Marine Le pen es fa amb el lideratge del Front Nacional francès
La filla de l’històric líder ultradretà francès, Jean Marie Le Pen, ha sigut elegida la nova representant del partit al XIV congrés de la formació celebrat la passada setmana. Marine Le Pen, eurodiputada i ex advocada de 42 anys, pretén disputar la presidència a Sarkozy les properes eleccions de 2012, i tractarà de superar el 17% dels vots aconseguits pel seu pare en 2002 durant la primera volta. Un recent sondeig sobre la intenció de vot a França li atorga fins un 18% dels vots. El missatge anti-immigració i la crítica al sistema i a la burocràcia centraran el discurs del partit ultradretà, que tractarà de moderar el llenguatge per arribar a sectors més amplis de la societat francesa. Per altra banda, la nova líder s’enfronta a una denúncia de col·lectius antiracistes per incitació a l’odi racial per unes declaracions islamòfobes. El seu pare ja fou condemnat per dir en 2005 que l’ocupació nazi de França “no fou inhumana”. Notícia d’El País:
Marine Le Pen asume el control del Frente Nacional y lo lanza “a la conquista del poder”
La nueva lider de la ultraderecha francesa ya se ve candidata presidencial en 2012 y asegura que no pactará con Sarkozy.- Un sondeo le otorga alrededor de un 18% en intención de voto
ANTONIO JIMÉNEZ BARCA | Tours 16/01/2011
Marine Le Pen, de 42 años, hija de Jean Marie Le Pen, su sucesora política, ex abogada, flamante nueva presidenta del Frente Nacional (FN) desde hoy, ha asegurado en su primer discurso como líder de la ultraderecha francesa que piensa convertir esta formación en un movimiento eficaz que sirva “para alcanzar el poder”. Su padre, que se presentó a cinco elecciones presidenciales, no lo consiguió nunca. Sólo en 2002 logró superar la primera vuelta, apartando al socialista Lionel Jospin, para acabar derrotado en la segunda por un apabullante 82% de Jacques Chirac. Ahora, su hija, con un mensaje más moderno y populista, intenta, además de en el caladero habitual del FN, penetrar en capas de la sociedad formadas por los decepcionados por el Gobierno de Nicolas Sarkozy o los afectados por la crisis económica.
Los asistentes al XIV Congreso Nacional del FN en Tours han recibido a su nueva líder con dos frases sintomáticas: “Marine presidenta” y “Francia para los franceses”. La hija de Le Pen, menos aplaudida que su padre en el día anterior, aparentemente menos incendiaria, menos amiga de improvisar, menos brutal en sus declaraciones, ha hecho, con todo, algunos guiños al rechazo de la inmigración y los extranjeros -”No pueden obligar a que todos quieran comer cordero halal”-. Pero, sobre todo, ha centrado su discurso en la crítica al sistema: “Rechazamos a los tecnócratas de Bruselas y el euro y pedimos recobrar nuestra libertad”. Antes, en una rueda de prensa, había asegurado que asume todo el pasado de la formación que se apresta a dirigir, que no piensa aliarse jamás con Sarkozy y que ya se ve como candidata a las elecciones presidenciales de 2012.
De hecho, su discurso ha sido una suerte de lanzamiento de campaña electoral y de exposición de un programa difuminado. Ha prometido reformas fiscales para que los que menos tienen paguen menos y los que más tienen paguen más, ha asegurado que no se opone a nacionalizar o controlar muy de cerca los bancos, que atacará a las élites “que monopolizan el país” y que con ella “el poder será para el pueblo, con el pueblo y del pueblo”; apartándose un tanto de la retórica ajada de su padre sobre el pasado colonial francés y las guerras perdidas de Argelia e Indochina.
¿Puede cuajar este mensaje más práctico y populista, este nuevo estilo del FN? Más claramente: ¿Puede llegar al Elíseo Marine Le Pen en 2012? Para eso debería apartar a Sarkozy en la primera vuelta. Un sondeo de la revista Marianne le otorga actualmente un 18% de votos. Su padre, cuando sobrepasó la primera vuelta en 2002, obtuvo un 17%. “Actualmente no tiene ninguna posibilidad”, asegura Pascal Perrineau, director del Centro de Investigaciones Políticas de SciencesPo y experto en la ultraderecha francesa, presente en el congreso. “Pero todo depende de la evolución de la crisis. Lo que es cierto es que su ascenso es un síntoma de que algo no marcha en la sociedad francesa”, añade.
VIDEO DE RTVE: Marine Le Pen sucede a su padre al frente de la ultraderecha francesa
REPORTATGE D’EL PAÍS:
La hija del líder de la ultraderecha francesa sube en los sondeos y se perfila como la más firme candidata a suceder a su padre en la dirección del Frente Nacional
ANTONIO JIMÉNEZ BARCA 19/12/2010
El pasado 9 de diciembre, en un conocido programa de entrevistas y de debate de France 2, A vous de juger, emitido en hora punta, la vicepresidenta del ultraderechista Frente Nacional (FN), Marine Le Pen, atrajo a cerca de 3,5 millones de espectadores. Uno de los productores reconoció días después que la eurodiputada, consejera regional e hija de Jean-Marie Le Pen, superó en audiencia al propio primer ministro, François Fillon, y a la primera secretaria socialista, Martine Aubry, en sus programas respectivos, emitidos semanas atrás.
A sus 42 años, Marine Le Pen se perfila como la candidata con más posibilidades de suceder a su padre al frente del partido de ultraderecha más famoso de Europa. No solo eso: con un 27% de tasa de popularidad y un 14% de intención de voto en las próximas elecciones presidenciales de 2012, la hija de Le Pen, ex abogada, dueña de un perfil menos abrupto, en apariencia, que el que cultiva su padre, con una puesta en escena y una actitud intencionadamente más moderna, apunta como una amenaza creciente para el centroderecha de Sarkozy, al que se apresta a despojar de los votos de los que este se apropió en 2007, cuando fue elegido presidente de la República.
Entonces, el FN quedó al borde de la desaparición y todo el mundo creía que los resultados electorales y la edad de Jean Marie Le Pen, de 82 años, el hasta ahora indiscutible, incombustible y fundador de la formación, condenaban al Frente Nacional a una extinción progresiva.
No ha sido así. Marine, alta, rubia, fuerte, casi siempre sonriente, divorciada dos veces, con tres hijos (la mayor, bautizada como Jehanne, con ortografía deliberadamente medieval, en honor de Juana de Arco, emblema del FN), combina hábilmente la modernidad y la tradición, se desenvuelve con maestría en la televisión (es una temible adversaria en los debates televisivos), apela un día a los franceses que miran de reojo a los inmigrantes y otro a los que intuye atosigados por el paro y la crisis (que a veces coinciden).
Algunos la consideran como una versión levemente edulcorada de su padre, una suerte de Le Pen del siglo XXI con un tinte social que ella cultiva con habilidad. Otros avisan de que el barnizaje de moderación es solo fachada, recuerdan de dónde viene, qué pretende y cuál es su programa. Ella les da la razón a los dos. Por lo general, sus opiniones no indignan tanto como las de su padre (se ha desmarcado de él, en apariencia, en algunas ocasiones), pero también es capaz, cuando la situación lo demanda, de recurrir a la vieja táctica del lepenismo, esto es, de soltar una calculada bomba de relojería que sigue retumbando en la sociedad francesa durante días y de cuya onda expansiva se aprovecha ella con cierta desfachatez.
Lo hizo el viernes en Lyon, delante de unos centenares de militantes, cuando aseguró: “Hace unos 15 años fue el velo; luego vino el burka, y ahora, las oraciones de los musulmanes en la calle”. Después equiparó, ni más ni menos, esas oraciones en la calle con la ocupación nazi durante la II Guerra Mundial en Francia. “No se hace con blindados, ni con soldados, pero es también una ocupación”.
Ya estaba dicho. Diversas asociaciones antirracistas y musulmanas denunciaron su comentario. Algunas amenazaron con llevarla a los tribunales. Hubo manifestaciones de protesta. Todo el arcoíris político francés se hizo eco de la frase para criticarla, con más o menos énfasis. Jean-François Copé, el secretario general de la Unión por un Movimiento Popular (UMP), la formación de centroderecha de Nicolas Sarkozy, se apresuró a señalar: “No nos engañemos: ella es Le Pen”.
Después de dejar que su comentario resonara en todas las radios y televisiones durante el fin de semana, Marine Le Pen remató la jugada con una conferencia de prensa en la que se ratificó en cada palabra, y aseguró tranquilamente: “Yo digo lo que todos piensan en voz baja. No me asusta la polémica”.
Es decir, la exponente de la siguiente generación del Frente Nacional no reniega del pasado. De hecho, sabía lo que decía y dónde. Lyon es el feudo de Bruno Gollnisch, el rival que le disputará el liderazgo del FN en el definitivo congreso de Tour, que se celebrará a mediados de enero y que elegirá al sucesor de Jean Marie Le Pen, que ya ha anunciado que abandonará el puesto. Gollnisch, de 60 años, profesor universitario, culto, especialista en civilización japonesa, lugarteniente desde siempre de Le Pen, depositario ideológico del partido, observa desde hace meses cómo la hija de su jefe, mimada en cierta manera por los medios de comunicación (o por lo menos reclamada por ellos), la que prometió “desatanizar” el partido, le sobrepasa por la izquierda y la derecha.
El congreso, con todo, será reñido, ya que Gollnisch, al que las encuestas dan mucho menos proyección nacional y goza de mucho menos popularidad en el país, disfruta del reconocimiento y la credibilidad de los aproximadamente 20.000 militantes.
Mientras tanto, Marine Le Pen, apoyada por su padre, con muchos menos libros a cuestas que su oponente, a la que los colaboradores surten de notas sobre cualquier tema a cada momento, se prodiga en Paris Match, en la televisión, en la radio o donde le llamen. Está convencida -junto con la mayoría de la clase política de Francia- de que vencerá al viejo Gollnisch en enero. A partir de entonces, apuntará a las elecciones presidenciales de 2012.
Al viejo programa político de su padre ha añadido ciertas aportaciones personales, creando una macedonia populista con la que va acaparando seguidores. Así, promete tasar a los especuladores bursátiles, sacar a Francia del euro, cerrar las fronteras o acabar con el derecho a la nacionalidad francesa por el hecho de haber nacido en Francia (“la nacionalidad se hereda o se merece”, repite siempre). Aboga por un proteccionismo comercial que ella denomina simplemente “patriotismo económico” y que tiene buena acogida en sectores rurales, promete convertir hospitales y cuarteles que el Estado quiere vender en cárceles provisionales para albergar delincuentes, acabar con los traficantes de droga de los barrios peligrosos de las periferias de las ciudades y convocar un referéndum para volver a decretar la pena de muerte si así lo quiere el pueblo.
Por ahora, el mejunje le funciona: en las pasadas elecciones regionales, celebradas en junio, batió su propio récord al conseguir en el segundo turno, como cabeza de lista de la región de Nord-Pas-de-Calais, más de un 22% de los votos. “Soy presidenciable”, aseguró en aquel momento, con su sonrisa de siempre. Muy pocos la creyeron entonces.
Notícia d’El Plural:
La heredera de la ultraderecha francesa, investigada por la Policía de Lyon
Marine Le Pen acusó a los musulmanes de “ocupar” Francia como los nazis
ELPLURAL.COM
La futura presidenta del ultraderechista Frente Nacional (FN), Marine Le Pen, hija de Jean-Marie Le Pen, fundador de ese partido, tendrá que hacer frente a una investigación judicial de la Policía de Lyon, que deberá esclarecer si cometió un delito de “incitación al odio racial”, con unas declaraciones en las que comparó “la ocupación de espacios públicos” donde muchos musulmanes realizan sus plegarias de los viernes con la que hicieron los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.
La investigación es consecuencia de la querella presentada por la asociación antirracista Movimiento contra el Racismo y por la Amistad entre los Pueblos (MRAP), según Público. Marine Le Pen podría enfrentarse a una condena de hasta un año de cárcel si es hallada culpable del delito de incitación al odio racial.
Heredera del legado de Jean-Marie Le Pen
Marine Le Pen, que accederá a la presidencia del Frente Nacional este fin de semana, es fiel al discurso de su padre, el ultraderechista Jean-Marie Le Pen, que defiende que los problemas de Francia tienen su origen en la integración en la Unión Europea y la inmigración como causante principal de los problemas de seguridad que vive el país.
Jean-Marie Le Pen, cargos de incitación a la violencia
Las declaraciones de Marine Le Pen, hechas el pasado domingo, tuvieron lugar pocos días después de que su padre fuera absuelto por un tribunal de París de cargos de incitación a la violencia racista por unos lemas electorales del Frente Nacional para las elecciones regionales de 2010 en los que se afirmaba: “No al islamismo”.
“La ocupación nazi no fue inhumana”
En enero de 2009 otro tribunal condenó a Jean-Marie Le Pen a tres meses de prisión exentos de cumplimiento y 10.000 euros por haber dicho en una entrevista en 2005 que la ocupación nazi de Francia “no fue particularmente inhumana”.














