El racisme classista que contamina Europa: de Le Pen a Sarrazin passant pel PP
Més enllà dels èxits electorals de l’extrema dreta a Europa, el discurs identitari i l’ús de la immigració com arma electoral ha arribat ja a l’agenda política dels grans partits. Ho vam veure a Vic l’any passat amb les mesures contra l’empadronament d’immigrants, i després amb la campanya xenòfoba del PP català, que frenà en part l’ascens de l’ultra Josep Anglada al Parlament. A Europa, significats casos alerten del viratge cap a posicions xenòfobes de part dels ciutadans: a França, el Front Nacional obtenia la passada setmana molts bons resultats a les municipals, mentre que a Alemanya, el llibre del polèmic membre del SPD Thilo Sarrazin, és ja un supervendes. Poc després de les seues declaracions incendiàries contra els immigrants, Angela Merkel donà per fracassat el muticulturalisme que tants anys havia defensat. Reportatge d’El País:
REPORTAJE: TESIS CONFLICTIVA
El xenófobo que divide a Alemania
Lleva vendidos 1.200.000 ejemplares. Thilo Sarrazin es el autor del libro donde se sostiene que los inmigrantes musulmanes son menos inteligentes y se integran peor, pero tienen más hijos y esto lleva a Alemania hacia la destrucción. Tesis conflictivas en un país con pasado nazi. “Me acusan de racista, pero las cuestiones que planteo mueven al 60% de la población”, afirma
LAURA LUCCHINI 20/03/2011
Hoy día es posible hacerse rico y famoso en Europa por sostener que los musulmanes son “el corazón de todos los problemas” y que los inmigrantes de las zonas pobres del mundo, con su alta fertilidad, amenazan con bajar el nivel medio de inteligencia de un país tan culto y desarrollado como Alemania. Esto es precisamente lo que ha ocurrido con Thilo Sarrazin, de 66 años, exdirectivo del Bundesbank y miembro del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD), a causa de su libro Deutschland schafft sich ab (algo así como “Alemania se destruye”), que se ha convertido en un caso editorial sin precedentes en su país.
En un primer momento, muchos periodistas e intelectuales alemanes, llamados a expresarse acerca del libro, liquidaron sus tesis por ser “delirantes” y lo archivaron como una provocación más. Pese a ello, el texto se ha convertido en el mayor superventas del país y en el libro de ensayo en lengua alemana más exitoso de las últimas décadas. Seis meses después de su lanzamiento se han vendido 1.200.000 ejemplares y ha sido objeto de un debate sin precedentes.
Se trata de un denso escrito plagado de estadísticas, articulado en dos líneas tan simples como xenófobas: por un lado, designa a los inmigrantes turcos y musulmanes en general como “el corazón del problema”, debido a su escasa integración y su dependencia masiva de las ayudas sociales. Por otro, maneja teorías de “inteligencia genética” para sostener que la mayor fertilidad de las clases sociales bajas e incultas, en particular de inmigrantes musulmanes, rebajará el nivel medio de inteligencia del país. Alemania “se destruye”, si no cambia urgentemente las políticas de inmigración, según Sarrazin.
Debido a la controversia, el autor se vio obligado a dimitir de su puesto de directivo en el Bundesbank, el banco central. La decisión recibió el apoyo de la canciller Angela Merkel y del presidente de la República Federal, Christian Wulff, quienes consideraron “ofensivas e inaceptables” sus declaraciones acerca de que “los judíos y los vascos tienen determinados genes que los diferencian” del resto de la humanidad, palabras que recordaron a muchos las teorías nazis. Estas frases no figuran en el libro, pero su autor las pronunció en la conferencia de prensa que sirvió para presentar la obra. El escándalo se convirtió en la causa directa de que tanto el Bundesbank como el SPD iniciaran la toma de medidas contra él.
Sarrazin ya era famoso por anteriores polémicas. Cuando fue senador y ministro de Finanzas de la ciudad de Berlín, aconsejó a los que pedían aumentos del subsidio de desempleo que se pusieran un jersey más para ahorrar en calefacción. Y en vísperas de las celebraciones del 20º aniversario de la caída del Muro, en septiembre de 2009, declaró a la revista Lettre Internacional: “La integración requiere un esfuerzo por parte de quienes se tienen que integrar. Yo no respeto a quien no quiera hacer este esfuerzo. No tengo por qué reconocer a quienes viven de las ayudas públicas, pero niegan la autoridad del Estado que las otorga, no educan a sus hijos y producen constantemente más niñas con velo. Esto vale para el 70% de la población turca y el 90% de la población árabe en Berlín”.
El Bundesbank consiguió quitarse el problema de encima, pero no logró lo mismo el Partido Socialdemócrata Alemán, formación a la que pertenece Sarrazin desde hace décadas. A iniciativa de uno de sus dirigentes, Signar Gabriel, intentó expulsarle abriéndole dos expedientes; en el primero resultó absuelto de la acusación de racismo, mientras que el segundo expediente aún sigue abierto. Así que, de momento, Sarrazin es todavía miembro del SPD.
El hombre que ha incendiado a Alemania vive en Neue Westend, en Berlín Oeste. Se trata de un barrio de casas burguesas y ordenados jardines por donde pasean, lejos de los inmigrantes, mujeres enjoyadas acompañadas por perros recién salidos del peluquero. Thilo Sarrazin abre la puerta personalmente, ataviado con pantalones deportivos, un jersey y un par de pantuflas a cuadros. Invita a tomar asiento en un salón que aloja una gran biblioteca y reconoce que su vida ha cambiado desde que escribió su libro.
“Ahora soy muy conocido, viajo mucho, doy muchas conferencias, tengo muchas entrevistas. Es la vida de un escritor famoso”, cuenta, mientras se frota los ojos detrás de sus gafas. Su tarea, que parece tomarse como una misión, consiste en explicar por qué Alemania y Europa en general se destruyen: “Alemania tiene desde hace 40 años una tasa de nacimiento de 1,4 niños por mujer; esto significa que la población alemana se hace más pequeña con cada generación; en España, aunque con años de retraso, también tienen el mismo problema con los nacimientos. Al mismo tiempo, la natalidad se distribuye en Alemania de manera irregular en los distintos niveles de educación. Esto significa que los estratos sociales menos instruidos obtienen un mayor promedio de nacimientos, y por esta razón el potencial de Alemania se anula aún más rápidamente que la población. En tercer lugar, el tipo de inmigración que tenemos no es el adecuado para resolver los problemas que nos afectan. Ahora solo necesitamos trabajadores cualificados. Si la tasa de nacimientos de los inmigrantes incultos, procedentes de Turquía y África, sigue constantemente más alta, en unas pocas generaciones Alemania tendrá una mayoría de población turca, árabe, africana y musulmana”.
Pregunta. Cuando uno mira hacia Alemania, no se aprecia por ningún lado que la situación sea tan dramática…
Respuesta. La gente que tomaba copas en el bar del Titanic tampoco se daba cuenta de nada: la orquesta tocaba, todo el mundo estaba bien, y en las primeras horas nadie advirtió el problema. A pesar de eso, estaban condenados a muerte porque el agua seguía entrando en la nave. El tema es que lo que observamos hoy no dice absolutamente nada, porque falta perspectiva. Yo quería analizar estos temas y ver cómo evolucionaba la discusión.
De los siete millones y medio de extranjeros que viven legalmente en Alemania, un país de 82 millones de habitantes, tres millones son de origen turco, y 280.000, árabe. Son muchos los que consideran que el libro de Sarrazin y su éxito son “una reacción histérica frente a los cambios actuales en la República Federal”, como escribió Arno Widmann, editorialista del Frankfuhrter Rundschau. Christian Staas, del semanal Die Zeit, condenó su “proyecto eugenésico”. Fue criticado, asimismo, tanto por representantes de la comunidad musulmana como judía. Otros, como el excanciller Helmut Schmidt, le reconocieron, sin embargo, haber roto un tabú. Además, Schmidt se dijo contrario a su exclusión del partido, no sin criticar al exbanquero: “Encuentro absolutamente equivocado el hecho de mezclar las tradiciones civilizadoras de otros pueblos con la herencia genética”.
Curiosamente, según una encuesta realizada por el diario sensacionalista Bild, el 18% de la población votaría a Sarrazin si se presentara a elecciones.
“La controversia se debe a que mi análisis es incómodo, y a la política no le gusta mirar de frente las verdades incómodas”, contraataca Sarrazin, eligiendo con calma sus palabras. “Yo dije que personas de diferentes culturas se portan de manera diferente, y esta diferencia no es igual para todos los grupos de inmigrantes. De esta manera, rompí un tabú político que dice: todos los hombres son iguales, y ya que esas personas están aquí, pueden ser todas consideradas como alemanas de nacimiento”.
P. ¿Por qué define usted a unos determinados grupos de inmigrantes como “el corazón del problema”?
R. La integración se puede medir a través de tres indicadores: el éxito de los jóvenes en el mercado laboral alemán, los resultados en el ámbito de la educación y la frecuencia con la que los inmigrantes recurren a las ayudas estatales. Bajo estos indicadores, se observa que tanto la integración de la inmigración procedente del este de Europa como también la de Extremo Oriente no representan ningún problema. Los inmigrantes en este caso tienen trabajo, se integran en el sistema y recurren menos a las ayudas sociales. Todos esos indicadores, analizados en el contexto de los inmigrantes que proceden de países musulmanes, ofrecen como resultado, por término medio, los datos contrarios.
P. Por un lado, la indicación de un grupo étnico-religioso como “el corazón del problema”; por otro, sus teorías de inteligencia genética. ¿No debería uno tener cuidado con estos temas, sobre todo en Alemania a causa de su pasado nazi?
R. Una cosa no tiene nada que ver con la otra. El conocido psicólogo americano Martin P. Seligman escribió en su libro What you can change and what you can’t que las importantes investigaciones de los nazis en materia de genética fueron injustamente desacreditadas, debido solo a los horrores perpetrados por el régimen nazi. Esto significa que la pregunta del pasado nazi no tiene nada que ver con los hechos del mundo de hoy.
Si se le pregunta a Sarrazin por las acusaciones de racismo, ya que designa a un grupo étnico como causa de la posible destrucción de Alemania, él disiente con la cabeza y, mirando hacia abajo, contesta nervioso: “No hace falta que lo vuelva a repetir. La acusación de que soy racista es absurda y no se me puede hacer”. Y añade: “Por lo que se refiere a los musulmanes, yo digo que su falta de integración se debe a su cultura. Con respecto a su inteligencia media, yo no digo nada en mi libro”.
P. El partido neonazi NPD distribuyó clandestinamente ejemplares digitales de su libro entre los miembros del partido…
R. La editorial ya está tomando medidas y eso no tiene nada que ver con nosotros.
P. Pero sus teorías apoyan ideales políticos extremistas.
R. La pregunta es si el libro describe factores importantes y verdaderos. No se trata de ver quién tiene una opinión particular sobre él. El hecho de que el partido NPD apoye algunos de los pasajes del libro se ha utilizado para difamarme.
A pesar de las condenas iniciales, la polémica causada por la idea de que “Alemania se destruye” ha producido algunos cambios sustanciales en el tono de la política alemana. Pocos meses después de la publicación del libro, y en pleno debate acerca de estas tesis, la canciller Angela Merkel dio por fracasado el multiculturalismo, tras haber defendido este modelo durante años. “Nosotros como Unión estamos a favor de la cultura alemana como guía y en contra del multiculturalismo. El multiculturalismo ha muerto”, afirmó Merkel en octubre pasado frente a los jóvenes de su partido, tras argumentar que es necesario exigir más a los inmigrantes. Desde entonces han empezado a escucharse con más frecuencia frases de discriminación contra el islam. “El islam no pertenece a Alemania”, repitió Horst Horst Seehofer, líder del partido socialcristiano bávaro, aliado político de la canciller. “No hay nada en la historia que demuestre que el islam pertenece a Alemania”, comentó la semana pasada el recientemente nombrado ministro del Interior, Hans Peter Friedrich, también socialcristiano.
P. ¿Cree que el éxito de su libro ha influido en decisiones políticas posteriores?
R. No lo sé todavía. Pero los políticos han tenido que reconocer que las cuestiones planteadas por mi libro mueven al 60% de la población. No sé, sin embargo, si declaraciones como la de “el multiculturalismo ha fracasado” han sido oportunistas.
Representantes musulmanes en Alemania, por otra parte, denuncian constantemente que se sienten víctimas de discriminación en una disputa que les parece absurda y descaradamente parcial. La polémica está servida y se encamina, con mucha claridad, hacia una creciente tensión social.
REPORTAJE
¿Por qué sube Marine Le Pen en Francia?
La crisis, la desafección política y cierto impulso dado por esta líder joven que ha sabido conectar con una franja del electorado explican la escalada de la actual presidenta del Frente Nacional
ANTONIO JIMÉNEZ BARCA | París 21/03/2011
El primer turno de las elecciones cantonales celebradas ayer en Francia lo demuestra: el ultraderechista Frente Nacional de Marine Le Pen, que cosechó un 15%, progresa a una marcha uniformemente acelerada. Una sonada encuesta publicada el 5 de marzo por Le Parisien, ya lo advertía, sacudiendo de arriba abajo el panorama político francés. Más de uno se frotaba entonces los ojos con incredulidad mientras ella, tan sonriente como exultante, saltaba de televisión en televisión explicando a su modo la escalada: “Yo no he venido aquí a figurar”. Marine Le Pen, abogada, inteligente, populista, amiga de pisar el terreno y patearse la calle, añadía: “Soy la única actualmente capaz de derrotar a Dominique Strauss-Kahn [dirigente socialista, actual presidente del Fondo Monetario Internacional y considerado como el político francés más popular]. Hace seis meses, esa frase sonaba a chiste. Ahora no. Ayer, la presidenta del Frente Nacional, tras conocer los resultados de las elecciones, insistió: “Todo esto confirma que el Frente Nacional ya no es un partido de protesta sino un partido de adhesión”.
Todos los especialistas coinciden: Marine Le Pen ya juega en primera división. Dentro de 14 meses, habrá tres candidatos capaces de ganar las elecciones presidenciales y convertirse en todopoderoso presidente de la República francesa: Nicolas Sarkozy (hundido en las encuestas desde hace meses); el líder socialista que salga en otoño de unas primarias disputadas, encarnizadas y peligrosas desde el punto de vista electoral, y Marine Le Pen, que caracolea de sondeo en sondeo y de elección en elección.
En 2007, el Frente Nacional parecía muerto, rozaba un 3% de los votos y algunos lo daban por definitivamente extinguido. Sarkozy había conseguido no sólo desactivarlo sino fagocitarlo. ¿Qué ha pasado desde entonces?
“En primer lugar, por la mala marcha de la economía y por el mal humor y el pesimismo francés. Aquí la crisis se ve con más exasperación y protesta que en España, por ejemplo”, explica Pascal Perrineau, director del Centro de Investigaciones Políticas de Sciencies Po y experto en extrema derecha. Francia roza un paro del 9,5% y comienza a crecer y a salir, aunque a trompicones, del agujero de la crisis. Pero la constante y continuada oposición contra la reforma de las pensiones en el último otoño dan fe del estado de crispación existente. Para este especialista, además, en el ascenso de Marine Le Pen, que hace un año no superaba el 12% de popularidad, se cuenta también el descrédito de la política y los políticos a ojos de los franceses. Éstos observan qué, a pesar de las promesas de una República intachable de Sarkozy, se suceden los episodios de oscuros conflictos de intereses en los que se mezcla el poder y el mucho dinero (caso Woerth-Bettencourt) o los episodios de vacaciones pagadas por tiranos árabes o amigos de tiranos árabes a la exministra de Asuntos Exteriores, Michèlle Alliot-Marie, en Túnez, o del primer ministro, François Fillon, en Egipto. Y nadie como el Frente Nacional y Marine Le Pen para atraerse todo ese pelotón de desengañados hartos de los privilegios de los políticos.
Los estudiosos añaden que el perfil de la hija del fundador del Frente Nacional (más joven, mujer, más moderna) ha ayudado a dulcificar aparentemente el mensaje xenófobo, racista y abrupto del padre. “En el fondo, las ideas se basan en lo mismo: inmigración e identidad francesa, pero la forma no es la misma, y eso cuenta”, explica el politólogo experto en movimientos de extrema derecha Jean-Yves Camus.
Astuta, mediática, temible en los debates, demagoga, con un sentido acertado para meter el dedo en el ojo y denunciar problemas reales y proponer soluciones irreales (salir del euro, por ejemplo), con el valor (o la desfachatez) para apropiarse de valores considerados hasta ahora como propios de grandes partidos republicanos de derecha y de izquierda (la laicidad, la intervención del Estado en la economía), Le Pen juega, además, según los especialistas, con la ventaja y el impulso de la novedad. “Encauza ese miedo a este mundo globalizado y abierto. Y se acerca a esos que ven en la revolución árabe un peligro para la inmigración”, añade Perrineau. Ella lo sabe: el 14 de marzo viajará a Lampedusa para interesarse por la reciente oleada de refugiados procedentes de Túnez.
Ya nadie se atreve a pronosticar qué pasará dentro de 14 meses. Camus avisa de la peligrosa porosidad que existe entre los votantes de la Unión por un Movimiento Popular de Sarkozy y el Frente Nacional, demostrada en el resultado de la elección de ayer. El 43% de los votantes de Sarkozy son favorables a alianzas con la extrema derecha. Los debates sobre la identidad francesa y el socorrido recurso a la seguridad del actual Jefe del Estado ya no bastan para retener votantes en fuga hacia lo más esquinado de la derecha. Algunos dirigentes socialistas, por su parte, se preguntan si unas primarias a cara de perro son una buena solución. Mientras tanto, las frases de Le Pen comienzan a percibirse como algo más que bravatas.
REPORTAJE
La hija del líder de la ultraderecha francesa sube en los sondeos y se perfila como la más firme candidata a suceder a su padre en la dirección del Frente Nacional
ANTONIO JIMÉNEZ BARCA 19/12/2010
El pasado 9 de diciembre, en un conocido programa de entrevistas y de debate de France 2, A vous de juger, emitido en hora punta, la vicepresidenta del ultraderechista Frente Nacional (FN), Marine Le Pen, atrajo a cerca de 3,5 millones de espectadores. Uno de los productores reconoció días después que la eurodiputada, consejera regional e hija de Jean-Marie Le Pen, superó en audiencia al propio primer ministro, François Fillon, y a la primera secretaria socialista, Martine Aubry, en sus programas respectivos, emitidos semanas atrás.
A sus 42 años, Marine Le Pen se perfila como la candidata con más posibilidades de suceder a su padre al frente del partido de ultraderecha más famoso de Europa. No solo eso: con un 27% de tasa de popularidad y un 14% de intención de voto en las próximas elecciones presidenciales de 2012, la hija de Le Pen, ex abogada, dueña de un perfil menos abrupto, en apariencia, que el que cultiva su padre, con una puesta en escena y una actitud intencionadamente más moderna, apunta como una amenaza creciente para el centroderecha de Sarkozy, al que se apresta a despojar de los votos de los que este se apropió en 2007, cuando fue elegido presidente de la República.
Entonces, el FN quedó al borde de la desaparición y todo el mundo creía que los resultados electorales y la edad de Jean Marie Le Pen, de 82 años, el hasta ahora indiscutible, incombustible y fundador de la formación, condenaban al Frente Nacional a una extinción progresiva.
No ha sido así. Marine, alta, rubia, fuerte, casi siempre sonriente, divorciada dos veces, con tres hijos (la mayor, bautizada como Jehanne, con ortografía deliberadamente medieval, en honor de Juana de Arco, emblema del FN), combina hábilmente la modernidad y la tradición, se desenvuelve con maestría en la televisión (es una temible adversaria en los debates televisivos), apela un día a los franceses que miran de reojo a los inmigrantes y otro a los que intuye atosigados por el paro y la crisis (que a veces coinciden).
Algunos la consideran como una versión levemente edulcorada de su padre, una suerte de Le Pen del siglo XXI con un tinte social que ella cultiva con habilidad. Otros avisan de que el barnizaje de moderación es solo fachada, recuerdan de dónde viene, qué pretende y cuál es su programa. Ella les da la razón a los dos. Por lo general, sus opiniones no indignan tanto como las de su padre (se ha desmarcado de él, en apariencia, en algunas ocasiones), pero también es capaz, cuando la situación lo demanda, de recurrir a la vieja táctica del lepenismo, esto es, de soltar una calculada bomba de relojería que sigue retumbando en la sociedad francesa durante días y de cuya onda expansiva se aprovecha ella con cierta desfachatez.
Lo hizo el viernes en Lyon, delante de unos centenares de militantes, cuando aseguró: “Hace unos 15 años fue el velo; luego vino el burka, y ahora, las oraciones de los musulmanes en la calle”. Después equiparó, ni más ni menos, esas oraciones en la calle con la ocupación nazi durante la II Guerra Mundial en Francia. “No se hace con blindados, ni con soldados, pero es también una ocupación”.
Ya estaba dicho. Diversas asociaciones antirracistas y musulmanas denunciaron su comentario. Algunas amenazaron con llevarla a los tribunales. Hubo manifestaciones de protesta. Todo el arcoíris político francés se hizo eco de la frase para criticarla, con más o menos énfasis. Jean-François Copé, el secretario general de la Unión por un Movimiento Popular (UMP), la formación de centroderecha de Nicolas Sarkozy, se apresuró a señalar: “No nos engañemos: ella es Le Pen”.
Después de dejar que su comentario resonara en todas las radios y televisiones durante el fin de semana, Marine Le Pen remató la jugada con una conferencia de prensa en la que se ratificó en cada palabra, y aseguró tranquilamente: “Yo digo lo que todos piensan en voz baja. No me asusta la polémica”.
Es decir, la exponente de la siguiente generación del Frente Nacional no reniega del pasado. De hecho, sabía lo que decía y dónde. Lyon es el feudo de Bruno Gollnisch, el rival que le disputará el liderazgo del FN en el definitivo congreso de Tour, que se celebrará a mediados de enero y que elegirá al sucesor de Jean Marie Le Pen, que ya ha anunciado que abandonará el puesto. Gollnisch, de 60 años, profesor universitario, culto, especialista en civilización japonesa, lugarteniente desde siempre de Le Pen, depositario ideológico del partido, observa desde hace meses cómo la hija de su jefe, mimada en cierta manera por los medios de comunicación (o por lo menos reclamada por ellos), la que prometió “desatanizar” el partido, le sobrepasa por la izquierda y la derecha.
El congreso, con todo, será reñido, ya que Gollnisch, al que las encuestas dan mucho menos proyección nacional y goza de mucho menos popularidad en el país, disfruta del reconocimiento y la credibilidad de los aproximadamente 20.000 militantes.
Mientras tanto, Marine Le Pen, apoyada por su padre, con muchos menos libros a cuestas que su oponente, a la que los colaboradores surten de notas sobre cualquier tema a cada momento, se prodiga en Paris Match, en la televisión, en la radio o donde le llamen. Está convencida -junto con la mayoría de la clase política de Francia- de que vencerá al viejo Gollnisch en enero. A partir de entonces, apuntará a las elecciones presidenciales de 2012.
Al viejo programa político de su padre ha añadido ciertas aportaciones personales, creando una macedonia populista con la que va acaparando seguidores. Así, promete tasar a los especuladores bursátiles, sacar a Francia del euro, cerrar las fronteras o acabar con el derecho a la nacionalidad francesa por el hecho de haber nacido en Francia (“la nacionalidad se hereda o se merece”, repite siempre). Aboga por un proteccionismo comercial que ella denomina simplemente “patriotismo económico” y que tiene buena acogida en sectores rurales, promete convertir hospitales y cuarteles que el Estado quiere vender en cárceles provisionales para albergar delincuentes, acabar con los traficantes de droga de los barrios peligrosos de las periferias de las ciudades y convocar un referéndum para volver a decretar la pena de muerte si así lo quiere el pueblo.
Por ahora, el mejunje le funciona: en las pasadas elecciones regionales, celebradas en junio, batió su propio récord al conseguir en el segundo turno, como cabeza de lista de la región de Nord-Pas-de-Calais, más de un 22% de los votos. “Soy presidenciable”, aseguró en aquel momento, con su sonrisa de siempre. Muy pocos la creyeron entonces.
El presidente del PP de Badalona niega ser racista y avisa que nadie le va a callar
García Albiol ha declarado durante una hora y media ante la Fiscalía por los trípticos que vinculaban inmigración y delincuencia
EFE – Miércoles, 20 de Octubre de 2010
El presidente del PP en Badalona, Xavier García Albiol, ha negado hoy ser racista, y ha advertido, acompañado por la presidenta del PPC, Alícia Sánchez-Camacho, de que ni ICV ni el Govern, “que como no pueden parar al PP en la calle lo intentan en los juzgados”, le harán “callar”.
BARCELONA. García Albiol ha hecho estas consideraciones tras declarar durante una hora y media ante la Fiscalía por los trípticos que repartió en Badalona el pasado mes de abril, que vinculaban inmigración y delincuencia, y por unas polémicas declaraciones en las que subrayaba que los gitanos rumanos de Badalona van a esta localidad a delinquir.
El concejal popular ha asegurado que la declaración había ido “muy bien” y ha precisado que había aclarado al fiscal especializado en delitos de odio y discriminación Miguel Ángel Aguilar que él no había alentado “ni la xenofobia ni el racismo”, sino que se había limitado a denunciar los “problemas de seguridad, incivismo y convivencia” que se dan en algunos barrios de Badalona.
En este contexto, tanto Albiol como Sánchez-Camacho, que ha respaldado sin fisuras a su candidato a la alcaldía de Badalona, han presentado al PP catalán como una ‘víctima’ de ICV y del Govern “que encabeza José Montilla”, y han subrayado que no permitirán que se ponga una “mordaza” a su política de inmigración.
Según los dirigentes populares, el tripartito y uno de sus socios actúan así porque “no quieren que se hable de los problemas de convivencia” que existen.
“Seguiré defendido todo lo que me parezca justo para los vecinos de Badalona y denunciando aquellas injusticias que están sufriendo muchas personas que viven en mi ciudad”, ha remarcado García Albiol, que ha tachado de “muy poco presentable” que pidan “cárcel” para tratar de “pararle” y de “silenciarle”.
Tanto Sánchez-Camacho como el presidente del grupo del PP en el Ayuntaiento de Barcelona, Alberto Fernández Díaz, que también ha acompañado hoy a Albiol, han dejado claro el apoyo del PP catalán a su representante, cuya declaración ha suscitado una gran expectación mediática.
La candidata del PP catalán a la Generalitat ha tildado de “vergonzoso y muy triste que un representante democrático sea perseguido judicialmente a instancias de un informe del Govern o de ICV por defender una inmigración legal y ordenada”.
Aunque en abril, tanto la dirección nacional del PP como el PP catalán, pidieron disculpas a la comunidad rumana por incluir en un díptico del partido la imagen de un cartel con la frase “No queremos rumanos”, hoy le han arropado sin matices en su declaración.
Sánchez-Camacho ha remarcado que su respaldo público a Albiol era “en nombre de todos los militantes” del partido, y ha repetido en varias ocasiones que el tripartito no se saldrá con la suya en su intento de “intimidar” al PP para que no hable de inmigración.
“Mientras otros quieren dar la espalda a la realidad, el PP está afrontando los casos de incivismo y las injusticias que sufren muchos vecinos”, ha asegurado Sánchez-Camacho, que ha presentado a su partido como el “portavoz” de los problemas de los catalanes frente a los intentos de estas formaciones de acallarlos.
Aunque Sánchez-Camacho ha dicho “respetar” las decisiones de la justicia, ha destacado que el PP sigue la política de inmigración “de la mayoría de los países de Europa”.
“Si el tripartito pretendía poner una mordaza (al PP), se ha equivocado”, ha dicho la dirigente popular, mientras que Fernández Díaz, que el domingo presentó en Salt (Girona) el programa de inmigración del PP, ha subrayado que la inmigración también tiene “obligaciones” y debe “respetar a la sociedad que la acoge”.














