18 juliol 2011

75 anys del colp d’estat feixista: l’inici de l’holocaust a l’Estat espanyol que la dreta encara es nega a condemnar

Avui 18 de juliol de 2011 fa 75 anys que els feixistes s’alçaren en armes contra el govern democràtic de la República. 40 anys de dictadura i una evident herència feixista a l’Estat actual: monarquia, impunitat, revisionisme i privilegis pels responsables del règim. No hi hagué Transició, sinó un rentat de cara del règim; ningú ha pagat per tants crims, i la història continua sense ensenyar-se a les escoles. Els cossos dels represaliats continuen a les cunetes, i la dreta espanyola mai ha condemnat cap d’estos fets. Per tot això, i en memòria dels qui van perdre la vida i la llibertat per les llibertats, el nostre millor homenatge és continuar la lluita, combatre el feixisme i les seues noves expressions, i sobretot, no oblidar, no perdonar i exigir justícia, veritat i reparació. Recollim alguns articles sobre l’aniversari publicats a diferents mitjans. I vos recomanem aquest web amb un recull d’imatges inèdites i molt emotives de la República, la Guerra Civil, la dictadura feixista i la Transició.

EL PRESIDENT DEL CONGRÉS ESPANYOL, JOSÉ BONO (PSOE) ES NEGA A CONDEMNAR EL COLP D’ESTAT


Notícia de Público:

75 años del golpe militar contra la República

Revisionismo e historia

El objetivo político es mantener la ortodoxia de los propagandistas de Franco

ALBERTO REIG TAPIA* 18/07/2011 * Catedrático de Ciencia Política de la Universitat Rovira i Virgili. Autor de varias obras sobre el revisionismo neofranquista.

A finales de los años noventa, cuando los historiadores habían llegado a un relativo consenso sobre las cuestiones fundamentales asociadas a la Guerra Civil y al franquismo, explotó el fenómeno revisionista de la mano de publicistas como Pío Moa. Tomó este el testigo que dejara vacante Ricardo de la Cierva. Primero reescribió la historia de la II República al gusto de la derecha políticamente operativa, a continuación la de la Guerra Civil e inmediatamente la del franquismo. Despejado el camino, ha sido capaz de renovar en solitario (Stanley G. Payne dixit) toda la historiografía española contemporánea.

Siguieron otros muchos publicadores torrenciales, como José María Marco, bien aplicado en reescribirle la biografía a José María Aznar (que sería un liberal desde la misma cuna). Marco hace los deberes como dios manda y carga contra la Institución Libre de Enseñanza, los ilustrados, liberales y regeneracionistas españoles o las reformas de toda índole emprendidas por la II República española edulcorando la eficacia denigratoria de propagandistas como Joaquín Arrarás (hagiógrafo de Franco y de la “cruzada”), Eduardo Comín Colomer (comisario de Policía experto en masonería y comunismo) o José María Pemán (antiinstitucionista ferviente y el poeta de Franco que clamaba por el “exterminio” de los rojos). Otros, como César Vidal, experto en ciencias ocultas y otros populares saberes pero, ante todo, autor de incontinentes publicaciones sobre todo lo divino y lo humano, pone también su granito de arena radiofónico a esta nueva cruzada en nombre de La Verdad revelada en horario nocturno.

Otros propagandistas, como Ángel David Martín Rubio, abandonada su camisa añil falangista pero fiel a sus hábitos sacerdotales, se ha dedicado a blanquear la represión franquista y ennegrecer la ocurrida en zona republicana durante la Guerra Civil. Todos ellos son bendecidos por Federico Jiménez Losantos, el verdadero espónsor del neofranquismo liberal, quien lanzaba sus soflamas desde la Cope hasta que los obispos no pudieron resistir más las continuas denuncias y sentencias condenatorias que caían en cascada sobre su periodista estrella. Los revisionistas actuales son todos ellos, huelga aclararlo, genuinos liberales… de los de José María Aznar y Esperanza Aguirre, para entendernos.

Cabría agregar a esta escueta lista muchos más debidamente espoleados por otros periodistas y escritores del fuste de Sánchez Dragó, Carlos Dávila, Eduardo García Serrano jr., Alfonso Ussía, Hermann Tertsch o Juan Manuel de Prada… La lista es infinita, pero ya se sabe que, como dijo Vespasiano, pecunia non olet (el dinero no huele).

¿Cuál sería el objetivo político de este mal llamado revisionismo histórico? Mantener la ortodoxia histórica fijada por los propagandistas de Franco y sus continuadores. Es decir, la República (la democracia) y la izquierda (los socialistas) son los verdaderos responsables de la Guerra Civil que iniciaron ellos en 1934, y ahora sus continuadores (Zapatero y sus apoyos políticos) se empecinan en llevarnos por la misma senda. La sublevación militar de 1936 fue una legítima rebelión contra la izquierda que ya había destruido la democracia y, en cualquier caso, un golpe preventivo que se adelantó al que preparaba la izquierda; ergo Franco nos salvó del comunismo adelantándose a las pretensiones esclavizadoras de Stalin para el resto de Europa.

Se trata de despejar el camino a la derecha política más dura, reescribirle en liberal su propio pasado antidemocrático, arremetiendo contra la izquierda gubernamental, tan antidemócrata como la de 1936, empecinada en dividir y enfrentar a los españoles y llevarnos de nuevo a la senda de una guerra civil. Hay por ello que arremeter sin contemplaciones contra cualquier veleidad en materia de Memoria Histórica (nefando concepto) que trate de hacer justicia a las víctimas de la Guerra Civil (intolerable pretensión) que aún no han recibido la reparación debida (las republicanas, obviamente, puesto que las otras no pararon de ser reparadas a lo largo de la dictadura franquista).

La Guerra Civil no sólo la ganó Franco, sino que se trataba de que la siguiera ganando, historiográficamente hablando, después de muerto. Políticamente, se trata de monopolizar el Gobierno de España excluyendo a la izquierda reformista por todos los medios que el ejercicio del poder permite. Esta trata de disipar los restos caducos de un pasado envenenado por la Guerra Civil que la derecha intransigente provocó y la feroz dictadura institucionalizó, y a cuya sombra pudo vivir “una época de extraordinaria placidez” (Jaime Mayor Oreja dixit).

Cuando este mal llamado revisionismo histórico neofranquista vende cada vez menos y nada puede hacer ante las contundentes aportaciones de la historiografía española después de 33 años de democracia y expurgación a fondo de toda clase de archivos españoles y extranjeros, nos sorprende y anonada que la Real Academia de la Historia les eche una manita con la publicación de su magno Diccionario Biográfico Español. Era una ocasión de oro para consagrar definitivamente los avances imparables de nuestra historiografía en las últimas décadas. Lamentablemente, el fiasco ha sido mayúsculo.

En él, junto a académicas biografías de personajes escritas por historiadores profesionales dignos de su oficio que han respetado escrupulosamente las normas que la propia Academia exigía para la redacción de los correspondientes artículos, aparecen otras encargadas a personajes incapacitados ab initio de cumplir sus tareas con un mínimo de solvencia y que, para mayor escándalo, no se han aplicado las propias normas que han exigido al resto de colaboradores. ¿Cómo puede encargarse a Luis Suárez -un mediavelista monopolizador de los papeles de Franco depositados en su Fundación, que dice sentir “un profundo desprecio por la democracia”- la biografía de Franco, o a otro destacado azañófobo como Carlos Seco Serrano la de Azaña, al que no ha dedicado ni una línea de investigación original sin pasar al menos por la criba de evaluadores externos o especialistas acreditados, como se exige hoy en día en cualquier revista académica? Los resultados a la vista están. La pifia ha sido inaudita; los errores puramente factuales cometidos nos sumen en una profunda indignación. Desvergüenza e incompetencia a raudales deberían exigir dimisiones ya y renovación de tan indocta institución ya. Pero, al parecer, Spain is different en cuanto a historia y cultura política se refiere.

A la caza del demócrata

Más de medio centenar de diputados del Frente Popular fueron perseguidos hasta la muerte por los golpistas, entre los que estaban algunos parlamentarios de la oposición

DIEGO BARCALA Madrid 18/07/2011

“Si lo hubiera (un solo militar dispuesto a sublevarse en favor de la monarquía y en contra de la República), sería un loco, lo digo con toda claridad, aunque considero que también sería loco el militar que al frente de su destino no estuviera dispuesto a sublevarse en favor de España y en contra de la anarquía”. Con esta amenaza incendiaba el parlamentario José Calvo Sotelo el debate del martes 16 de junio de 1936 en el Congreso de los Diputados.

El ruido de sables era algo más que un rumor en los pasillos de la Carrera de San Jerónimo cuatro meses después de que las izquierdas agrupadas en el Frente Popular obtuvieran 279 de los 448 escaños. Lo que desconocían sus señorías es que la violencia se apoderaría del Parlamento de tal manera que en los siguientes meses iban a morir medio centenar de aquellos representantes electos. Los golpistas persiguieron a socialistas, republicanos y comunistas a muerte hasta bien acabada la guerra. El diputado socialista Carlos Rubiera Rodríguez fue fusilado en las tristes tapias del Cementerio del Este el 7 de noviembre de 1942, tras su detención en Alicante en 1939.

Los diputados del Congreso fueron objetivo prioritario para el plan exterminador de los sublevados. “Se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo, que es fuerte y bien organizado. Desde luego serán encarcelados todos los directivos de los partidos políticos, sociedades o sindicatos no afectos al Movimiento, aplicándose castigos ejemplares a dichos individuos para estrangular los movimientos de rebeldía o huelgas”, ordenó por escrito el general Emilio Mola en la primera de sus cinco “instrucciones reservadas” que firmaba como “El Director” y que envió el 25 de mayo a los militares rebeldes.

“Los representantes políticos cualificados eran los escogidos para las primeras tandas de la represión. Tenían claro quién tenía que ir primero y quién segundo”, explica el historiador Francisco Espinosa, autor de Violencia roja y azul. España 1936-1950 (Editorial Crítica). “Fueron a por los diputados pero también a por alcaldes y concejales. De hecho, también eliminaron a muchos apoderados electorales porque tenían sus nombres desde febrero de 1936″, explica.

Desde que el resultado electoral devolvió a la derecha a la oposición quedó claro que muchos en el Parlamento apostarían por “cambiar las urnas por las armas”, como describe el historiador Julián Casanova en el volumen 8 de República y Guerra Civil (Editorial Crítica). En el capítulo Las raíces del enfrentamiento detalla las reuniones que los militares afines al exministro de la Guerra José María Gil Robles celebraban en casas de amigos del diputado de la CEDA.

“El 4 de julio el acaudalado Juan March aceptó aportar dinero para conseguir el avión que trasladaría a Franco desde Canarias a Marruecos. El avión, un De Havilland Dragon Rapide, fue alquilado dos días después en Inglaterra, con las 2.000 libras esterlinas que proporcionó March, por Luis Bolín, el corresponsal del periódico ABC en ese país”, relata. Militares, diputados, banqueros y empresarios unidos contra la democracia y dispuestos a eliminar a sus rivales políticos en tapias de cementerios, cunetas y hasta el mar.

“Hay una planificación de sacar la guadaña con todos los dirigentes de carácter sindical y político que pudieran resultar referenciables para las clases medias”, explica la historiadora Mirta Núñez, coordinadora de La gran represión (Editorial Flor del Viento). Núñez enlaza el fusilamiento de los diputados de izquierdas como una consecuencia de “la estrategia de difamación y propaganda catastrofista que llevó a cabo la derecha durante esa legislatura para justificar el golpe” a la legalidad democrática, detalla.

Una democracia representada en una generación de parlamentarios que causó baja en el Congreso de los Diputados el jueves 2 de febrero de 1939, ante la inminente invasión de Catalunya por parte de las tropas de los golpistas al mando de Francisco Franco que aquel mismo día firmó una orden para declarar la fe católica como única legal en España. Las incompletas fichas de los diputados en el Congreso reflejan esa fecha, el 2 de febrero, como su último día en la Cámara.

Sin embargo, el primer diputado electo en los comicios de 1936 en causar baja fue uno de los partidarios de reventar el Parlamento. José Calvo Sotelo murió tiroteado cinco días antes del 18 de julio en Madrid. Un mes antes, en el citado debate parlamentario, espetaba a los que le acusaban de golpista: “Para mí, el Ejército, no es en momentos culminantes para la vida de la patria un mero brazo, es la columna vertebral”.

El 13 de julio de 1936, policías compañeros del teniente José del Castillo, asesinado por derechistas 24 horas antes, respondían a la muerte del guardia de Asalto con las armas. Calvo Sotelo fue disparado y llevado al depósito del Cementerio del Este. En su funeral, sus partidarios le despidieron con el saludo fascista. El golpe era inminente. Con la sublevación en marcha se produjo el asesinato de cerca de una veintena de diputados derechistas a manos de milicianos. “La República rechazó esos asesinatos y se puede comprobar cómo llamó a los milicianos a no tomarse la venganza por su mano. De hecho, controló los fusilamientos a finales de 1936″, define Núñez.

La eliminación de los representantes del Frente Popular fue llevada a cabo con celeridad en todos los lugares por donde avanzaban los rebeldes. El diputado de Izquierda Republicana electo en Tenerife Luis Rodríguez Figueroa tomó un barco el 16 de julio desde Canarias a Cádiz. El 18 de julio llegó a la Península y se topó con el golpe de Estado. Acudió al Gobierno Civil a informarse y fue detenido por las tropas de la Legión, que lo embarcaron de vuelta a Tenerife. El 14 de octubre fue “puesto en libertad”. Nunca volvió a casa. Como otros izquierdistas canarios fue hecho desaparecer en el mar.

Rodríguez Figueroa es uno de los 14 diputados del partido de Manuel Azaña elegidos en 1936 que fueron fusilados. Izquierda Republicana (IR) obtuvo en las elecciones 86 diputados, tres menos que el PSOE. Pese a su presencia mayoritaria, el recuerdo de sus diputados es escaso. No tienen quién les reivindique. “La gente no sabe que en las elecciones de 1977 se pudo presentar el PCE, pero no se legalizaron los partidos republicanos. Nadie desde la Historia se ha encargado de ellos”, lamenta el presidente de la Fundación Manuel Azaña, Isabelo Herreros.

El PCE, que creció durante la guerra hasta convertirse en la única organización capaz de dirigir al Ejército, apenas consiguió un apoyo en las elecciones del 1936 de 16 diputados. Sin embargo, Calvo Sotelo, al frente de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) que obtuvo 87 escaños en una campaña bajo el lema “Contra la revolución y sus cómplices”, se esforzó en acusar al Gobierno del republicano Santiago Casares Quiroga de dejar España en manos de la Rusia comunista. “Aquí hay diputados marxistas partidarios de la dictadura del proletariado y apóstoles del comunismo libertario”, alarmaba en el Congreso.

A falta de una historiografía que reivindique el exterminio de los políticos de centro izquierda republicanos, Isabelo Herreros ha elaborado el único listado de líderes de IR represaliados. Entre ellos, destacan nueve gobernadores civiles de IR de los 11 que fueron asesinados. La saña de los franquistas se mostró salvaje en el caso del profesor Francisco Pérez Carballo, gobernador de A Coruña que se resistió en la sede del Gobierno Civil con un puñado de guardias de Asalto. A los cuatro días fue fusilado a los 27 años.

Su mujer, la bibliotecaria de la Universidad Central de Madrid y discípula entre otros de José Ortega y Gasset, Juana Capdevielle, embarazada, perdió su hijo al conocer la noticia, y fue detenida. Tras ser liberada y buscar refugio en casas de otros diputados republicanos como Victoriano Veiga o José García Ramos fue detenida de nuevo y asesinada en las proximidades de Rábade (Lugo) el martes 18 de agosto. El mismo día que en un lugar desconocido de Granada era asesinado Federico García Lorca por las mismas armas antidemócratas.
Los entregados a Franco por la Gestapo

Los sublevados no pararon en su afán exterminador al término de la Guerra Civil. Su voluntad genocida les llevó a pedir la colaboración de la Gestapo en el sur de Francia. En el exilio fueron detenidos tres diputados electos en el Parlamento atacado por el golpe de Estado: Lluís Companys (ERC), Julián Zugazagoitia (PSOE) y Manuel Muñoz Martínez (IR). Los tres fueron víctimas de lo que los historiadores llaman represión legalizada. Es decir, la que aplicaron los franquistas en la posguerra al acusar a sus enemigos de rebeldes. Companys fue fusilado en el castillo de Montjuïc el 15 de octubre de 1940. Zugazagoitia fue acusado de rebelión y fusilado en Madrid el 9 de noviembre de 1940. Muñoz fue fusilado en Madrid tras un consejo de guerra el 1 de diciembre de 1942.

El Foro por la Memoria renombra varias calles de Madrid

Miembros del Foro el Foro por la Memoria de la Comunidad de Madrid han retirado esta madrugada una placa de la calle del Doctor Vallejo Nájera, en el centro de la capital, y la han sustituido por otra con el nombre de “Calle contra la Impunidad”. En otros tramos de la calle, los miembros del Foro han tapado las placas con otras “propuestas” como “Calle 14 de abril” y “Calle de la Libertad”.

En una acción llevada a cabo en la madrugada de este 18 de julio, dentro de su campaña “Limpia tus calles de Fascismo”, el Foro por la Memoria de la Comunidad de Madrid ha renombrado también el Polideportivo Municipal Moscardó como “Criminal Moscardó”.

En un comunicado, el Foro señala que Antonio Vallejo Nájera, primer catedrático numerario de Psiquiatría en España, “fue el director de los servicios psiquiátricos del ejército franquista”.

“Vallejo Nájera -añade- fue el responsable de la justificación que llevó al robo de niños o al encierro en psiquiátricos de madres solteras tras la guerra civil”.

El presidente de la Federación Estatal de Foros por la Memoria, José María Pedreño emplazado en el comunicado “a las autoridades de Madrid y de toda España” a “cumplir la ley y proceder a la retirada de simbología fascista de una vez por todas”.

“Es una cuestión de legalidad y de higiene democrática. Que la ciudadanía contemple que los valores y actitudes fascistas no tienen cabida en nuestra sociedad”, afirma.

Pedreño señala que “en España todavía hay muchas calles que siguen recordando a los asesinos, violadores y torturadores que dieron el golpe de estado, que exterminaron a centenares de miles de personas e hicieron presas a otras muchas cuyo único ‘delito’ había sido luchar por defender la democracia frente a un régimen impuesto a sangre y fuego”.

“El alcalde de Madrid, Alberto Ruíz Gallardón (PP), la presidenta de la comunidad, Esperanza Aguirre (PP) y los representantes políticos de muchos otros ayuntamientos y comunidades de toda España permiten que, desde la simbología pública, se siga humillando a las víctimas del franquismo y se siga haciendo apología de crímenes contra la humanidad”, opina Pedreño.

Notícia de KaosenlaRed:

La condena del 18 de julio: ¿De verdad importa que el Congreso de Diputados español condene el golpe militar fascista del 18 de julio?

Salvador López Arnal

No fue el 18 de julio. Fue dos días antes y la obertura fue “gloriosa”, estilo marca Corleone Franco y sus secuaces. “Numerosos son los autores que fechan el comienzo de la sublevación el 17 de julio, iniciada con una algarada en torno al edificio de la Comisión Geográfica de Melilla. Sin embargo, corresponde al general Francisco Franco el honor, o más bien el deshonor, de haber iniciado la rebelión. Lo hizo la víspera. A la chita callando. Muy en carácter. Se llevó por delante a un compañero, el general Amado Balmes, comandante militar de Gran Canaria. El futuro fundador del “nuevo Estado” combinó su maniobra con un sofisticado operativo para salir de las islas a bordo de un avión inglés. La “historiografía” franquista nos ha dado gato por liebre durante setenta y cinco años en relación con aquellos acontecimientos germinales. Continúa haciéndolo”, con estas palabras abre Ángel Viñas el primer capítulo de su último libro [1]. Empezaron como acabaron: asesinando; el círculo se cerró con sangre. Vayamos al apartado institucional.

Según todos los indicios, el Congreso español, 36 años después de la muerte de Franco, 33 años después de aprobarse la Constitución de 1978, condenará el próximo lunes, en una declaración institucional que cuenta, en última instancia, con los ojos y las tijeras de la tercera autoridad del Estado, el golpe del 18 de julio [2]. Todos los grupos, parece que sin excepción, apoyan esta declaración con motivo del 75º aniversario de la sublevación fascista [3]. La redacción inicial del texto es prácticamente idéntica, según se cree, al de la iniciativa que salió adelante en la Comisión Constitucional del Congreso en 2002. Esta contó también con el respaldo de todos los grupos, el PP aznarista no excluido. ¡Ya podemos imaginarnos las toneladas de descafeína que llevaba dentro! Izquierda Unida e ICV presentaron el pasado jueves, 14 de julio, un excelente día revolucionario para ello, el texto de condena ante la Junta extraordinaria de Portavoces que se celebró en la Cámara Baja tras. Como ningún grupo vetó la propuesta, la declaración institucional se leerá durante la sesión del próximo lunes.

No es, en todo caso, “una reprobación explícita del franquismo”, sino “una condena unánime del acontecimiento que dio comienzo a la Guerra Civil que derivó en una dictadura que se prolongó durante 40 años”. ¿Qué acontecimiento? ¿El intento de golpe? ¿El asesinato del general Balmes? ¿Los bombardeos a la población civil? ¿La política de tierra quemada del fascismo español?

No se conoce en el momento en que escribo el texto definitivo de la declaración. Iñigo Aduriz da cuenta de algunos pasos del escrito. Según parece, se afirma en él que, en el 75º aniversario del inicio de la guerra civil, nadie puede sentirse legitimado, como ocurrió en 1936, “para utilizar la violencia con la finalidad de imponer sus convicciones políticas y establecer regímenes totalitarios contrarios a la libertad y a la dignidad de todos los ciudadanos”. Estas prácticas, las que llevaron a los franquistas al poder, merecen “la condena y repulsa de la sociedad democrática”.

La cosa no pinta bien, nada bien, de entrada. ¿Regímenes totalitarios para hablar del fascismo español? ¿Quiénes usaron la violencia para imponer sus convicciones políticas? ¿Unos y otros? ¿El fascismo español y las fuerzas republicanas y revolucionarias de izquierda? ¿Contrarios a la libertad y dignidad de todos los ciudadanos? ¿De todos? ¿Pero no hubo muchos (y muchas también, aunque menos) que tomaron de nuevo a España como su cortijo -sin exclusiones regionales y nacionales: el fascismo no fue, por ejemplo, algo externo a Catalunya como a veces se sostiene-y camparon, robaron, maltrataron y asesinaron como les vino en gana?

La declaración considera conveniente para la convivencia democrática que se mantenga “el espíritu de concordia y de reconciliación que presidió la elaboración de la Constitución de 1978 y que facilitó el tránsito pacífico de la dictadura a la democracia”. Este cuento ya no es de recibo; nos sabemos todos esos cuentos, otros también, como dijera León Felipe. No nos gustan nada, nada de nada. El mito de la “Inmaculada Transición” [4] es un mito insoportable, intelectual y poliéticamente. La fuerza (militarizada) que dirigió la política española durante esos años no fue la concordia sino el miedo, la pistola y el espadón. Monarquía, bandera, símbolos franquistas, privilegios sociales, capitalismo, bases usamericanas, ocultación de las víctimas, no fueron aceptados de buen grado, se impusieron. La pistola cargada apuntaba a la sien de la movilizada ciudadanía de izquierdas. Muchos temblábamos sin que el coraje nos hubiera abandonado.

El miércoles 13 de julio, el presidente de la asociación Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), Emilio Silva, se quejaba, con razones atendibles, de la falta de respuesta de la mayoría de los grupos y consideraba “incomprensible” que la Cámara Baja conmemore a las víctimas del terrorismo o a las del Holocausto nazi y no recuerde a los “cientos de miles de desaparecidos durante la dictadura”. El día siguiente recibió con escepticismo la noticia de la propuesta de IU e ICV. “Algo es algo”, señaló. No se le perdió lo esencial: los familiares de los desaparecidos y los asesinados por el régimen de Franco están “discriminados en la institución en la que reside la soberanía del pueblo”. No sólo eso: muertos en la cárcel o asesinados como Miguel Hernández o José Arnal Cerezuelo, por poner dos ejemplos entre centenares de miles, siguen siendo delincuentes, reos de rebelión militar. Bazofia a ojos jurídicos oficiales. Emilio Silva añadió: “Es triste que Bono abra la puerta del Congreso a muchas víctimas y se las cierre a las del franquismo”. Es triste, desde luego, pero de la tercera autoridad borbónica cualquier cosa es pensable. Nos tiene acostumbrados a casi todo. Que siga siendo dirigente, con mando en plaza, de una fuerza política que dice ser socialista y obrera es para desesperar y no parar de correr hasta Cuba y Venezuela.

Joan Sardá, uno de los mejores y más sólidos diputados de la cámara, un representante político en el que la cultura antifranquista ha dejado huella sólida que no se desvanece en el aire, comentó otro nudo esencial. El siguiente: “Las víctimas de la Transición hoy serán olvidadas, como otras. Hoy no se reconocen las víctimas del terrorismo de Estado, de los grupos fascistas en la Transición, igual que no han reconocido en la Ley de la Memoria otras víctimas de años anteriores, como Salvador Puig Antich. Y es una vergüenza”. La memoria de las víctimas del posfranquismo sigue desamparada tras la Ley de Víctimas que aprobó el 14 de julio Congreso con el único voto en contra de esa formación de extrema derecha españolista llamada UpyD [5].

Sea como sea, más allá de todo ello, la cuestión, ¿importa realmente que el Congreso aprueba una declaración de ese tipo? ¿A quién le importa esa puesta en escena? Mirado con generosidad: importa, no hay que ser sectarios ni torpes. La intención política de IU e ICV, su buena intención política, es obvia; nada que objetar. Pero, aunque seamos tan generosos como queramos ser, aunque aceptemos que a casi todo lo hecho pecho, no es ni va a ser creíble. No puede serlo. Demasiado para la racionalidad y el sentimiento humanos.

¿Cómo vamos a creer la condena del PP del golpe de julio de 1936 si su partido está lleno de franquistas y neofranquistas y tiene como presidente de honor a un ministro de Franco y uno de sus máximos dirigentes, el asesor de Murdoch, por no hablar de Mayor Oreja, es un nostálgico de todo aquello? ¿Cómo vamos a creer el gesto del partido del señor Rubalcaba si es incapaz de reconocer como víctimas a los familiares de Puig Antich, Enrique Ruano, Sánchez Bravo, Txiki y de tantos otros, y uno de sus dirigentes políticos, el señor Bono, abronca a ciudadanos, a viejos ciudadaos, por airear en el Congreso la bandera de la República? ¿Qué condena es creíble por parte de los unionistas cristianos de Duran i Lleida, una parte importante de CiU, a pesar de su dirigente asesinado, cuando tiene lazos íntimos y vasos comunicantes permanentes con una institución, la Iglesia católica y su sector más extremista opusdeista, que sigue conservando en sus templos símbolos fascistas sin propósito de enmienda sin jamás haber pedido disculpas por haber entrado bajo palio al dictador fascista en sus instituciones y haber apoyado con entusiasmo el golpe militar fascista tildándolo de cruzada religiosa?

Es difícil creer en esos gestos. Para muchos de ellos sigue siendo “verdad” un postulado que se ha ido imponiendo: el franquismo no fue tan malo, la represión bajó en picado a partir de 1950 y, además, Franco, con malos procedimientos eso sí, situó a España en un lugar destacado de las naciones desarrolladas. Prueba o indicio de ello: la despedida, con honores de Estado, de alguien que nunca renunció de la conveniencia del golpe, de los 40 años de fascismo ni de la estrategia lampedusiana de la transición: José Antonio Samaranch. ¿Se acuerdan quien gobernaba entonces en Catalunya? ¿El PP? Frío, muy frío. ¿CiU? Frío, bastante frío. ¿El gobierno tripartito de izquierdas? ¡Premio, han acertado! Un gobierno presidido por José Montilla, un ex trabajador emigrante que estudió el Bachillerato nocturno y que militó durante un tiempo en el Partido del Trabajo de España.

PS: Me olvidaba. “España responde a Argentina que sí investiga los crímenes franquistas” fue un titular en la prensa del pasado jueves, 14 de julio. Vale, de acuerdo, tomamos nota, aunque no haya indicios de todo ello. Manuel Fraga, despavorido, con temblor en el rostro, ha cruzado esta mañana la frontera europea.

¡Qué risa tía Felisa! ¡Qué cara dura doña Impostura!

Notas:

[1] Ángel Viñas, La conspiración del general Franco, Crítica, Barcelona, 2011, p. 1.

[2] La fuente de estas y otras informaciones: Público, de 15 de julio de 2011, pp. 14-15, especialmente la información de Iñigo Aduriz.

[3] Vicenç Navarro ha dado recientemente excelentes razones a favor del uso del concepto fascismo en lugar del término “franquismo”.

[4] El hallazgo conceptual, excelente en mi opinión, es de Jorge Riechmann

[5] Tardà defendió varias enmiendas, que no apoyó el PSOE, a la Ley de Víctimas. Aspiraban a que se reconociese como tales a otras víctimas, las de los crímenes políticos de la transición- transacción, las que están en el debe del Estado y sus fuerzas represivas (¡disolución de los cuerpos represivos!) y de los grupos de extrema derecha fascista.

ARMH acusa al Estado de maltratar a las víctimas del franquismo

EFE

El presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, Emilio Silva, ha señalado hoy que las víctimas del franquismo están siendo “maltratadas” por el Estado, cuando debería ser el primero en cuidar su memoria y ayudar a los familiares.

En la víspera del 75 aniversario del inicio de la Guerra Civil, Silva ha dicho a EFE que “el pasado pesa enormemente sobre la política española” y por eso el Estado tiene una “doble moral” y no condena de igual forma todos los tipos de violencia ni atiende de la misma manera a todas las víctimas de la violencia, venga de donde venga.

“Hay víctimas de hechos muy violentos que tienen derecho a la verdad, la justicia y la reparación y otras que no tienen derecho a nada”, ha señalado el presidente de ARMH, para quien la Ley de Memoria Histórica no tiene otro fin que el de “subvencionar” exhumaciones, es decir, “subvenciona derechos humanos en lugar de garantizarlos”.

Emilio Silva también ha advertido de que no es necesaria una comisión de expertos que recomiende qué hacer con el Valle de los Caídos y lo que se necesita es “decisión política” para acabar con este monumento que supone un “enaltecimiento de la violencia” que trajo la dictadura de Franco.

Al respecto, cree que tras las elecciones habrá una nueva “bronca política” que salpicará a las víctimas del franquismo y a los familiares, porque si se adelantan los comicios habrá un informe de la comisión y, si se cumplen las encuestas, un gobierno distinto al que lo pidió para atender dichas recomendaciones.

Para el presidente de esta asociación, es “triste” que después de tantos años el Estado no haya resuelto aún muchos problemas, y en concreto ha lamentado que, en democracia, aún queden fosas comunes y ningún presidente del Gobierno haya celebrado un acto público de homenaje a las víctimas.

Por el contrario, ha señalado, el Estado practica la “negación de auxilio” y hace que las víctimas del franquismo y sus familiares parezcan “culpables de algo”, y quienes tratan de ayudarlas también lo son, como el juez Baltasar Garzón.

Para Silva, Garzón ha sido también “una víctima del 18 de julio”, sólo por intentar ayudar a los familiares de quienes han padecido “la peor violencia de todas”, la de la “desaparición forzada: secuestro con torturas, asesinato y ocultación del cadáver. No hay nada peor”.

A Emilio Silva no le parece suficiente que el Congreso estudie hacer esta semana una declaración institucional por el aniversario de la guerra civil y cree que debería celebrarse un acto de condena.

Tampoco ve comprensible que el Gobierno del PSOE no se haya responsabilizado directamente de la búsqueda de los desaparecidos, y los familiares tengan que estar buscando por su cuenta la ayuda de asociaciones o de forenses que vayan a sus pueblos a identificar a las víctimas.

El PP, mientras, se solidariza por un lado en sus estatutos con las víctimas de cualquier violencia pero gobierna ayuntamientos que no sólo mantienen símbolos franquistas sino que incluso “obstaculizan” iniciativas de homenaje o funerales de víctimas exhumadas e identificadas, denuncia.

Emilio Silva cree que durante la dictadura se construyó una oligarquía que mantiene todavía “mucho poder”, personas que “blanquearon” su biografía y su fortuna y “ahora son los que más utilizan la palabra ‘demócratas’”.

Un poder que se ha demostrado con el caso de Garzón, porque le han tratado “como un cuerpo extraño” de un poder judicial en el que todavía hay una parte que “sigue sublevada”.

75 Años después, la Guerra Civil española despierta aún el debate en España

La Guerra Civil española (1936-1939), la mayor tragedia del país en el siglo XX de cuyo detonante se cumplen 75 años, sigue despertando debate en la España actual que la mira, no obstante, con distanciamiento.

Madrid, 17 jul.- La Guerra Civil española (1936-1939), la mayor tragedia del país en el siglo XX de cuyo detonante se cumplen 75 años, sigue despertando debate en la España actual que la mira, no obstante, con distanciamiento.

La insurrección militar contra el gobierno de II República, que fue el detonante del conflicto armado, comenzó el 17 de julio en la ciudad de Melilla (norte de África), aunque oficialmente se sitúa el 18 de julio, cuando la sublevación se expandió a otros puntos.

El aniversario es recordado hoy por la mayoría de los medios españoles que rememoran aquellos momentos que marcaron la historia reciente de España.

El diario “La Razón” publica una encuesta sobre la opinión de los españoles acerca de la contienda, realizada por la empresa NC Report con 600 entrevistas telefónicas.

Un 46,3 por ciento de los encuestados considera que 75 años después del estallido de la guerra, la sociedad española ya ha superado aquel enfrentamientos, mientras que un 44,8 cree que no y un 8,8 no sabe o no contesta.

Según el diario, lo más significativo de esa igualada cifra es que los que piensan que la sociedad todavía no ha superado el enfrentamiento tienen más de 65 años en un 55,4 por ciento, frente al 34,4 % que tienen entre 18 y 29 años.

El porcentaje es mucho más claro ante la pregunta de si hay que dejar definitivamente atrás la Guerra Civil, a la que un 90,2 por ciento respondió que sí, y solo un 6,7 por ciento dijo no.

La contienda, que costó al menos medio millón de muertos y supuso el exilio para miles de españoles, todavía genera controversia y no solo entre los historiadores.

Una muestra de ello es la polémica surgida a raíz de la aprobación de la Ley de la Memoria Histórica, aprobada el 31 de octubre de 2007 por el Parlamento, que fija las medidas de reconocimiento a las víctimas de la Guerra Civil y ordena la retirada de los símbolos del franquismo.

La ley fue aprobada con el rechazo del Partido Popular (PP, centroderecha), el principal partido de la oposición en España, que considera que divide a la sociedad y es contraria al espíritu conciliador que guió la Transición a la democracia.

Uno de los puntos más polémico, que ha generado un gran debate, es la apertura de las fosas donde fueron enterradas las personas asesinadas durante la contienda.

El juez Baltasar Garzón, que cobró fama mundial al ordenar en 1998 la detención del ya fallecido exdictador chileno Augusto Pinochet, autorizó la apertura de fosas para exhumar restos de desaparecidos al considerar que se habían cometido delitos contra la Humanidad.

Pero, la decisión de Garzón fue paralizada por la Audiencia Nacional española, que le acusa de prevaricación por ignorar la Ley de Amnistía de 1977, por lo que será juzgado y ha sido suspendido y apartado como magistrado de ese alto tribunal español.

La decisión del juez de abrir las fosas comunes, incluida una en la que se suponía que estaba enterrado el poeta Federico García Lorca, causó una gran polémica política y social entre los partidarios y los detractores que creen que no contribuye a cicatrizar las heridas.

Otro elemento de discordia ligado a la Guerra Civil es el futuro del Valle de los Caídos, el monumento más emblemático del franquismo, situado a unos 50 kilómetros de Madrid, y que fue construido por presos republicanos, cerrado por reformas en la actualidad.

El Gobierno español avanzó el pasado mes de junio que contempla la retirada de los restos de Francisco Franco del enorme mausoleo si la comisión de expertos que estudia su futuro así lo propone.

El Valle de los Caídos comenzó a edificarse en 1940 y en su construcción trabajaron miles de prisioneros republicanos, junto con obreros y presos comunes.

Allí reposan los restos mortales de 33.846 combatientes de ambos bandos, junto a los de Franco y José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange Española.

El presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, Emilio Silva, dijo hoy a Efe que las víctimas del franquismo están siendo “maltratadas” por el Estado, cuando debería ser el primero en cuidar su memoria y ayudar a los familiares.

En el 75 aniversario del levantamiento militar que originó la Guerra Civil, Silva opinó que “el pasado pesa enormemente sobre la política española” y ve “triste” que después de tantos años el Estado no haya resuelto aún muchos problemas y que, en democracia, queden fosas comunes y ningún presidente del Gobierno haya celebrado un acto público de homenaje a las víctimas.

(Agencia EFE)

Niños fusilados por el fascismo español

La ley franquista no permitía matar a menores, pero sí lo hacía si eran sospechosos de ayudar a los “rojos” o de prestar auxilio a los guerrilleros

María Comes y María Centeno | Prensa | 17-7-2011

Mercedes González contesta al teléfono rápidamente, como si estuviera esperando a que alguien la llamara para poder contar la historia que su madre le narró antes de morir. Es la historia de su tío, Dionisio Martínez, que siendo solo un niño conoció la muerte. Su crimen, ser hijo de un hombre de izquierdas. Había regresado al pueblo por vacaciones y esos dos meses de verano eran la antesala de su adolescencia. En septiembre iba a cumplir 14 años y empezaría a estudiar en otro colegio, el de San Juan de Dios, en Madrid. “Estaba muy emocionado”, dice Mercedes recordando el testimonio de su madre. Pero Dionisio nunca llegó a esa escuela. Nunca se hizo adulto.

La madre de Mercedes oyó cómo le pegaban cinco tiros a su hermano pequeño sin poder intervenir. Luego escuchó cómo arrastraban el cuerpo. Nunca lo encontraron. “Con el tiempo, llegamos a la conclusión de que lo tiraron a los alrededores de Fuentecén [a una hora de Burgos], porque se desviaron para volver a Aranda de Duero (Burgos)”.

Niños que nunca crecieron, adolescentes que nunca llegaron a madurar e historias, escondidas en las fosas, en las que el protagonista es un pequeño de no más de 13 años.

Félix Gálvez tenía esa edad cuando le mataron. Era una tarde de julio de 1939 y la guerra había acabado. Los hombres del pueblo volvían a casa, a Menasalbas (Toledo), cabizbajos y abatidos por la victoria del Frente Nacional. Regresaban con sus familias sin imaginar que su vida terminaría esa noche.

Oyó cómo le pegaban cinco tiros a su hermano. El crimen del niño de 13 años era ser hijo de
un hombre de izquierdas

Pedro Gálvez, de apodo Reniega, era uno de esos hombres, aunque solo contaba con 17 años. Su hermano pequeño, Félix, quiso ir a recibirlo con el puño en alto, como lo hacían los republicanos, pero el pueblo había cambiado de bando. De republicano a nacional. Los amigos y vecinos se convirtieron en verdugos. Y Félix fue una de las víctimas.

Los soldados republicanos aún no habían puesto un pie en su casa cuando fueron sorprendidos por escuadrones de vecinos falangistas. Se los llevaron a una pequeña casa cuartel y allí los torturaron. Entre los detenidos había cuatro menores, tres identificados: Juan Gómez, de 16 años; Pedro Gálvez, de 17, y su hermano Félix, de 13. En la madrugada del 3 al 4 de julio, a Félix lo ataron junto con el resto de detenidos y los condujeron al cementerio, a la tapia que durante los siguientes 72 años sería su tumba.

Los hermanos Gálvez tuvieron un golpe de suerte cuando uno de los detenidos consiguió desatar la cuerda que los apresaba. Vieron su oportunidad y salieron corriendo campo a través. Pedro había estado en el frente y sabía manejar la situación. Corrió hasta desaparecer en la sierra sin darse cuenta de que su hermano pequeño no le seguía. Félix había puesto rumbo a casa. Un vecino que lo vio lo denunció. Los falangistas no tardaron en apresarlo de nuevo. Fueron a la tapia del cementerio y le pegaron varios tiros antes de arrojarlo a la fosa junto con los otros fusilados.

“Fue una vergüenza lo que pasó en ese pueblo”. Antonia Moreno relata el horror que sufrieron sus familiares, entre los que estaba Félix. Sentada en el salón de su casa de Toledo, a 38 kilómetros de Menasalbas, recuerda la historia tal y como se la contaba su padre, Serapio Moreno, primo de Félix y Pedro. Lo que pasó la noche de los fusilamientos se supo gracias a que Pedro consiguió escapar.

Carlos, el hijo de Antonia, comenta que Félix, a pesar de ser un crío, tenía vocación política. “Pertenecía a la UGT. Durante la guerra era aficionado a dar mítines por las calles del pueblo”, cuenta. Su madre, Antonia, sentencia que eso no es motivo para fusilar a un niño: “¿Qué mal puede hacer un chiquillo de 13 años?”.

Abrir una fosa conlleva muchos problemas: luchas con los Ayuntamientos y con los vecinos, conseguir los medios para iniciar la exhumación… Una vez se resuelven llegan otros: identificar los cuerpos y, lo que es todavía más difícil, determinar los años que tenían en el momento de su muerte. Marina Martínez-Betinillos, estudiante de Antropología, llegó a Fontanosas (Ciudad Real) para realizar esta tarea como objeto de su tesis doctoral. “Es muy complicado. La edad se precisa analizando los dientes molares, y en muchas ocasiones se les han caído”, explica. Cuenta que hay otras fórmulas para averiguarla, como examinar la parte de la pelvis, el cráneo y la longitud de los huesos, pero estas pautas son menos fiables. Nada como los dientes. Si le ha salido el tercer molar, tiene 18 años o más.

Julián López, doctor en Antropología Social por la Universidad Complutense de Madrid, opina que las fuerzas nacionales intentaron hacer pasar por mayores de edad a los niños fusilados. “Eran casos mucho más duros y con una contestación social mucho mayor, incluso en una dictadura”, señala. Además, el franquismo intentaba ofrecer una imagen positiva de los niños, aunque fueran hijos de vencidos. “Por eso lo ocultaban”, concluye López por teléfono.

Juan Gómez Sánchez, de 16 años, era pastor y no enarbolaba ninguna bandera. Estaba en el lugar equivocado en el momento inapropiado. Así lo cuenta Salud Gómez mientras juguetea con el hueso de un níspero en su casa de Menasalbas. Para ella es duro recordar la historia que se llevó a su tío Juan. Sus ojos azules hablan por sí solos.

Juan regresaba del monte con su madre y sus ovejas cuando un escuadrón lo apresó. “¿Adónde van con ese niño?”, preguntó una vecina. Su madre le quiso dar una manta, pensaba que el niño solo iba a pasar una noche en el calabozo, pero no lo dejaron y le dijeron que a donde iba “no le iba a hacer falta”. Juan fue uno de los 16 fusilados toledanos y, al igual que Félix y Dionisio, una víctima demasiado joven de la guerra.

Las heridas se están cerrando. Los restos de las víctimas de Menasalbas ya han vuelto a su tierra. Esta vez fueron sepultados con dignidad. Todos juntos, para no olvidar la barbarie.

MUERTOS TIRADOS A LA FOSA

En España hay 2.346 fosas comunes. Solo se han abierto 231. El Ministerio de Justicia calcula que unas 100.000 personas desaparecieron en la Guerra Civil. Diez años después de abrir la primera fosa común en 2000 se han exhumado un total de 5.277 cadáveres.

La fosa más grande de España se encuentra en Málaga, en el cementerio de San Rafael, y hasta octubre del 2009 se habían exhumado restos de 2.840 personas; 349 eran de menores de 10 años. “Los restos de los niños que están enterrados aquí murieron por inanición, enfermedad o en algún bombardeo, pero al ser familiares de personas consideradas rojas los tiraban a la fosa”, explica Rafi Torres, presidenta de la asociación de la Memoria Histórica de Málaga.

En Castilla-La Mancha y Castilla y León se fusilaron unos 40 menores, según la Asociación para la Memoria Histórica.

Notícia d’El País:

“No hay gente en España dispuesta a pasar del odio al exterminio”

JUAN CRUZ 17/07/2011

Su último libro, ‘El holocausto español’, produce escalofríos. Este británico ha convertido el estudio de nuestro siglo XX en su pasión. Aquí habla de su durísima infancia y del largo noviazgo con España.

Hablamos sobre el aspecto más grave de su preocupación como historiador de España: cómo este país de hermanos se convirtió, casi a mediados del siglo XX, en un territorio propicio para la Guerra Civil. Su libro El holocausto español (Debate) lleva un subtítulo que llena de escalofrío: Odio y exterminio en la Guerra Civil y después. No es un subrayado publicitario, eso pasó. En España hubo odio y luego hubo guerra, y se puede decir que la guerra siguió después por otros medios, hasta causar en este suelo que pisamos el terror político y social que amedrentó a los perdedores de la contienda durante más de cuarenta años de dictadura.

Preston había estudiado la historia de España de ese periodo (y después), se había ocupado de Franco, del Rey, de la Transición Ha desarrollado una extraordinaria labor desde la London School of Economics acerca de esas materias centrales en nuestra propia historia, pero jamás hasta ahora había tocado tan de cerca, tan en primeras personas, la tragedia de la guerra y la sorda y prolongada venganza de la posguerra. Y su labor de pesquisa, que ha recogido en ese volumen de más de ochocientas páginas, le ha dañado hasta el alma; en algún momento sintió la punzada de la perplejidad: cómo pudo llegar tan lejos el odio. Y su mujer se lo encontró llorando sobre los legajos que le sirvieron de base para esta historia, que en algún momento él mismo califica de inhumana

Pero, y además, ¿quién es Paul Preston? Ha hecho historia de nosotros, pero ¿y él mismo quién es? En esta conversación quisimos empezar por eso, para desembocar luego en esa historia nuestra que hace llorar. Hablamos en la cocina de su casa, en Londres. Al final, él mismo prepara un almuerzo frugal que tomamos mientras él sigue desgranando asuntos de su pasión, España. La pasión de un muchacho que sigue siendo del Everton, pero también de España.

¿Y su niñez cómo fue? ¿Cómo es su propia historia?

Tuve una niñez muy difícil. Mis padres eran de Liverpool, de clase obrera, y estaban muy enamorados. Cuando yo tenía año y medio, a mi madre le diagnosticaron una tuberculosis, y a mí también. La metieron en un sanatorio, y hasta que murió, cuando yo tenía nueve años, solo pude estar con ella los dos fines de semana que la dejaron salir. El resto del tiempo la veía a través de unas ventanas con rejas porque a mí también me estaban tratando la tuberculosis. Me llevaban los domingos a ese sanatorio, que estaba bastante lejos de Liverpool. Hablamos de los años cincuenta, en los que las comunicaciones eran bastante complicadas.

¿Qué queda de aquella enfermedad?

Todavía tengo sombras en los pulmones. En las pruebas previas a las operaciones que me han realizado, cuando veían las sombras siempre pensaban que tenía un cáncer, pero luego veían que eran manchas de hace mucho tiempo. A ella no la curaron, a mí sí.

¿Qué hacía su padre?

Él era mecánico en una compañía de remolques del puerto, un trabajador muy especializado y con mucha responsabilidad. Mi abuelo tuvo el mismo trabajo y a veces me llevaban en el barco. ¡Era alucinante! Mi padre era un hombre que podía hacer cualquier cosa práctica. Por ejemplo, podía construir un coche empezando por los tornillos; también era muy buen electricista, un excelente fontaneroCreo que debí de ser una gran desilusión para él porque yo no soy nada de eso. Tengo alguna habilidad con el bricolaje,eso es todo Cuando ingresaron a mi madre, me dejó con mi abuela y realmente eso fue lo que me salvó. Mis abuelos tenían unos 55 o 56 años y lo que menos querían era un bebé porque entonces esa edad eran muchos años, yjusto después de la Segunda Guerra Mundial, con todas aquellas estrecheces. Pero me cuidaron y no tuve más cariño que el suyo. Los quería enloquecidamente. Tenían una pequeña casa en la que vivíamos muchos.

¿Más hermanos?

No de este primer matrimonio. Luego le cuento el segundo matrimonio, es otra parte dura de la historia En la casa vivían mis tías con sus maridos, un hermano sordomudo de mi abuela Mi abuela era una mujer de carácter, graciosísima, no tenía nada de educación, dejó el colegio con once o doce años, y era cariñosísima, como mi abuelo. Cuando murió mi madre, mi padre se casó con otra mujer, e insistieron en que dejara de vivir con mis abuelos para irme con ellos. Su nueva mujer era muy guapa, pero también esquizofrénica y alcohólica. No lo detectamos al principio, pero a lo largo de los años nos hizo grandes putadas a mi padre y a mí. A mí me maltrató. Volví con ellos con diez años. Cuando cumplí catorce me largué de nuevo por mi cuenta y volví a vivir con mis abuelos. Fue muy jodido en muchos sentidos. Para llegar al colegio tenía que hacer un largo trayecto en autobús, luego un ferry y dos autobuses más. Tenía que salir a las seis y media de la mañana y no llegaba a casa hasta las seis de la tarde. Con tanto viaje me resultaba difícil mantener a los amigos o hacer nuevos. Cuando mi madrastra empezó a tener hijos, y tuvo cuatro, a mí me tenía como si fuera la chacha. Además, iba a un colegio católico durísimo, de una orden que luego ha tenido graves problemas con acusaciones de abusos. Quizá no era suficientemente guapo de niño porque de mí no abusaron, pero eran unos sádicos impresionantes

¿Qué colegio era?

El gran santo de los ingleses es san Eduardo y el colegio se llamaba así. Los monjes pertenecen a una orden llamada The Christian Brothers. Cada uno iba armado con una costilla de ballena forrada

¡Qué me dice!

Forrada con cuero. ¡Con eso te daban unas hostias, en la cara incluso! ¡Hacían unas burradas!

¿Le pegaron?

Sí, sí, claro. Como era el gracioso de la clase, me pegaron con mucha frecuencia Cuando volví con mis abuelos estuve tan feliz

¿Y no le resultaba traumático dejar a su padre?

Era tan infeliz Quería a mi padre, pero realmente no me conocía. De niño habíamos vivido en una casa alquilada, pero justo cuando mi madre entró en el sanatorio le asignaron una casa municipal en una nueva urbanización lejos de Liverpool. Él se fue a vivir allí y a preparar la casa pensando que de un momento a otro recuperaría a su mujer. Nunca pasó. Le veía muy de vez en cuando porque la casa de mis abuelos estaba muy lejos de la suya Era un hombre muy cuidadoso que trabajaba muchísimo. En sus días libres se dedicaba a reconstruir coches deportivos clásicos con un amigo. Ahí es cuando pasé muchas horas con él. Repintar los coches suponía limar la carrocería durantedías y días, y yo ayudaba de vez en cuando, aunque odiaba ese trabajo

A lo mejor ahí adquirió la paciencia del historiador, capaz de desplegar documentos como para llenar un estadio, y trabajar con ellos como un entomólogo, o un pintor de carrocerías antiguas

Es posible Le sigo contando. Como trabajaba también con lo de los coches, se compró una casa buena, pero con aquellos turnos dejaba toda la economía doméstica en manos de mi madrastra, hasta que descubrió que ella no había pagado las deudas durante años y que lo había empeñado todo. Claro, se arruinó. Luego se rehízo a base de trabajar, pero creo que aquello arruinó su salud. Murió a los 52 años, al poco de acabar yo la universidad.

No había publicado aún ningún libro.

No, no. Creo que ni había ido todavía a España. Estaba haciendo un máster con Hugh Thomas y me llamaron para decirme que mi padre estaba grave. Ya teníamos una buena relación. Llegué a tiempo para verle. Cuando de niño-adolescente vivía con él y con su segunda mujer, si yo le insinuaba algo de las putadas que nos hacía, ella, que era muy convincente, le decía: ¡Cómo le voy a hacer eso a un hijo!”. Y él tendía a creer a su mujer. Debió de pensar que eran exageraciones o mentiras de un adolescente. Años después, cuando se dio cuenta, ya fue otra cosa.

¿Se separó?

No. Era muy católico. No era un beato, pero pensaba que si te casabas con alguien, pasara lo que pasara, era para toda la vida. Era de misa semanal. Mi abuela sí era beata, de misa diaria.

¿Cómo le marcaron esas dificultades de la infancia y la adolescencia?

Mi mujer siempre dice que tengo poco sentido de familia. Creo que la infancia me convirtió en alguien bastante independiente.

No en un solitario.

Es complicado. Lo medito mucho. Mi mujer me dice: ¡Tú que tienes tantos amigos!”. No, tengo muy pocos amigos, tengo muchos conocidos. Y mi trabajo es totalmente solitario.

Como el de un monje.

Pues es curioso reflexionar sobre esto Tras un acto con Raymond Carr, yo preguntaba el otro día: ¿Cómo se puede hacer la biografía de un historiador?”. Si ha hecho bien su trabajo, está sentado en su mesa, en una biblioteca o en un despacho, trabajando desde que se levanta hasta que se acuesta. En el caso de Carr (y estábamos presentando la biografía que de él ha hecho María Jesús González), ha tenido mucha vida social, se ha dedicado a la caza del zorro, se casó con una aristócrata, ha tenido otra vida Pero yo Qué vida he tenido yo para una biografía. No tengo vida fuera de mi familia, y mi familia son mi mujer y mis hijos Muchas veces me preguntan: ¿Cuál es su gran ambición para cuando se jubile?”. Siempre les contesto, de coña: saber dónde va el autobús 134, que pasa por aquí.

Pero va mucho a España, por ejemplo.

Sí, pero ese es otro tema. Mi mujer es inglesa que nació en lo que hoy es Tanzania, y antes de que yo la encarcelara entre estas cuatro paredes viajaba muchísimo, por América, por África, por Australia Y a veces me dice: “¡Que quiero ver otro país!”. Y yo le digo: Sí, pero es que hay trozos de España que aún no conozco.

España es su viaje.

Claro. Y un poco lo es también Italia. Mi matrimonio es con España. Italia ha sido una amante ocasional. Lo único que sé es la historia de España. Y no toda. La España del siglo XX.

¿Por qué decidió que el viaje era España?

Con diez o doce años, mi gran afición ya era hacer maquetas de los aviones de la Segunda Guerra Mundial, era bastante experto. En Oxford había muchas cosas que no me interesaban, pero me interesó muchísimo la guerra civil española. Yo no sabía nada de España, había leído El laberinto español, de Gerald Brenan, y el libro de Hugh Thomas sobre la guerra española, y poco más. Y no sabía español. Me dieron una beca para estudiar en Reading, con Hugh Thomas. Me fascinó. Un profesor que funcionaba maravillosamente en pequeños grupos. Hacía el papel de gran excéntrico y era muy divertido. Me hice muy amigo de él y luego fui su ayudante. Ahí empecé a leer sobre la Guerra Civil y me pareció ¡alucinante! Tenía muchas dudas sobre qué debía estudiar, y en la Guerra Civil estaba la gran cornucopia: ahí estaban Stalin, Hitler, Mussolini, Trotski, el anarquismo, el fascismo, el socialismo, la masonería, el movimiento obrero. Aprendí español leyendo un libro sobre los partidos monárquicos en la Segunda República, de Santiago Galindo Herrero, y me hice amigo de profesores, entre ellos el entonces muy joven Salvador Giner.

Y se fue a España.

A Arroyo de la Miel, en Málaga. ¡Un inglés que habla español!, gritaba la gente. Era cojonudo, porque apenas hablaba, balbuceaba; pero la acogida fue tan calurosa que mientras mis amigos salían a bailar y de copas, yo me quedaba estudiando porque quería obnubilar más a la gente del pueblo. Fue un flechazo con España. Entonces había reticencia en Inglaterra con la comida española. Mi abuela me decía: ¡Cuidado! ¡Utilizan aceite de oliva!”. Aquí la usaban para curar el estreñimiento Recuerdo muy vívidamente mi primer encuentro con Madrid en 1969. ¡Los olores! Madrid no era lo que es hoy. Había calles con todos los artesanos, ¡y las tascas! Después volví a Oxford, me decidí a hacer mi tesis sobre España, y estuve ahí tres años seguidos.

¿Qué le pareció fascinante de este país como para dedicarle la vida? ¿Cómo se ha enfrentado usted a la historia de la España que ha estudiado?

Le dije a María José González, en la cena con Raymond Carr: Lo que pasa en España me preocupa y me afecta igual o más que lo que pasa aquí. No siento frialdad ante España. Ni objetividad, de la que tanto se habla. Si objetividad es dar una de cal y otra de arena, es absurdo: yo creo en la honestidad. Procuro no decir nada sin su documento correspondiente, en este libro, en todos. Pero reacciono. Al estudiar las condiciones de vida de los mineros de Asturias o, más todavía, de los jornaleros del sur, me indignaba y me preguntaba: Cómo es posible, primero, que haya gente viviendo en esas condiciones, y más todavía que hubiera los que se oponían a las reformas para mejorar sus vidas?”. Las reformas de la República, denunciadas por la derecha como revolucionarias y como locuras, me parecían humanitarias. Esto me provocó o estimuló una actitud que yo diría ética respecto a lo que estaba estudiando.

Usted se ha ocupado de los personajes, de José Antonio y Franco al Rey Y ahora en ‘El holocausto español’ habla de las personas de nuestra historia

Después de hacer mi libro sobre Franco, algo que me ha gustado mucho de mi trabajo es poder escribir sobre personas y empatizar con esas personas. Mi mujer piensa que mi mejor libro es Las tres Españas. Muchas mujeres me dicen que el libro que más les gusta es Palomas de guerra. Es que son colecciones de biografías cortas en las que intento simpatizar con la gente. En este último libro, El holocausto español, mi objetivo era simpatizar no ya con nueve figuras o cinco mujeres: es simpatizar con todas las víctimas de la guerra. Cuando salió el libro, alguien escribió en un blog: ¿Qué sabe ese hijo de puta? Es uno de esos ingleses que piensan que los españoles son todos malos. Es todo lo contrario. En ese libro estoy diciendo muchas cosas; primero, que la inmensa mayoría de la población fue víctima de la guerra y que, por supuesto, hay culpables, pero eso de que todos fuimos culpables me parece una chuminada. Hay quienes fomentan el odio. En igualdad de condiciones sé que en Inglaterra no costaría mucho que floreciese el odio si las circunstancias lo hiciesen posible. Quizá aquí haya más tradición de convivencia porque ha habido siglos de prosperidad y eso cambia mucho, pero, en cambio, en España ha habido siglos de hambre.

Sí, hay esa tendencia a decir que todos eran igual de malos

Y es una tesis que prospera entre historiadores serios y merecedores de respeto: todos eran igual de malos, hay una equivalencia de culpa para la guerra civil española Y de la República van sumando los actos de violencia y resulta que había más cometidos por personas de izquierda Eso responde a una metodología estadística que no reconoce la realidad de las circunstancias. Es decir, los propietarios tenían muchísimas armas sin tener que recurrir directamente a la violencia, no tenían que ir y pegar a nadie, los podían destrozar económicamente El gran fallo de esa historiografía de equivalencia es su falta de empatía humana; es no entender lo que supone la desesperación de los obreros que tenían que presenciar una situación en la cual sus hijos morían de hambre o de falta de tratamiento médico.

La construcción del odio contra la República empieza muy temprano. Parece que estaban esperándola para acabar con ella. Desde 1930, al menos.

Entre los equivalentistas están los que aceptan que Franco, sus militares y sus aliados falangistas y carlistas hicieron atrocidades y presentan los desmanes cometidos en la República como su equivalente. Ahí, de entrada, no puede haber equivalencia porque ¿quiénes fomentan los crímenes en la zona republicana? Para ser equivalentes, tendrían que haber sido las autoridades republicanas. Pero no, los más culpables son los anarquistas, que desde mayo del 31 están en contra de la República, los criminales que los anarquistas han soltado de las cárceles. Para los anarquistas, cualquier preso es una víctima de la burguesía, un guerrero de la lucha social. Hay otros elementos, socialistas y comunistas extremos, que tienen odio de clase. Pero con eso el equivalente en la zona rebelde no es Franco, es la chusmaque aprovecha la situación para dar rienda suelta a sus instintos más bajos. El equivalente a Franco y a Mola son Azaña, Prieto o Negrín. ¿Cuál es la diferencia? Azaña, Prieto y Negrín están luchando para acabar con los desmanes. Esto no quiere decir que las víctimas en la zona republicana no sumen una cifra terrible, 50.000. ¡Acojonante! Pero a partir de diciembre del 36, cuando ya tienen las autoridades más control, apenas hay víctimas. ¿Dónde está la equivalencia? Para mí no hay equivalencia entre los que vienen con un plan preconcebido. Algunos dicen que no hay tal plan. Pero simplemente leyendo las declaraciones y los planes previos de Mola…

Da escalofríos lo que usted cuenta sobre la construcción del odio entre nosotros

Ahí habría que añadir el poder de la prensa de entonces. Hoy día es otra cosa, porque se han fragmentado los medios. Pero entonces lo que se repetía constantemente acababa siendo creído. Se fomentó la envidia a partir de las comparaciones económicas; estaba el señoritismo El libro está lleno de citas representativas de la construcción de ese odio Mire lo que dice aquí este señorito, que los señoritos son los verdaderos demócratas porque se follan a las hijas del pueblo. Ya no estamos hablando de la construcción de la envidia, estamos hablando de la construcción del odio. Los responsables realmente son pocos; las víctimas, muchísimas. Ese es el asunto. Si los que decían que lo hacían por patriotismo, para salvar a España, hubieran sido consecuentes, el mismo 18 de julio habrían propuesto un gobierno de coalición con militares. ¡Ni hablar! Ya habían decidido que había que matar a las autoridades republicanas y a los oficiales de los sindicatos La idea de que los fallos de la República, que los hubo, justificaba la matanza me cuesta aceptarla. Por eso a quien dice que, siendo hispanista, uno debe ser totalmente aséptico y frío, le diría que, por supuesto, eso se puede hacer así si no tienes simpatía humana. Y yo la tengo respecto de España.

El asunto Paracuellos. ¿Se le han aclarado las cosas al respecto? ¿Es simbólico de una actuación del ejército de la República?

No. Lo más importante ahí fue el papel de los rusos. Creo que con la versión que yo hago, junto con la versión de Ángel Viñas en el primer tomo de su trilogía, hemos avanzado mucho en el tema. Yo establecí tres etapas: la autorización, la organización y la ejecución. Quizá lo más importante es la autorización. Una cosa es autorizar la evacuación y otra es autorizar la evacuación para que sea exterminio Llevaban semanas hablando de la necesidad de evacuación antes de la creación de la Junta de Defensa. Vete tú a saber si había algunos guiños, pero en general lo que se estaba autorizando era la evacuación. No cabe duda de que cuando los comunistas empiezan a hablar con sus asesores rusos, ellos sí que están pensando en ejecución. Y de los anarquistas tampoco se puede tener muchas dudas porque ya llevan varias semanas sacando gente y matándola. Me sacan de quicio los libros sobre anarquistas en los que todos eran buenísimos. Viene de perlas para cierta literatura de derechas decir que como los anarquistas fueron víctimas de los comunistas tenían que haber sido ángeles. Pero son los anarquistas los que empiezan, son ellos los que hacen la matanza de la cárcel Modelo el 23 de agosto. Y en octubre ya están haciendo sacas. No hay ninguna duda de su actitud.