L’extrema dreta europea contra les cordes després de la massacre de Noruega
Portaven anys advertint del perill de l’Islam a Europa, relacionant-lo amb el terrorisme i titllant-lo d’incompatible amb la democràcia i els drets humans. Fins que arribà un home blanc, cristià, europeu, heterosexual i islamòfob i assassinà cruelment desenes xiquets d’esquerres de 14 a 19 anys i posà una potent bomba al centre d’Oslo. Aquest fet ha suposat un dur revés per la prolífica extrema dreta europea, per a l’etnocentrisme europeu que clamava contra la immigració, contra els àrabs i musulmans sobretot, doncs l’acció d’un convençut patriota, defensor del mateix que proclamen els partits d’extrema dreta, els ha deixat en evidència i els ha situat en el punt de mira de l’opinió pública i dels responsables de la seguretat dels Estats. Alguns ja veníem advertint que el fanatisme ultradretà era perillós, que ja havia provocat massacres semblants (Bolònia, Milà, Múnich…) i que no tindre-ho en compte era una imprudència.
Ara, l’extrema dreta europea es troba en un moment força delicat. L’assassí noruec defensava exactament les mateixes idees, i encara que s’afanyen en titllar-lo de ‘boig’, els qui estudiem des de fa anys l’extrema dreta sabem que no era ho era, sinó que es tractava d’un fanàtic que ha portat les seues idees fins a l’extrem, alimentat pel discurs paranoic, racista i intolerant dels partits i organitzacions legals que difonen l’odi obertament amb total impunitat. Ara el debat està en quins són els límits per aquests discursos d’odi. I davant això, la nova extrema dreta te un repte: com capejar el temporal perquè l’atemptat no li passe factura. Alguns polítics han tingut desafortunades eixides de to que els ha costat car (ho relatem més endavant), i altres s’han afanyat per desvincular-se d’aquest suposat boig, tot i que sense renunciar ni a una coma del seu ideari. Els més nazis no han dubtat en remarcar el caràcter pro-sionista del terrorista, per treure’s responsabilitat, tot i compartir tota la resta de teories de l’autor de la massacre. Altres, més imprudents i de casa, com la blavera Teresa Puerto, no ha dubtat en culpar el ‘socialisme’ de la massacre. El seu escrit és un cúmul de despropòsits com aquest: l’atemptat demostra “la ABSOLUTA CARENCIA de VALORES MORALES de todas esas nuevas generaciones de jóvenes maleducados en Europa bajo la férula docente de los nefastos sistemas educativos SOCIALISTAS , perseguidores de la enseñanza, en la escuela, de los valores morales religión cristiana y, en particular, de la religión católica. ”
Però també hauran de prendre nota aquells polítics i tertulians que proclamen el fracàs del multiculturalisme, con Angela Merkel o Sarkozy, que han jugat amb el foc que nodria l’ideari de la nova extrema dreta. Ara, esperem que les coses canvien, que les Forces de Seguretat, els polítics demòcrates i la societat civil es prenguen seriosament els moviments ultradretans i no dubten en demanar contundència contra aquests, els vertaders instigadors de les idees genocides i intolerants que han inspirat el sanguinari terrorista feixista Anders Behring Breivik.
La matanza de Oslo descoloca a la extrema derecha europea (Público)
La ultraderecha europea, desnuda (Las Provincias)
Simona Skrabec: ‘La situació és molt més greu que no volem reconèixer tots plegats’ (Vilaweb)
Guillem Agulló: ‘La intolerància hauria d’estar tipificada al codi penal’ (Vilaweb)
¡No pasarán! (Anna I. López Ortega)
La nova extrema dreta que tan bons resultats electorals està tenint a Europa els darrers anys ja no és antisemita, sinó islamòfoba. Al contrari, alguns, com Wilders (Holanda) o la EDL anglesa es declaren obertament sionistes, defensors de l’Estat d’Israel i dels valor judeo-cristians. Són ultraliberals, antimarxistes, masclistes i tenen com a bandera l’ordre, la Llei, la moral i el patriotisme fanàtic. No són neonazis (encara que alguns ho fóren anteriorment o mantenen simpaties), però el seu discurs recorda molt al dels nazis dels anys ’30, que culpaven els jueus i l’esquerra de tots els mals, i que acabaren justificant el seu extermini. Es nodreixen de les idees de la guerra de civilitzacions de Huntington, de visions apocalíptiques de guerra entre races i complots musulmans per envair Europa, i assenyalen a la democràcia i al multiculturalisme com els principals còmplices de la degradació moral i política del vell continent.
Notícia de Público:
La matanza de Oslo descoloca a la extrema derecha europea
Los partidos xenófobos intentan mostrar su cara moderada y controlar, sin éxito, a sus ultras
ÓSCAR ABOU-KASSEM MADRID 30/07/2011
Sólo ha faltado Oriana Fallaci. La musa de los políticos que juegan la carta del racismo y la amenaza de una Europa islamizada, su temida Eurabia, habría tenido que realizar ejercicios de funambulismo similares a los de los dirigentes de los partidos de extrema derecha, a quienes la masacre de Utoya ha dejado descolocados.
Y es que mantener a toda costa el discurso radical que inspiró a Anders Behring Breivik para asesinar a 77 personas, la mayoría adolescentes del Partido Laborista noruego, ha provocado que varios de esos ultras se hayan retratado para vergüenza de sus formaciones políticas.
Uno de los que peor ha salido en la foto ha sido el euro-parlamentario italiano Mario Borghezio, un peso pesado de la xenófoba Liga Norte. El miembro del Comité de libertades civiles, Justicia e Interior del Parlamento Europeo, proclamó el pasado martes: “La ideología de Breivik es la misma que la de Oriana Fallaci, la misma que yo he propugnado siempre”. Borghezio, que calificó a Breivik como “inestable”, también afirmó que “los cristianos no deberían ser animales para ser sacrificados, debemos defenderlos”.
Tres días después, y tras un aluvión de críticas desde dentro y fuera del Gobierno italiano, al que pertenece como socio la Liga Norte, su formación decidió suspenderlo durante tres meses. La suspensión también afecta a su cargo como presidente del partido en la región del Piamonte. Borghezio se presentó ayer en la Embajada de Noruega en Roma para pedir perdón, alegando que sus palabras fueron “malinterpretadas”.
El jefe de organización de la Liga, Roberto Calderoli, ministro sin cartera en el Gobierno de Silvio Berlusconi, tuvo que pedir disculpas públicas a Noruega “y, sobre todo, a las familias de las víctimas, por estos comentarios inefables hechos a título personal por Borghezio”.
Pero, arruinando el esfuerzo de Calderoli por moderar la posición de la Liga Norte, otro pez gordo de la formación, Francesco Speroni salió para dar su apoyo total al ultra Borghezio. “Estoy con él y no creo que deba dimitir”, proclamó Speroni, senador y exministro con Berlusconi.
Camino a ‘Eurabia’
“Las ideas de Breivik son para defender la civilización occi-dental”, afirmó Speroni. “Si sus ideas (las de Breivik) son que nos encaminamos hacia Eurabia y ese tipo de cosas y que la civilización cristiana debe ser defendida, entonces estoy de acuerdo con él”, dijo Speroni a la italiana Radio 24.
Tanto Borghezio como Speroni fueron ayer adelantados por la derecha por el diputado austriaco Werner Königshofer,miembro del Partido Liberal Austriaco (FPÖ).
Königshofer afirmó en su página web que las muertes de Oslo debían servir para reflexionar “sobre el valor de la vida humana” y, en concreto, “el hecho de que millones de niños nonatos mueran en el útero de sus madres cada año en Europa”.
Tras el atentado de Oslo y la masacre de Utoya, Königshofercriticó en su página de Face-book la profusión de infor-maciones acerca del peligro que representaba la ultraderecha en Europa y aseguró que la amenaza islamista había golpeado al continente “mil veces más”.
El polémico diputado ya había sido criticado antes por la oposición a causa de sus contactos con el movimiento neonazi austriaco. El FPÖ le expulsó ayer de la formación con carácter inmediato, según informó la agencia Efe.
El líder del FPÖ, Heinz-Christian Strache, aseguró ayer en una entrevista con el diario Österreich que su exclusión tiene efecto inmediato por desarrollar “una conducta perjudicial al partido” y por desobedecer reiterados llamamientos a la “moderación”.
El FPÖ obtuvo el 17,5% de los votos en las elecciones legislativas de 2008, aunque en los sondeos de los últimos meses se situaba como la primera preferencia electoral en los sondeos, con alrededor de un 29% de los votantes, por delante de socialdemócratas y conservadores.
En las elecciones de 2008, la formación recibió muchas críticas por comparar la inmigración actual procedente de Turquía con el sitio de Viena por el Imperio Otomano en 1683, un argumento también utilizado por Breivik.
Preocupados por mostrar ahora su cara más moderada, los partidos xenófobos han intentado esta semana que sus miembros mantuvieran, con mayor o menor éxito, un perfil bajo. Entre los que tampoco lo ha conseguido se encuentra el Frente Nacional de Francia. Jacques Coutela, un candidato regional del partido de Marine Le Pen, ha sido el que ha patrocinado el disgusto.
Poco después de la matanza de Utoya, Coutela escribió en su blog que Breivik era “un resistente”, “un icono” y “el primer defensor de Occidente”. También lo comparó con Carlos Martel, el personaje medieval que detuvo la ofensiva musulmana en Tours en el año 732.
Después borró la entrada y en su lugar publicó otro post en el que condenaba los actos de Breivik. Demasiado tarde. El Movimiento contra el Racismo, que le acusó de “incitación al odio”, presentó una querella contra Coutela y el Frente Nacional lo ha suspendido hasta que comparezca ante una comisión del partido para dar explicaciones.
Breivik también ha dado a la Liga de Defensa Inglesa (EDL en sus siglas en inglés) más publicidad de la que sus dirigentes hubieran deseado. El movimiento de extrema derecha, antiislámico y vinculado con los grupos de hooligans del fútbol inglés, estaba decidido a completar una exitosa transformación en partido político hasta que Breivik presumió en su manifiesto de ser “una de las personas que les aportó material ideológico en su creación”.
“Bomba de relojería”
Stephen Lennon, que fundó la banda en 2009, ha negado esta semana que su grupo tenga alguna relación con el terrorista noruego. “Lo que ha pasado en Oslo muestra la desesperación a la que la gente está llegando en Europa. Se trata de una bomba de relojería”, afirmó Lennon.
El Partido a Favor de los Ciudadanos Alemanes también ha negado que haya similitudes entre las formaciones de extrema derecha y el ideario de Breivik. “Su mensaje de destrucción y odio no tiene nada que ver con nuestros valores cristianos y conservadores”, afirmó su presidente, Manfred Rouhs.
Numerosas formaciones de extrema derecha europea se desvincularon del terrorista. Como el Partido de la Libertad de Holanda, alabado por Breivik, desde el que definieron al asesino como “un enfermo de carácter violento”.
Notícia de Las Provincias:
La ultraderecha europea, desnuda
Los atentados de Noruega fuerzan a los partidos radicales a distanciarse de Breivik para no perder su creciente popularidad
31.07.11 – -ENRIQUE MÜLLER CORRESPONSAL | BERLÍN.
El moderno complejo de edificios que alberga las embajadas nórdicas en Berlín amaneció el lunes pasado rodeado de agentes de policía que habían sido alertados para impedir posibles disturbios. Las autoridades de la ciudad habían permitido una manifestación solicitada por el grupo de ultraderecha Pro Deutschland y temían que la demostración degenerara en un tardío apoyo a la masacre cometida por Anders Behring Breivik en Oslo y en la isla de Utoya y que le costó la vida a 76 personas. Pero los agentes y el personal de la embajada respiraron aliviados cuando vieron llegar a un grupo de unas 20 personas que desplegaron en silencio un cartel donde se podía leer una frase que condenaba el asesinato. «Berlín se solidariza con Oslo: ¿Capital del miedo? ¡No con nosotros!»
«Él era un fanático solitario, que no era ni conservador ni cristiano», dijo un joven a este periódico para reafirmar su rechazo a la masacre. «Nosotros no somos asesinos», insistió. La pequeña manifestación, que duró solo un par de horas, fue el primer ejemplo de una dinámica que está comenzando a contagiar a todos los grupos de ultraderecha europeos, que temen ahora que los atentados de Noruega puedan hacer trizas los logros alcanzados en los últimos años y que llevaron a varios partidos populistas de derecha a los parlamentos de Finlandia, Noruega, Suecia, Dinamarca, Holanda, Bélgica y Hungría.
Prácticamente todos los dirigentes de la ultraderecha europea, incluido el partido del Progreso de Noruega, condenaron la masacre e intentaron distanciarse del joven asesino de 32 años, que intentó autoproclamarse como un nuevo y moderno apóstol del siglo XXI, un fundamentalista cristiano dispuesto a acabar con el peligro marxista que acecha nuevamente a Europa y que abrió las puertas del continente a la inmigración islámica.
«Ahora toda la población de Noruega es militante de la juventud laborista», proclamó Siv Jensen, la principal líder de la ultraderecha noruega, que hasta el viernes anterior a la matanza disfrutaba con la tendencia de los sondeos que auguraban para su partido un nuevo éxito en las urnas en los comicios comunales que tienen lugar en septiembre. «Me alegro que él no se haya sentido a gusto en nuestro partido», añadió Jensen al recordar que el asesino había sido dirigente de las juventudes del partido del Progreso hasta el año 2006.
Geert Wilders, líder del partido para la Libertad de Holanda (PVV), que convirtió a la organización en la tercera fuerza más grande del país con 24 asientos en el Parlamento, gracias a su furiosa política contra el Islam -comparó el Corán con el libro de Hitler ‘Mi Lucha’- se apresuró a calificar al asesino de Oslo como una «persona enferma y violenta» y ofreció sus condolencias a todos los familiares de las víctimas y al pueblo de Noruega.
Marine Le Pen, presidenta del partido ultraderechista galo Frente Nacional, un movimiento xenófobo que también ha logrado convertirse en la tercera fuerza de Francia, dejó saber que su partido no tenía nada que ver con el asesino de Noruega. «Se trata de un lunático solitario que debe ser castigado sin misericordia», señaló.
Las condenas a la masacre se escucharon también en Budapest, Estocolmo, Helsinki y Copenhague, donde una fuerte corriente ultraderechista llegó a los respectivos parlamentos para sorpresa y temor del resto de Europa. Pero ninguna de las agrupaciones que ofrecen un hogar a los militantes radicales ha querido admitir que sus discursos sembraron el odio y la locura en Anders Behring Breivik hasta convertirlo en un asesino.
La nueva internacional de la ultraderecha europea ha proclamado su odio al multiculturalismo, a la inmigración musulmana y ha puesto énfasis en un nacionalismo a ultranza que defiende una Europa blanca, además de denunciar el nuevo fantasma marxista que flota sobre el continente, sin olvidar el resentimiento que expresan respecto a los crecientes poderes de la Unión Europea.
Marxismo cultural
La totalidad de los partidos filonazis, es cierto, ha condenado la masacre, pero es muy probable que simpaticen con la proclama que dejó el asesino y que repartió vía Internet. Breivik afirmó que el marxismo cultural, supuestamente impulsado por la socialdemocracia europea, había degradado moralmente a Europa y favorecido la inmigración.
«No se puede derrotar la islamización o detener/revertir la colonización islámica de Europa Occidental sin quitar primero las doctrinas políticas manifestadas a través del multiculturalismo/marxismo cultural», escribió Breivik. «Una de las manifestaciones más extendidas de la locura de nuestro mundo es el multiculturalismo», añadió el pistolero noruego.
Es verdad que la ultraderecha europea que tiene representantes en los parlamentos no asesina, ni tampoco fomenta la eliminación física de sus enemigos políticos, pero su discurso genera odio y violencia. Sin que nadie lo haya denunciado oficialmente, en varios países del continente está naciendo una peligrosa islamofobia, que podría en un futuro cercano provocar una nueva matanza.
Un informe de Europol, la agencia de policía europea, sobre la seguridad durante 2010 señalaba que en ese año no se habían registrado actividades terroristas de extrema derecha, pero el documento destacaba que los ultras se estaban profesionalizando con la producción de propaganda por Internet, sobre todo de naturaleza xenofóba.
«La profesionalización de su propaganda y de su organización demuestra que tienen la voluntad de ampliarse y extender su ideología y que todavía plantean una amenaza para los Estados de la Unión Europea», señalaba el informe. «El extremismo y terrorismo de derecha pueden prolongar su existencia si logran articular el rechazo público generalizado contra la inmigración desde los países musulmanes».
La matanza en Oslo representa la primera advertencia, pero también puede provocar un cambio radical en el debate sobre la inmigración en Europa. La primera señal la dio Sigmar Gabriel, el líder del partido Socialdemócrata alemán (SPD), quien denunció que el racismo y el nacionalismo que impera en Europa habían sido los gérmenes de la matanza.
«En una sociedad que tolera los sentimientos antimusulmanes y el aislamiento siempre habrá locos al margen de esa sociedad que se sientan legitimados para actuar de forma violenta. El centro de la sociedad debe dejar claro que no hay espacio para esas personas, ni para sus versiones diabólicas», dijo Sigmar Gabriel.
La ultraderecha en Europa y el nuevo “enemigo interno”
Noticiero Visión 7TV Pública argentina / Canal 7
De inspiración ultraderechista, la furia asesina desplegada en Noruega por Anders Breivick, autor confeso del doble atentado ocurrido en Oslo días atrás, sorprendió a las fuerzas de seguridad de la Unión Europea, las que, habituadas a la sospecha metódica sobre todo lo musulmán como sinónimo de “terrorismo”, desestimaron la amenaza interna.
Nacionalista y enemigo declarado del Islam, Breivick, que militó en el ultraderechista Partido del Progreso Noruego de 1999 a 2007, simboliza el crecimiento de la extrema derecha en Europa que avanza a pasos agigantados de la mano de la globalización, la inmigración y la crisis económica.
Aunque el fenómeno guarda ciertas particularidades según cada país, los grupos y partidos ultraderechistas europeos presentan rasgos comunes: son nacionalistas, xenófobos e impulsores de una Europa sin inmigrantes; se oponen a la globalización, al ultraliberalismo y a organizaciones multinacionales como la Unión Europea y la OTAN.
Su popularidad crece de la mano de ideas tales como el “fracaso del multiculturalismo” expresadas por la canciller alemana, Angela Merkel y celebradas por el presidente francés, Nicolás Sarkozy, y el premier británico, David Cameron.
Lejos de la tolerancia y la libertad que caracterizaban hasta no hace mucho a los países nórdicos aún dueños de un estado de bienestar, el Partido del Progreso noruego es uno de los más dignos representantes de la extrema derecha europea, convirtiéndose en 2009 en la segunda fuerza política nacional al obtener el apoyo del 23 por ciento de los votantes. A diferencia de la vieja derecha antisemita y antiliberal, son proisraelíes, antimusulmanes y defensores del libre mercado, compartiendo como ideal la antigua defensa de los valores familiares, la ley y el orden, conservando restos del antimarxismo.
En la vecina Finlandia, el Partido de los Auténticos Finlandeses encabezado por Timo Soini, con un programa nacionalista, anti Unión Europea y contrario a la inmigración se convirtió a principios de este año en la tercera fuerza parlamentaria. En septiembre de 2010 también el Partido Demócrata sueco celebró su regreso al parlamento gracias a las definiciones de su líder, Jimmie Aakesson, quien calificó a los inmigrantes de “parásitos” que consumen la ayuda social del país. Su equivalente en Dinamarca es el Partido Popular Danés, sostén parlamentario desde 2001 del gobierno conservador.
El auge de los partidos que impulsan el odio a lo extranjero no es patrimonio de los países escandinavos. En Austria, con lemas como “Trabajo en vez de inmigración”, el partido de la Libertad se ha convertido en fuerza legislativa. En Italia, la Liga norte comandada por Umberto Bossi, integrante de la coalición gobernante liderada por Silvio Berlusconi, defiende la separación de la zona norte del país, rica y pujante, del sur, pobre y menos desarrollado, impulsando el resentimiento hacia las minorías y los extranjeros.
La fobia al inmigrante también gana terreno en Holanda, país donde la derecha xenófoba del Partido por la Libertad liderado por Geert Wilders obtuvo el tercer lugar en los comicios de 2010. En Bélgica, la formación Interés Flamenco, con 12 bancas en el parlamento, promueve la expulsión de los inmigrantes ilegales.
La estrella de este crisol de partidos ultraderechistas es la francesa Marine Le Pen, heredera de su padre Jean Marie, fundador de la Alianza Nacional Francesa, quien preconiza la devolución de los inmigrantes a sus países de origen, el abandono del euro y la reinstauración de las fronteras, prohibiendo la libre circulación de personas dentro del continente.
En el Reino Unido, el Partido Nacional aumentó su representatividad en un 12,3 por ciento en los últimos comicios municipales, mientras que en Alemania, donde el incremento de las organizaciones neonazis es observado con lupa, un grupo denominado los “Autónomos Nacionalistas” preocupa al gobierno conservador, al extremo de temer la probabilidad de atentados similares a los ocurridos en Noruega.
Europa del Este tampoco queda afuera del crecimiento ultraderechista. En Hungría, la tercera fuerza más votada es el movimiento por una Hungría Mejor, que defiende los ataques a gitanos, judíos, homosexuales e inmigrantes.
Aún cuando la relación entre el auge de las formaciones políticas de ultraderecha y las manifestaciones de violencia extrema es todavía una hipótesis general, el miedo, la intolerancia, la precariedad laboral y las desigualdades percibidas como consecuencias de la globalización auguran para la ultraderecha europea un crecimiento que representa una seria amenaza para las sociedades donde se arraiga.
Extrême droite européenne, pro israélienne per Resistance_Identitaire














