26 gener 2011

L’Estat espanyol, niu de nazis. El fill de Hoffman implicat al Cas Malaya.

Hem parlat vàries vegades de l’ajut prestat pel règim franquista als nazis que van escapar després de la II Guerra Mundial. El llibre “La Huella de la Bota” de Joan Cantarero desvetllà la presència d’importants membres del III Reich a la costa valenciana, concretament a Dénia, però l’empremta nazi a l’Estat espanyol és molt més profunda. Ens vam convertir en un dels destins favorits dels nazis, alguns dels quals encara hi viuen o han deixat importants herències als seus descendents, amb diners de dubtosa procedència. Reproduïm un article que parla d’alguns d’aquests genocides i de la impunitat que encara hui existeix per aquests criminals. Com a curiositat, el fill de Hans Hoffmann, membre de la Gestapo i traductor de Hitler, ha estat enxampat en l’Operació Malaya contra la corrupció política i urbanística a Marbella. Notícia del Diario Vasco:

España, nido de nazis

En nuestro país todavía viven como apacibles jubilados algunos de los más temidos jerarcas del III Reich. El juez Ismael Moreno acaba de pedir la extradición de un oficial de las SS acusado de genocidio

23.01.11 – DANI PÉREZ |

A Hauke Pattist le gustaban los coches, la caza y las tertulias de café. Escanciaba sidra con maneras de experto. Se reía estrepitosamente. Por las tardes, si el invierno le daba una tregua, paseaba sus 73 años por la ribera del río. En Ribadesella lo recuerdan como un anciano alto y pálido que movía mucho las manos al hablar. Un tipo agudo, socarrón, con tendencia a celebrar sus propios chistes, que pasaba largas temporadas en Oviedo. Los investigadores Manuel Carballal y Clara Tahoces consiguieron localizarlo a finales de los 90. A Pattist lo buscaba la justicia holandesa por crímenes de guerra. En 1946 un tribunal lo había condenado a cadena perpetua como culpable de la detención de más de 2.000 judíos en Amsterdam, muchos de los cuales fueron torturados o asesinados después. Escapó. La Fundación Wiesenthal lo consideraba un objetivo prioritario. Pattis reconocía abiertamente su militancia en las SS, pero siempre negó los cargos. Cuando Carballal y Tahoces le preguntaron al respecto, el abueles invitó a otra ronda y dijo: «Han sacado las cosas de quicio acusándome de tantas barbaridades. Total, por mearle encima a una judía embarazada…»

Hauke Pattist murió en Langreo en enero de 2001 sin haber renunciado a sus «valores raciales», con la conciencia aparentemente tranquila y el certificado de penales limpio. España jamás admitió a trámite ninguna de las solicitudes de extradición del gobierno holandés.

No es un caso aislado, sino la demostración palmaria de la impunidad con la que altos cargos de la jerarquía nazi se han movido y aún se mueven por nuestro país, ajenos a las maniobras, cada vez más inviables, de instituciones como el Centro Wiesenthal. Efrain Zuroff, ex agente del FBI y actual director del organismo israelí, resume así el sentido de la llamada ‘Last Oportunity Operation’, un intento desesperado por implicar a la comunidad internacional en la lucha: «Dentro de cinco años el último criminal de guerra nazi habrá muerto, será muy viejo o estará demasiado enfermo como para que podamos sentarlo ante un tribunal. Ésta es una batalla contra el reloj. Y estamos en el tiempo de descuento».

Ahora que el juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno acaba de solicitar a Alemania la entrega del guardia John (Ivan) Demjanjuk para que se le investigue como cómplice de los delitos de genocidio y lesa humanidad que se produjeron en el campo de concentración de Flossenbürg, cabe preguntarse si hay que ir tan lejos para buscar justicia. ¿No quedan nazis vivos refugiados en España? La respuesta la da el experto Joan Cantarero: «Claro que los hay. Pero no se les encuentra porque no se les quiere buscar».

El autor de ‘La huella de la bota’ (Temas de Hoy), un minucioso trabajo de investigación en el que pone al descubierto las vinculaciones entre las organizaciones ultraderechistas «legalmente constituidas» y destacados elementos del nazismo acogidos por España tras la Segunda Guerra Mundial, da tres nombres sin pestañear: Herbert Schaefer, Theodor Soucek y Fredrik Jensen. Y hay sospechas fundadas de que un cuarto hombre, Aribert Heim, alias el ‘doctor Muerte’ y ‘el carnicero’ de Mauthausen, también goza o ha gozado de un tranquilo retiro a orillas del Mediterráneo.

El hombre de Odessa
A sus ochenta y tantos, Soucek no se esconde. Reside en la urbanización Xanadú, de Benalmádena, y aunque anda bastante tocado desde hace años, todavía sacaba fuerzas para descolgarse, de vez en cuando, con algún texto revisionista que publicaba en revistas tan inequívocas como ‘Sieg’. Comparte los círculos negacionistas del Holocausto con su vecino, un agradable señor, educado y vehemente, de procedencia nórdica, que presume del ‘privilegio’ de ser el único extranjero laureado por el Führer con la Cruz de Oro: Frederick Jensen.

Es difícil aceptar que ese anciano que ayudaba a diario a su esposa Karim a bajar las escaleras de la urbanización Los Beldeberes de Marbella, fue el héroe nazi por excelencia bajo el gobierno de Vidkud Quisling, defensor de la supremacía aria en Noruega y responsable del asesinato de al menos 762 judíos. Jensen se destacó combatiendo en primera línea, y fue condecorado por sus méritos en la trinchera por el mismísimo Hitler. Tras la guerra, pasó diez años en prisión. Después, en Suecia, se convirtió en un próspero industrial, hasta que, a finales de los 70, adquirió un chalé de 800 metros en la Costa del Sol. A lo largo de su ‘jubilación’ solo ha sufrido un disgusto de cierta entidad. Gracias a las presiones de la Interpol, que continuaba buscándolo, en 1994 fue detenido y deportado a los Estados Unidos, aunque el proceso acabó de nuevo con Jensen en Andalucía.

En algunas de las reuniones periódicas en las que Jensen y Soucek recuerdan sus batallitas del pasado se deja ver Herbert Schaefer, abogado de las SS, residente en la avenida del Mar (Arroyo de la Miel, Málaga), a quien, además de la historia y los negocios, le interesa el arte. Tanto como para exponer su colección en la Universidad de Yale, donde un estudiante judío reconoció uno de los cuadros que los alemanes habían ‘requisado’ a su familia durante el expolio nazi. Se le busca, entre otras lindezas, por traficar con piezas robadas.

Aribert Heim, el cuarto hombre, el primer ‘as’ de la baraja, tenía unas aficiones un tanto particulares. Le gustaba, por ejemplo, abrir en canal a dos gemelos judíos, extraerles el páncreas y cronometrar el tiempo que tardaban en morir. Los españoles de Mauthausen le llamaban ‘el banderillero’, por su empeño en pincharles hormonas de animales, benceno, combustible para tanques…Durante décadas ha sido el gran quebradero de cabeza del Centro Wiesenthal. Su fundador, Simon Wiesenthal, aseguró antes de morir que residía en Valencia. Se apoyaba, además de en ciertos testimonios verbales, en las transferencias bancarias que su familia hacía periódicamente a una cuenta española. La última fue de 180.000 euros. Después, a su titular se le perdió el rastro. Algunos investigadores lo sitúan en Chile. Su hijo afirma que murió en Egipto. Los sabuesos de la Winesenthal siguen empeñados en que se esconde en el Levante.

Ni Schaefer, ni Soucek, ni Jensen han mostrado jamás el más mínimo signo de arrepentimiento. Tampoco lo hicieron Wolfgant Jugler (considerado por Hitler el hijo que nunca tuvo), Otto Remer (fallecido en octubre de 1997), ni Hans Hoffman (octubre de 1998) o Leon Degrelle (marzo de 1994), todos ellos altos cargos de la SS que acabaron sus días en España. Sus conciencias parecían inmunizadas contra la culpa, al igual que la de Hauke Pattist, el abuelo del principio, tan campechano y bonachón, que se despidió de su entrevista con los investigadores Manuel Carballal y Clara Tahoces con un chiste: «¡Eh!», les gritó, cuando ya se iban: «¿Sabéis cómo entran 50 judíos en un Seiscientos?» Pausa expectante, sonrisa abierta y guiño cómplice. «¡Pues en el cenicero!».

Reportatge d‘Interviú:

El testaferro de Roca Juan Hoffmann heredó contactos de su padre, oficial de la Gestapo y cónsul de Alemania en Málaga

Hijo de nazi, corrupto en Marbella

Fecha: 14/01/2011 Joan Cantarero

Se sienta en el banquillo y le piden diez años de cárcel. Juan Hoffman es el personaje más enigmático de la trama de corrupción en Marbella. Heredó contactos y fortuna de su padre, Hans Hoffmann, que antes de ser cónsul alemán en Málaga fue oficial de la Gestapo y hasta traductor para el mismísimo Hitler. Esta es su increíble historia.

Tras estudiar Derecho, Juan German Hoffmann, malagueño hijo de alemanes, pronto se hizo con una importante y solvente clientela de origen teutón. Su participación como testaferro de Juan Antonio Roca, cerebro del urbanismo local en las operaciones delictivas de la trama de Marbella, fue posible gracias a las vinculaciones con las élites económicas y políticas creadas por la alargada sombra de su progenitor, que fue cónsul general de Alemania en Málaga y al que todos conocían como el rey de Marbella.

El cónsul Hans Hoffmann, padre del ahora acusado en la operación Malaya, fue en su día un oficial de la Gestapo que conspiró para eliminar a Franco por negarse a participar en la II Guerra Mundial junto a Hitler. Tras la victoria aliada, el régimen franquista, en cambio, protegió al padre de Hoffmann y evitó que fuera entregado a los británicos, que lo buscaban por detener a ciudadanos alemanes contrarios al nazismo que acabaron sus días en campos de concentración. Hans Hoffmann, conocido como Juanito en Marbella, murió en 1998 sin desprenderse de su pasaporte diplomático. Antes había sido alto mando de la Gestapo, traductor de español para el general Muñoz Grandes entre la División Azul y las SS, y oficial de la Legión Cóndor, que participó en el bombardeo de Guernica del 27 de abril de 1937.

Más información en la revista interviú.

LA HUELLA DE LA BOTA: dels nazis refugiats per Franco a la nova extrema dreta

El nou treball del periodista valencià Joan Cantarero desvetlla la relació dels nazis refugiats a l’Estat espanyol i les formacions legals actuals de l’extrema dreta populista. L’autor de “Los amos de la prostitución en España”, que revel·lava la relació de l’extrema dreta espanyola amb el fosc món de la prostitució, presentà ahir 16 de febrer a Madrid el seu nou treball, “La Huella de la bota: de los nazis del franquismo a la nueva ultraderecha” (Temas de Hoy, Editorial Planeta), un imprescindible document que desgrana les organitzacions més actives, les estratègies dels partits neofeixistes i els personatges clau en la reorganització nazi a l’Estat durant el franquisme i fins a l’actualitat, com Otto Remer, Aribert Heim, Leon Degrelle, Fredrik Jensen o Theodor Souceck o Herbert Schaeffer. Més enllà de la pàtina històrica, ofereix una radiografia rigorosa dels actuals líders de l’extrema dreta, que sota el discurs i context democràtic, tracten d’assaltar les institucions amagant les esvàstiques per enganyar l’electorat. Descriu també les rivalitats i l’odi entre diferents grups ultres, i els camuflatges d’algunes associacions nazis sota eufemismes ecologistes o culturals. Explica les darreres operacions policials contra grups neonazis com Hammerskin, Blood & Honour o Frente Anti Sistema i la relació d’alguns membres amb partits polítics ultres legals. El llibre conté tota una sèrie de detalls inèdits a base de filtracions, de confessions, i de la pròpia experiència de l’autor, que porta anys investigant la màfia ultradretana a l’Estat espanyol. Durant la roda de premsa, Cantarero explicà que el discurs de les ‘tribus urbanes’ no serveix per explicar el problema dels grups ultres, i denuncià la indolència de l’Estat en aquesta matèria. En canvi, malgrat la impunitat que encara envolta l’activitat d’aquests grups, reconegué alguns avanços, com la creació d’una Fiscalia especial per delictes d’odi a Barcelona i Madrid, la sentència per associació il·lícita contra Hammerskin, o l’aplicació de l’agreujant de crim ideològic en l’assassinat de Carlos Palomino, la mare del qual estava entre el públic de la roda de premsa. Per la seua banda, el president de Movimiento Contra la Intolerancia, Esteban Ibarra, que acompanyava l’autor durant l’acte, afirmà que actualment ens trobem amb l’ofensiva ultra més virulenta des del 23-F, i demanà acabar d’una vegada amb el discurs de les tribus urbanes, demanant a l’Estat que actue d’una vegada contra els difusors de l’odi i la intolerància. Ambdós exigiren el tancament dels webs neonazis i racistes, la il·legalització dels partits i organitzacions nazi-feixistes i la creació d’instruments per combatre’ls eficaçment com altres països ja tenen.

“Lo que vale contra los etarras también sirve para los neonazis” (Público)

Cantarero denuncia filtraciones policiales a la ultraderecha y la pasividad del Estado ante las bandas neonazis (Levante-Emv)

´Los genocidas de la SS viven aquí a cuerpo de rey´ (Levante-Emv)

Cantarero: “La investigació de les màfies de la prostitució ens va portar a l’extrema dreta” (L’Informatiu)

Notícia d’El Comercio (Ecuador):

La agresión neonazi en España se revela en un libro

Su bandera es la del odio a los inmigrantes: les culpan de la crisis, les acusan de la falta de empleo.

Roxana Casco, corresponsal en Madrid

Reclutan a sus seguidores en las zonas obreras y barrios pobres de España. Sus líderes heredaron la ideología de la Cruz de Hierro (condecoración militar) de Adolf Hitler, como Fredrik Jensen, que reside en una mansión de Marbella.

Se trata de los grupos neonazis y de la ultraderecha española, que han adquirido una fuerza debido a la crisis económica que atraviesa el país ibérico. Su origen y evolución han sido desvelados por el libro ‘La huella de la bota. De los nazis del franquismo a la nueva ultraderecha’, del periodista Joan Cantarero, publicado por ediciones Temas de Hoy, de la Editorial Planeta.

El libro se presentó ayer en Madrid. Esteban Ibarra, presidente del Movimiento contra la Intolerancia y Belén López, editora, acompañaron al autor.

No hay cifras oficiales, lo dice el libro, pero se estima que existen unos 15 000 cabezas rapadas en España. Están en todos los equipos de fútbol de primera y segunda división –son los llamados ultras-, tienen operativas más de 200 webs xenófobas –Internet es su herramienta de agitación- y sus grupos de música venden cd y dan conciertos con impunidad.

A ello se suma un fenómeno no menos preocupante: el aumento de partidos legalizados de tendencia xenófoba y racista, como Plataforma per Catalunya, dirigido por Josep Anglada.

“Estamos ante la mayor ofensiva de la ultraderecha desde el 23F”, denunció Esteban Ibarra durante el acto. Se refiere al intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, encabezado por un grupo de guardias civiles que añoraban la dictadura franquista.

Para el periodista Joan Cantarero, la influencia de estos grupos no es gratuita, responde a un proyecto gestado por los nazis que huyeron de Alemania después de la II Guerra Mundial y fueron acogidos por el franquismo. “España ha sido un gran refugio de nazis y durante todos estos años no se han dedicado a tomar el sol sino a formar y a instruir a estos grupos violentos”, dijo el autor.

Denunció, además, que todas las filtraciones que han recibido los nazis durante investigaciones policiales y judiciales provenían de los uniformados o funcionarios de la Administración.
80 asesinatos de odio (racismo, xenofobia, homofobia, odio ideológico) se han registrado en España desde 1992. Unos 4 000 delitos relacionados ocurren cada año en la Península, según el Movimiento contra la Intolerancia.

En 1992 la dominicana Lucrecia Pérez fue asesinada por neonazis, mientras que en 2007 ocurrió el crimen con más repercusión social. A Carlos Palomino, español de 16 años, le quitó la vida el soldado ‘ultra’, Josué Estébanez, en el metro de Madrid. Palomino acudía a oponerse a una manifestación anti-inmigración.

Notícia d’EFE:

Esteban Ibarra dice que la ultraderecha de hoy es la más peligrosa desde 23-F

EFE, Madrid

El presidente del Movimiento contra la Intolerancia, Esteban Ibarra, ha asegurado hoy que “estamos ante la ofensiva más peligrosa de la ultraderecha desde el 23-F” y que los grupos violentos son “redes internacionales” que cobran importancia gracias a internet, “la nueva herramienta de agitación”.

Así lo ha explicado Ibarra en la presentación del libro “La huella de la bota”, del periodista Joan Cantarero, en la que también ha denunciado que hasta 2009, cuando se crearon las primeras Fiscalías especializadas en delitos de odio, “las autoridades no reconocían la existencia de organizaciones neonazis” y utilizaban en su lugar “el discurso de las tribus urbanas”.

Por su parte, Cantarero ha alertado de que “la crisis es una oportunidad para los neonazis” y ha aprovechado para romper una lanza en favor del juez Baltasar Garzón recordando que, “aunque ahora está viviendo un momento difícil”, fue precisamente él quien consiguió la extradición a Austria del negacionista Gerd Honsik, detenido en agosto de 2007 en Málaga.

También en referencia a la investigación de Garzón sobre el “chivatazo” que supuestamente alertó a ETA de una operación policial contra su red de extorsión en 2006, Cantarero ha denunciado que “todas las filtraciones que han recibido los nazis y los neonazis provenían de las autoridades”.

Tanto él como Ibarra han pedido públicamente al Gobierno que “no obvie el problema” que supone la actividad de los grupos ultraderechistas y que “hagan como Estados Unidos o Alemania”, que publican un informe anual con todas las víctimas de crímenes de odio.

Además, Cantarero ha insistido en el papel que juegan los nazis que encontraron refugio en España “gracias a la impunidad del franquismo” y ha dicho que “lo que está ocurriendo ahora no es gratuito: pensábamos que venían a tomar el sol, pero se están dedicando a instruir y a formar a estos grupos violentos”.

En cuanto a la esencia de su libro, Cantarero ha explicado que encuentra “el nexo de unión entre los nazis que encontraron refugio en España tras la II Guerra Mundial y las organizaciones actuales” y ha asegurado que “ningún hecho es aislado”, sino que forma parte de una “estrategia”.