Un feixista italià vinculat a la Casa Pound assassina a trets dos senegalesos a Florència i se suïcida
Si durant el cap de setmana, seguidors radicals del Juventus es van aprofitar d'una falsa denúncia de violació per arrasar un poblat de romanesos, dilluns al matí, un pistoler de 50 anys, militant de la ultradreta, va descarregar la seva Magnum 357 contra uns venedors ambulants senegalesos. Va matar a dos, va ferir a altres tres i finalment, en sentir acorralat per la policia, es va suïcidar en un garatge. Tot podria ser atribuït a l'acció fortuïta d'un desequilibrat si no existissin perillosos, i no llunyans, antecedents. Itàlia pateix des de fa anys onades de xenofòbia. Fins i tot, el 2009, el Parlament Europeu va arribar a advertir en un dur informe que els episodis de racisme estaven augmentant i que alguns d'ells es caracteritzaven per "una violència sense precedents". L'assassí estava vinculat a la Casa Pound, un centre social neofeixista que te estreta relació amb alguns grups feixistes espanyols. Ahir a Roma es van viure moments de tensió quan una marxa anti-racista es va apropar a la Casa Pound.
El ataque se produce dos días después de una agresión a gitanos en Turín
PABLO ORDAZ - Roma - 14/12/2011
El sábado, contra los gitanos de Turín. El lunes, contra los negros de Florencia. La persecución del inmigrante ha resucitado peligrosamente en Italia. Si durante el fin de semana, hinchas radicales del Juventus se aprovecharon de una falsa denuncia de violación para arrasar un poblado de rumanos, el lunes por la mañana, un pistolero de 50 años, militante de la ultraderecha, descargó su Magnum 357 contra unos vendedores ambulantes senegaleses. Mató a dos, hirió a otros tres y finalmente, al sentirse acorralado por la policía, se suicidó en un garaje.
No se trató de un tiroteo. Fue, sencillamente, una ejecución. Según los testigos, el tipo, Gianluca Casseri, llegó a bordo de una furgoneta blanca a la entrada del mercado de la plaza Dalmacia, en la zona norte de Florencia. Se apeó y, sin mediar palabra, disparó su arma contra los vendedores ambulantes. Dos murieron allí mismo y otro más resultó gravemente herido. El vendedor de periódicos de la plaza, Gabriele, intentó detenerlo en su huida, pero el pistolero -fornido, pelo corto, canoso- volvió su arma contra él y lo amenazó con matarlo también.
Un rato más tarde, el tal Casseri volvía a aparecer, esta vez junto al mercado de San Lorenzo, en el centro de la ciudad, cerca del Duomo. Su objetivo, idéntico. Dar caza a algunos de los africanos que ofrecían su mercancía sobre los bancos de la plaza. El pistolero volvió a disparar e hirió a otros dos senegaleses, pero ya la policía -alertada por ciudadanos que incluso le habían tomado fotos con los móviles durante su primer ataque- logró localizarlo en el garaje subterráneo del mercado. "La hipótesis", declaró el fiscal de Florencia, Giuseppe Quattrocchi, "es que, cuando se percató de que la policía lo tenía rodeado, se quitó la vida". A las proximidades del aparcamiento llegó una manifestación improvisada de senegaleses que, al grito de "¡vergüenza, vergüenza!", querían comprobar con sus propios ojos que el asesino había sido verdaderamente abatido y no se trataba de una treta de las autoridades para calmar la tensión que el crimen racista ya había provocado.
El tal Casseri, identificado por la policía italiana como un militante de extrema derecha, era al parecer un tipo solitario, introvertido y... aficionado a la literatura. En 2001, había fundado una revista dedicada al mundo fantástico llamada La Soglia (El umbral) y en 2010, junto al editor Enrico Rulli, publicó una novela histórica titulada La llave del caos, ambientada en la Praga del siglo XVI.
El doble asesinato viene a sumarse a los incidentes ocurridos durante el fin de semana en Turín, donde hinchas radicales con insignias del Juventus aprovecharon una denuncia falsa de violación para arrasar un campamento de inmigrantes rumanos. Una muchacha de 16 años, ayudada por su hermano, había denunciado que unos gitanos le habían robado su virginidad. Se trataba en realidad de una treta por miedo a que sus padres -tan obsesionados con "la pureza" de la menor que la llevaban ante un ginecólogo una vez al mes- y su abuela -a la que le había prometido llegar virgen al altar- descubrieran que se había acostado con su novio. La indignación de los vecinos, al principio pacífica, se convirtió en una auténtica cacería cuando un grupo de radicales llegó al barrio. "Los niños y las mujeres a casa", llegaron a ordenar a los vecinos, "vamos a cazar a esos gitanos". Unos minutos después, el asentamiento gitano empezó a arder. Solo la rápida acción de la policía evitó que la sangre llegara al río en Turín.
En Florencia no hubo tanta suerte. Todo podría ser atribuido a la acción fortuita de un desequilibrado si no existieran peligrosos, y no lejanos, antecedentes. Italia padece desde hace años oleadas de xenofobia. Incluso, en 2009, el Parlamento Europeo llegó a advertir en un duro informe que los episodios de racismo estaban aumentando y que algunos de ellos se caracterizaban por "una violencia sin precedentes". Hay además lugares como Nápoles donde la Camorra ha llegado a liderar la persecución de los gitanos. Fue lo que sucedió en el barrio de Ponticelli en marzo de 2008. Una turba perfectamente organizada arrasó con piedras y botellas incendiarias un campamento gitano. La xenofobia es una bomba de tiempo cuya espoleta suele cebarse con las dosis necesarias de odio y miedo. Por si fuera poco, los tiempos de crisis facilitan la combustión.
Gianluca Casseri, de 50 años, trabaja como editor y es autor de un libro de género fantástico titulado «Las claves del caos»
Jaime g. 15/12/2011
Llegó a la Plaza de Dalmacia montado en un Volkswagen, vio a dos senegaleses que trabajaban en uno de los puestos del mercado y los mató tras dispararlos con su Magnum 357. Poco después, en un tiroteo con la policía, se suicidó.
Gianluca Casseri, de 50 años, es un italiano vinculado a Casapound Italia, un grupo ultraderechista fundado en 2007. Las informaciones publicadas por los medios italianos apuntan a que no era un militante, sino un simpatizante del grupo definido como «fascistas de izquierdas».
Casapound Italia emitió ayer un comunicado en el que dejaba claro que no era un militante de la organización, pese a que sí había acudido en ocasines a su sede. «No tenemos razón para ocultar que asistió a veces a nuestra sede. Hoy ha ocurrido una tremenda tragedia», señala el comunicado.
«Nos había hablado de su libro "Las claves del caos", pero pronto supimos que era una persona muy cerrada que no daba confianza», confirma el portavoz Lorenzo Berti a «La Repubblica».
Casseri era escritor y trabajaba como editor para la revista «La Soglia», dedicada al género de la fantasía en los cómics y el cine, abordando personajes como Drácula, Conan o Flash Gordon.
Hasta ayer, se encontraba disponible en la web «Ideodromo» -de Casapoun- un escrito en el que abordaba la biografía del teórico del neofascismo Romualdi, muerto en los años 70. Según la televisión estatal RAI, Casseri era un viejo conocido de la policía por haber participado en manifestaciones racistas.
El suceso ha conmocionado Italia. En un comunicado, el presidente Giorgio Napolitano condenó el «bárbaro asesinato de dos trabajadorse extranjeros» y denunció «la ciega explosión de odio». Llamó además a la sociedad a «combatir de raíz toda forma de intolerancia y reafirmar la tradición de apertura y la solidaridad» de Italia.
Por su parte, el alcalde de Florencia, Matteo Renzi, describió a Casseri como un «loco y racista». Tras los asesinatos, inmigrantes senegaleses marcharon de forma espontánea por el centro de la ciudad al grito de «Senegal, Senegal». Muchos de estos inmigrantes trabajan como vendedores de bufandas, carteras, cinturones o bolsos en los lugares turísticos.
Entretanto, Roma ha anunciado la detención de cinco personas relacionadas con la extrema derecha, acusadas de apología del fascismo e incitación al odio racial y étnico.