros propios países primero. En Italia, por ejemplo, los atentados de Boloña en Italia siguen frescos en la memoria. Un feroz ataque terrorista que cobró 85 víctimas. Investigaciones realizadas sobre el atentado se vieron obstaculizadas consistentemente por el servicio secreto italiano: "tan sólo uno de los muchos actos de terrorismo en Italia con inquietantes vínculos a la inteligencia militar". Pocos italianos, sin embargo, recuerdan que ese mismo año, 1980, una bomba explotó en la Oktoberfest de Munich, matando a 13 personas. En un comienzo se pensó que Gundholf Köhler, quien falleció en el atentado, tenía que ver con esto, porque activaba en la extrema derecha y miembro de Wehrsportgruppe Hoffmann. Los expertos, sin embargo, sugirieron que la bomba era demasiado compleja como para haber sido fabricada por una persona de 21 años de edad. En 1981, un año más tarde, la policía descubrió un enorme escondite de armas cerca del pueblo de Uelzen. La explicación oficial fue que terroristas de la extrema derecha habían ocultado las armas, las cuales estaban controladas por un tal Heinz Lembke, pero la cantidad y el tipo de armamento que se encontró puso signos de interrogación sobre esta explicación tan oportuna. Las armas automáticas, los equipos de combate químicos, 50 cañones anti tanque, 156 kg de explosivos, 230 dispositivos explosivos y 258 granadas de mano [NATO's Secret Armies, pág. 206]. Periodistas de investigación relacionaron a Lembke con el ejército de reserva alemán BND. Las investigaciones oficiales desmintieron vínculo alguno entre Lembke y la masacre de Munich. A Heinz Lembke se lo encontró muerto, ahorcado con una soga mientras se encontraba bajo custodia policial en 1981.

El terrorismo violento de la extrema derecha no tomó sólo lugar en la primera línea de la Guerra Fría, ofrecida de hecho por Italia y Alemania. Muy lejos de la primera línea, en Bélgica, una extraña operación se llevó a cabo en 1984 en las cercanías de Vielsalm, en la región de las Ardenas. Un pelotón de la infantería de marina estadounidense saltaron en paracaídas en Bélgica, y a su encuentro salió un miembro del servicio de inteligencia militar belga. Se ocultaron por dos semanas antes de atacar la comisaría de Vielsalm, en un ejercicio que llamaron "operación Oesling", y mataron a un agente de policía belga. Un militar estadounidense resultó herido durante la operación, perdiendo un ojo. En un principio se creyó que el ataque había sido un acto de terrorismo, pero más tarde se probó que había sido una operación militar conjunta estadounidense-belga, tal como lo confirmaron las investigaciones del Senado en 1991. Otros ataques sucedieron a este en los cuales, tal como se dio en el caso de Vielsalm, las armas y las municiones fueron confiscadas. Armas que llegaron subsiguientemente a manos de grupos extremistas. Una pregunta fundamental dentro de la investigación efectuada por el Senado belga sobre la red de ejércitos de reserva era si había tenido algo que ver con las famosas masacres de Brabant en la década de los ochenta. Estas fueron una serie de ataques que se llevaron a cabo en el área circundante a Bruselas (llamada Brabant durante un periodo de dos años). Las joyerías, restaurantes, y en un número de casos supermercados, se vieron atacados por una banda de hombres despiadados y armados hasta los dientes. En todos los ataques se llevaban muy pequeñas sumas de dinero, mientras que “a la misma vez empleaban gran profesionalismo y brutalidad” [NATO's Secret Armies pág 139]. El 9 de noviembre de 1985, por ejemplo, durante un atareado sábado, tres hombres armados y encapuchados ingresaron en un supermercado y comenzaron a tirotear. Ocho personas perdieron la vida, algunos mientras intentaban escapar. El dinero que se llevaron del atraco llegaba a un par de miles de libras esterlinas, y fue encontrado en un canal en una bolsa sin abrir. El motivo de los ataques, se concluyó con seguridad, no era el dinero. La investigación del Senado no logró descubrir vínculo alguno con la red Gladio en Bélgica, pero señaló que, luego de haber interrogado a agentes de inteligencia militar poco cooperativos, “el silencio que se ha guardado con respecto a la identidad de los agentes [de la red] no permite a los jueces efectuar las verificaciones necesarias para establecer toda la verdad” [NATO's Secret Armies pág 140]. Un informe oficial sobre las Masacres de Brabant publicado en 1990, previo al descubrimiento de la red militar secreta, había llegado a la conclusión de que los asesinos tenían vínculos oficiales: “De acuerdo al informe, los asesinos eran miembros o ex miembros de las fuerzas de seguridad: partidarios de la extrema derecha que contaban con protección de alto nivel y que estaban preparando un golpe de estado de la derecha” [NATO’s Secret Armies, pg 145]. Los atentados perpetuados por la extrema derecha durante las décadas de los setenta y ochenta en Europa son un hecho. En muchos casos, tal como ocurrió en la masacre de la estación ferroviaria de Boloña, se ha probado que existía algún tipo de vínculo entre los miembros de la inteligencia militar y aquellos que efectuaron el ataque. Lo que no queda en claro es si la estructura de comando y control existía dentro de la estructura de Gladio, autorizando ataques contra blancos civiles. Hay diferentes teorías, según explica Ganser: “La primera teoría es la del agente fugitivo, sobre lo cual la OTAN y los generales de más alto rango no sabían nada, y más tarde se arrepintieron de que algún lunático se volvió loco. Puede suceder, pero no creo que las estructuras militares funcionen de esa manera. Mis estudios sobre las estructuras militares me han convencido de que la jerarquía juega un papel fundamental en las operaciones militares, y éstas eran operaciones militares. Esto significaría que la estrategia de la tensión era (y digo “posiblemente”, porque no lo puedo probar) premeditada. No un error, sino algo que fue planificado y que en verdad funcionó”.

Continúa explicando que “Europa Oriental tenía el Pacto de Varsovia, y obviamente si Moscú no quería que sucediera algo ahí, sólo les bastaba enviar los tanques, fin de historia. Estaba claro. En Europa Occidental el asunto era más delicado. Éramos países libres, por así decirlo. Teníamos partidos comunistas que eran muy fuertes en países como Francia e Italia, y menos fuertes en los demás países, pero existían. La OTAN tenía miedo de verse debilitada desde adentro. Si se toma a Francia o Italia, o Grecia o Turquía, donde un grupo de parlamentarios, por ejemplo los comunistas, podría decir “queremos renunciar a la OTAN”, o podrían pedir que “si llegamos al Gobierno, nos pondríamos en contacto con nuestros aliados en Moscú, porque de hecho estamos más de acuerdo con ellos que con Washington y Londres”. Una situación de este calibre era desde la perspectiva de la OTAN extremadamente peligrosa. Se podía perder un país. No era deseable que un líder comunista italiano se volviera famoso y fuerte y llegara al Ministerio de Defensa. Era una pesadilla para los militares. Los agentes de inteligencia militar me lo describieron en esos términos. Esto es el marco estratégico para hacerle frente al problema. En la estrategia de la tensión (donde es necesario ser realmente malvado, subraya Ganser, porque mueren civiles) se ponen bombas en lugares públicos y se matan civiles. Esto ocurrió en un número de países de Europa Occidental durante la Guerra Fría, pero no ha quedado en claro quién estaba tras estos ataques. De ahí en más nos queda la especulación. Si estas bombas fueron colocadas como parte de un plan del ejército de reserva, entonces fue con premeditación. Las matanzas se le atribuyeron a la extrema derecha, que perdió prestigio. Perdieron fuerza. En segundo lugar el Estado exigiría más poder para los servicios de seguridad y el Ministerio de Defensa, debido a todos estos terroristas sueltos. Esto demuestra que la estrategia de la tensión puede ser efectiva, y es posible que haya sido implementada. Es bastante factible que esto fuera el tema más delicado de la Guerra Fría en Europa”.

El tema más delicado, en parte, porque el sistema existía con el consentimiento tácito de nuestros líderes electos. “Se ha probado que los servicios secretos y los Ministerios de Defensa no estaban solos en esto”, señala Ganser. “Se acudía siempre al representante más alto del poder ejecutivo para pedir autorización. Y aquí tiene el mismo problema: supongamos que es el Primer Ministro, y que yo le digo, en calidad de Ministro de Defensa, que tenemos un ejército secreto, organizado por si se dara una invasión soviética, y que tiene que permanecer en secreto. ¿Es bueno eso, o es una conspiración? Como Primer Ministro, seguramente respondería “Está bien, no me interesan los detalles, esto podría tener repercusiones políticas” etc. El problema es que no sabemos cómo respondieron los Primeros Ministros. Tome, por ejemplo, mi investigación sobre el P26, el ejército de reserva suizo, no sabemos cómo se llevaron a cabo estas conversaciones. Un jefe de personal, el oficial de más alto rango en Suiza, me dijo que se dirigió al Gobierno, los cancilleres federales como los llamamos aquí, y les contó sobre el ejército de reserva. Lo escucharon, sin respirar palabra. Esta es una defensa convincente: no decir nada. No firmar ningún documento. Sólo aprobar en silencio, para que la historia continúe. El Departamento de Defensa ocultará los fondos requeridos para mantener la red, los declarará como costos de construcción de una nueva pista de aterrizaje, etc. Todos asentirán en silencio. No quedará prueba explícita de la implicación de los más altos rangos. Pero en la mayoría de los casos es posible ahora demostrar que no se trataba de una estructura imaginaria, que era parte de la estructura de seguridad de Europa Occidental. Aunque era en parte ilegal, porque no estaba controlada directamente por la legislatura electa, los parlamentarios”.

La razón para este nivel máximo de seguridad, la Guerra Fría, concluyó hace más de quince años, y aún así los archivos permanecen todavía cerrados. Es más, los archivos de los antiguos estados comunistas han sido purgados de todo material que dé alguna información sobre Gladio y la OTAN. “Sería muy interesante para los historiadores tener acceso a estos archivos y leer, por ejemplo, información acerca de los ejércitos de reserva, etc, pero no es el caso. Nos dan poco o ningún acceso a los archivos de la MI6, CIA, BND, SISMI, lo que sea. Hubiera estado muy bueno poder acceder a los archivos del enemigo, y ver lo que el enemigo había escrito acerca nuestro, porque se puede aprender un montón de esa manera. Los Servicios Secretos occidentales fueron más listos, y fueron a los archivos Stasi en Berlín, y los limpiaron todos. Los empleados de los archivos Stasi me confirmaron que básicamente el Servicio Secreto Alemán, la CIA y el Servicio Secreto Británico llegaron ahí primero y los limpiaron a fondo. Todo lo que nos queda es la historia. Podemos entrevistar a gente que haya estado involucrada, gente que ha llegado al ocaso de sus vidas y que quiere hablar de ellas, que cuentan cómo lo vieron, qué hicieron, sus razones para ello, etc. Tienen una perspectiva diferente de la vida”. Con la resignación cansada de alguien que ha hecho un número de peticiones bajo la Ley de Libertad de Información, en su mayor parte destinadas a fallar, Ganser continúa, “pero la gente al poder nunca dirá nada, prefieren que nos olvidemos del asunto. Pregunté en la OTAN, en el Cuartel General Supremo Aliado, y saben de lo que hablo; les explico las estructuras y alegan no saber nada al respecto. La estrategia consiste en denegarlo todo”. Las implicaciones de la investigación de Ganser son actuales y aterradoras. ¿Tuvimos en verdad terrorismo patrocinado por el Estado en Europa, a fines de desacreditar a los movimientos democráticos de izquierda? ¿Existió una política cínica que implicaba cobrar víctimas civiles inocentes para una causa supuestamente mayor? Cuando se le pregunta si existe alguna evidencia de que estas redes paramilitares han sido disueltas, Ganser se ríe, asombrado por la absurdidad: “Los que lo organizaron, acaban de disolverlo nuevamente. Esa es la evidencia con la cual contamos. No constituye en verdad mucha evidencia, ciertamente no para los académicos o los historiadores”. Podrá parecer de mal gusto cuestionar la integridad y la dirección de las agencias de inteligencia occidentales, mientras que estamos en el medio de una “lucha contra el terror”, pero mientras queden preguntas sobre la “estrategia de la tensión”, y mientras se impida a los académicos serios ver los archivos de la inteligencia, es algo más que prudente mostrarse escéptico con respecto a las intenciones oficiales. “El resultado de esto, si se interpreta la situación actual en términos de la Guerra Fría, es una estrategia de tensión que está todavía siendo implementada, pero esta vez contra los musulmanes”, conjetura Ganser. “Todos sabemos que Occidente depende del petróleo, y se necesita un pretexto para desarrollar más operaciones en Irán, Irak, etc. No podemos ir e invadirlos así nomás, tenemos que tener esta idea de que están tratando de matarnos para que sea posible imaginar que una estrategia de tensión en la cual los musulmanes están jugando el papel que los comunistas jugaban durante la Guerra Fría esté ocurriendo. Es demasiado complicado, todo está ocurriendo demasiado rápido, y hay muy pocos datos disponibles”.

Los datos son la clave, y el libro de Ganser cuenta con montones de ellos. País por país esboza la lucha interna contra el comunismo, documentada por los descubrimientos de las investigaciones parlamentarias, y las declaraciones de los pocos involucrados en Gladio que han elegido hacer su participación pública. Esto no es Roswell, el caso de los extraterrestres, y otras teorías de conspiración rebuscadas tan populares con la generación de la Red. Esta es la historia de un movimiento real, que la historia ha probado, y que ha operado en Europa. La estrategia de la tensión sigue siendo una teoría plausible que explica los crueles atentados en Europa. La responsabilidad de desmentir esto debería recaer en nuestros gobiernos electos.

Notas:

* En noviembre de 1990, en respuesta a la declaración de Andreotti que la OTAN disponía de un ejército secreto, la OTAN emitió un desmentido categórico. Al día siguiente la OTAN explicó que su desmentido había sido falso, a la vez que se negó a responder cualquier otra pregunta.
** Luego de un atentado, el dinero robado fue encontrado en un canal, en un saco sin abrir.

NATO’s Secret Armies – Operation Gladio and Terrorism in Western Europe, por el Dr. Daniele Ganser es publicado en EEUU y en el Reino Unido por la editorial Frank Cass, con el sello del grupo Taylor & Francis.


Notícia de Notícias de Navarra:

La Gladio española

por EDMUNDO FAYANAS ESCUER - Martes, 27 de Abril de 2010 -



AL finalizar la Segunda Guerra Mundial se decide crear dentro de la OTAN unos grupos secretos y de operaciones especiales, cuya función es la de actuar como guerrilla, en caso de una invasión comunista. Pero se transforma en un ejército secreto cuya finalidad es conseguir que en "la Europa democrática" nunca accedan al poder los partidos comunistas, ni nadie ponga en cuestión el sistema.

Muy importante en la historia fue la Gladio en Italia, pero también en Francia, Bélgica, Holanda, Noruega, Dinamarca, Suecia, Finlandia, Turquía, Portugal, Austria, Suiza, Grecia, Luxemburgo y Alemania. En España, a pesar de no pertenecer a la OTAN, tuvo una presencia muy importante y contó con el apoyo del régimen franquista. La dictadura de Franco sirvió de refugio durante la Guerra Fría a muchos terroristas de extrema derecha que habían participado en la guerra anticomunista en Europa. Mario Pozza, miembro de la extrema derecha italiana, revela ante el juez, en el año 1984, que toda una colonia de fascistas italianos funcionaban con total impunidad en España.

En el año 1970, la España franquista recibe a los terroristas de la extrema derecha italiana que habían participado junto al ultraderechista Valerio Borghese en la ocupación del Ministerio del Interior italiano en un intento de golpe de Estado. No sólo se les recibió, sino que se les contrató como miembros de la policía secreta franquista.

En el año 1976, se producen los asesinatos de carlistas en Montejurra (Navarra), Delle Chiesa junto a otros extremistas italianos pertenecientes a la Gladio provocan los incidentes de Montejurra y su finalidad era que la Policía española no pudiese ser acusada por una intervención violentamente represiva e injustificada.

El 24 de enero de 1977, se produce en Madrid el asesinato de los cinco abogados laboralistas de la calle Atocha. Participaron miembros de la Gladio, como el terrorista Carlo Cicuttini, como aparece en un informe del Comité Ejecutivo para los Servicios de Información y Seguridad, organismo dependiente de la Presidencia del Consejo de Ministros de Italia.

En 1968, fecha de la llamada primavera de París, se produce el inicio del terrorismo de izquierdas en toda Europa, incluida España (ETA, FRAP, GRAPO). El ex agente de la CIA, Philip Agee, acusó a la CIA de haber creado a los GRAPO, así se entenderían algunas de sus extrañas actuaciones.

El famoso agente secreto español González Mata ha hablado de su infiltración en ETA siendo agente de la Gladio y su implicación en el asesinato de Carrero Blanco, así como las extrañas desapariciones de militantes de ETA. Todos estos hechos forman parte de lo que ellos denominan "la estrategia de la tensión" que se vive por todo Occidente, y como vemos mucho más ahora, para justificar políticas agresivas que sólo defienden los intereses económicos de las multinacionales.

En el año 1973, los comandantes de la Gladio se reunieron en Bruselas, en una sesión extraordinaria, para discutir la admisión de la España de Franco en la Gladio. España había permitido durante muchos años a los Estados Unidos el derecho de estacionar misiles nucleares, así como el atraque de buques y submarinos norteamericanos en sus puertos, pero no estaba obteniendo nada a cambio de la OTAN. El servicio secreto español estaba interesado en tener una red oculta para combatir a los comunistas y socialistas antifascistas españoles.

Dos son los hechos más destacables de la Gladio italiana, el atentado a la estación ferroviaria de Bolonia, el 2 de agosto de 1980, que causó 85 muertos y 200 heridos y del que se culpó a grupos anarquistas italianos. La Gladio italiana participó en la muerte del primer ministro italiano Aldo Moro. Son esclarecedoras las palabras de Francesco Cossiga, ex presidente de la República y de los demócratas cristianos italianos, que realizó ante las cámaras de la BBC inglesa "en las filas del partido todavía pesa el haber sacrificado a Aldo Moro para salvar al República".

Actualmente se empieza a cuestionar la investigación oficial del 11-M en los atentados de Atocha. Se dan muchísimas coincidencias con el atentado de la estación de Bolonia.

Ambas son un importante centro de comunicación de tráfico ferroviario y afectó fundamentalmente a la gente del pueblo. En ambos casos se detienen inmediatamente a los autores. El atentado de Bolonia es falsamente atribuido a grupos anarquistas y el de Atocha a grupos islamistas conectados con la fantasma y recurrente Al Queda.

En Bolonia como en Madrid, los jueces recibieron multitud de informaciones falsas y erróneas. Según los magistrados italianos, cuya versión esta confirmada en las actas de la Corte de Justicia del 23 de noviembre de 1996, declararon que los servicios secretos italianos, el Sismi, "nos hizo llegar una masa de información difícilmente verificable a fin de empujarnos en unas investigaciones y/o pistas tan improductivas como extenuantes". Lo mismo sucede con el atentado de la estación de Atocha. ¿Sabremos alguna vez la verdad de Atocha? Las pistas del 11-M, como los atentados de Bolonia, el 11-S de Nueva York y de 7-J de Londres ,a los servicios secretos nacionales y supranacionales, pero todos han sido enterradas.

En el Gobierno de Felipe González, el ministro de Defensa Narcís Serra, se vio obligado a crear una investigación sobre la Gladio española. Se le encargó al Cesid dirigido por el general Manglano, que además era el delegado español en la OTAN para cuestiones de Seguridad. El Cesid era precisamente el principal sospechoso, así que encargarle la investigación era como poner al zorro a investigar quién se comió las gallinas. El general Manglano se negó rotundamente a declarar en el Parlamento y por supuesto el resultado de su investigación fue que nunca España había participado en la red Gladio.

La Gladio es una obscenidad y para los que creemos en la democracia como sistema es su mayor atentado, y cabe preguntarnos ¿en mano de qué políticos estamos?

 
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