20.000 persones es manifesten a Florència i altres ciutats d’Itàlia contra els assassinats racistes
El passat cap de setmana, 20.000 persones eixiren als carrers de Florència per mostrar el seu rebuig als assassinats de dos ciutadans d’origen senegalès comesos per un ultradretà. També a altres ciutats com Nàpols, Roma, Milà o Torí es repetiren els actes de protesta contra aquest crim que ha tornat a sacsejar Itàlia i ha posat en alerta tot Europa davant el nou caire terrorista que estan prenent els atacs feixistes arreu del continent. La impunitat dels grups feixistes a Itàlia és un fet que denuncien nombroses ONGs i fins i tot l’església, que ha alertat del creixement del racisme i de la poca atenció que el Govern de la república li presta, en part per la seua aliança amb partits i grups d’extrema dreta com la Lliga Nord d’Umberto Bossi, que ha arribat a proposar enfonsar els vaixells de refugiats tunisians a canonades. Denou, molts mitjans titllen el terrorista de ‘boig’, un adjectiu que només fan servir quan l’assassí és blanc, com ja han fet amb el noruec Breivick. Protesta multitudinaria en Italia contra el asesinato fascista de dos senegaleses
Más de 20.000 personas han salido a las calles de Florencia en señal de repulsa por el asesinato de dos vendedores ambulantes de nacionalidad senegalesa, según informan los medios italianos.
Agencias
Más de 20.000 personas han salido a las calles de Florencia en señal de repulsa por el asesinato de dos vendedores ambulantes de nacionalidad senegalesa, según informan los medios italianos.
Entre los asistentes a la protesta se encontraban el alcalde de Florencia, Mateo Renzi, y secretario del Partido Democrático, Pier Luigi Bersani, quien declaró: “Tenemos que exigir a las instituciones que hagan la parte que les corresponde para reprimir con severidad el terrorismo racista”, según declaraciones recogidas por ‘La Reppublica’.
El suceso tuvo lugar el pasado martes, cuando un hombre vinculado a un grupo de extrema derecha, identificado como Gianluca Casseri abrió fuego contra Mor Diop y Samb Modou, acabando con su vida, e hirió a otros tres inmigrantes de ese país africano, antes de pegarse un tiro.
Las protestas se han reproducido en otras ciudades como Roma, Milán, Nápoles y Turín.
Italia se manifiesta contra el fantasma del hombre blanco
El aumento de actos xenófobos saca a la luz la existencia de una política de tolerancia tácita al acoso y marginación de las minorías que viven en el país
EL PAIS – Pablo Ordaz / Lucia Magi Roma / Bolonia 17 DIC 2011
Esta historia no es nueva, y por eso es más grave. De vez en cuando, Italia llama la atención por crímenes racistas u oleadas de xenofobia. Los periódicos se ocupan del asunto un par de días, los justos para enterrar a la víctima —negro, gitano o magrebí—, encerrar al criminal —casi siempre un pobre diablo envenenado de odio— y poner una cruz más —Rosarno, Nápoles, Milán o la mismísima Roma— en el circuito de la infamia. Asunto resuelto… hasta el próximo crimen.
Sin embargo, los sucesos recientes, un campamento gitano arrasado en Turín y dos senegaleses asesinados en Florencia, están poniendo sobre la mesa una pregunta crucial: ¿qué responsabilidad tiene la política en la espiral de racismo y xenofobia que aqueja a Italia?
La respuesta da miedo. No solo porque el anterior primer ministro, Silvio Berlusconi, sostuviera su Gobierno sobre un partido —la Liga Norte— cuyo líder, Umberto Bossi, llegara a pedir cañones contra los tunecinos o contara entre sus filas a un senador que se paseó con un cerdo por delante de una mezquita. También porque, durante años, la clase política ha ido tejiendo un ambiente hostil hacia los inmigrantes, legislando abiertamente en contra de ellos o mirando para otro lado cuando sufrían acoso o persecución. Hace unos días, el director de La Repubblica, Ezio Mauro, explicaba en una reunión del diario que, tras el asesinato de los senegaleses, las redes sociales se llenaron de mensajes de solidaridad con Gianluca Casseri, el asesino. “Esos comentarios”, advierte el periodista, “sacan a la luz una cultura difusa, un sentimiento político que autoriza todo esto. Durante años, hemos leído en la prensa de todo [multitud de ataques racistas], y nadie —salvo la Iglesia a veces— ha tenido la valentía de decir que eso han sido bestialidades abominables”.
Y no porque no estuvieran avisados. Desde hace años se multiplican los informes que, como los de la ONG EveryOne, advierten que “en Italia está en curso una campaña mediática y política dirigida a criminalizar al pueblo romaní y consentir así un número impresionante de desalojos brutales, intimidaciones, expulsiones de familias enteras, abusos judiciales…” No han sido los gitanos los únicos. También los negros y los magrebíes están en el punto de mira. De ahí que el director de La Repubblica reflexione sobre la vieja tendencia de agarrar al asesino, tildarlo de loco y mirar para otro lado: “Seguro que es una locura ir a un mercado, sacar la pistola y matar a gente indiscriminadamente. Pero es más locura vivir en un país donde pueda haber una teorización cultural de una relación entre italianos y extranjeros que puede hacer plausible concebir este tipo de actos. No podemos decir que solo el gesto sea una locura. Por tanto, deberíamos coger aquella pistola y darle la vuelta y ver quién está al otro lado de aquel proyectil. Y al otro lado está el fantasma del hombre blanco. Es algo de las novelas americanas de Harper Lee, algo que pensábamos que perteneciera a otro mundo”.
Pero pertenece peligrosamente a este. Los informes de Cáritas señalan que buena parte de los 5 millones de extranjeros que residen en Italia —un 7,5% de la población total— sufren de miedo. Miedo al racismo de los italianos. Así lo declaran en las encuestas. Un miedo que va más allá de los papeles. Pánico a que les suceda lo que Abdul William Guibre, de 19 años, originario de Burkina Faso. Fue matado a golpes en Milán en enero de 2009 tras intentar robar una caja de galletas. Era italiano, pero su piel era negra. Iba acompañado de dos amigos. También italianos. Pero de piel blanca. Solo lo mataron a él.
A esto se refiere el director de La Repubblica cuando se refiere al fantasma del hombre blanco: “Hemos conocido varios tipos de racismo en Italia. Antes, con nuestros propios paisanos. Yo soy de Turín y sé lo que significa el racismo con los que vienen del sur. Pero nunca conocimos el fantasma del hombre blanco. Antes de Rosarno, donde vimos a gente con el fusil cazando a negros, con el fusil fuera de la ventanilla del coche para disparar como se les dispara a los botes. Tenemos que reflexionar sobre esto. Estamos ante un salto de calidad sobre el racismo, un salto de calidad enorme, que tiene raíces culturales y políticas a la vez”.
LLEGEIX EL REPORTATGE: El feixisme desperta a Itàlia
MIGUEL MORA 01/02/2009
L os sucesos de Ponticelli no son, desgraciadamente, un hecho aislado en la Italia actual. La Comisión de Libertades Públicas del Parlamento Europeo, que inspeccionó en septiembre la situación de los gitanos en Italia, ha aprobado un demoledor informe de 23 páginas que resume la situación en tres frases: “Aumento de los episodios de racismo y xenofobia, algunos de ellos caracterizados por una violencia sin precedentes”, “sensación de malestar e inseguridad crecientes” y “pésimas condiciones de acogida”.
El documento, presentado por el presidente de la comisión, Gerard Deprez, y aprobado por 35 votos contra 12, acusa a instituciones y medios de comunicación de tratar el fenómeno migratorio con “dramatización exagerada y exasperada”, lo que contribuye a que “se mantenga la alarma social creada para justificar el paquete de seguridad y las ordenanzas de emergencia”.
Las conclusiones, elaboradas por los eurodiputados después de encuentros con parlamentarios italianos, el propio ministro del Interior, Roberto Maroni, ONG, Cruz Roja y Acnur, subrayan que “las condiciones del pueblo nómada han sido infravaloradas siempre por las autoridades públicas y resultan hoy seriamente comprometidas”.
El Parlamento reconoce algunos pasos positivos, como las intervenciones para mejorar las condiciones de vida en las chabolas de los campamentos, entre ellos, el de Casilino 900, que existe desde hace 35 años a 10 kilómetros del centro de Roma.
Dos parlamentarios italianos, Roberta Angelilli, de Alianza Nacional, y Mario Borghezio, de la Liga, presentaron un voto particular denunciando que el texto “dibuja un cuadro denigrante y no realista de la situación” y “expresa un juicio político instrumental antes que contribuir a la solución de los problemas”.
A otros, en cambio, les parece demasiado suave. La ONG EveryOne, que cuenta entre sus miembros con ciudadanos gitanos, afirma que “en Italia está en curso una campaña mediática y política dirigida a criminalizar al pueblo romaní y consentir así un número impresionante de desalojos brutales, intimidaciones, expulsiones de hecho y de ley de familias enteras, y abusos judiciales”.
En los últimos días, tres violaciones, una cometida en Primavalle, barrio de la periferia de Roma; otra en la cercana ciudad de Guidonia, y la tercera en Piacenza, al norte del país, han conmocionado a la población y han desencadenado, otra vez, la cacería indiscriminada de gitanos, rumanos.
Italia es el país de Europa más receloso ante los inmigrantes y los gitanos, según indican las encuestas internacionales, y de nuevo ha reaccionado al horror mirando hacia los sospechosos habituales. “Furia inhumana. Se peinan los campamentos romaníes”, titulaba el pasado miércoles el diario Corriere della Sera.
Tras las violaciones ha habido redadas de día y de noche en los campamentos cercanos a los hechos. Quinientas personas fichadas y veinte detenidas por motivos ajenos a los hechos. A cambio, no ha habido ningún arrestado por los ataques contra inmigrantes.
En Guidonia, el sábado de la semana pasada, un grupo de jóvenes de extrema derecha agredió a nueve extranjeros; el martes, una turba intentó linchar a los seis ciudadanos rumanos detenidos como sospechosos.
La noche anterior, cuando la policía aún buscaba a los autores del delito, la agencia Ansa rebotó estas declaraciones del ministro del Interior, Roberto Maroni, a la televisión RAI 1: “Los datos de violaciones en Italia son atribuibles en un 58% a italianos y en un 9% a rumanos. En Roma, la situación es distinta: 35% italianos y 31% rumanos. La diferencia se explica por la fuerte concentración. En mayo acabaremos con los campamentos ilegales de nómadas”. Las últimas estadísticas oficiales de 2007 reflejan, sin embargo, que el 90% de los delitos sexuales son atribuibles a ciudadanos italianos y sólo el 10% restante a extranjeros.
“Los sospechosos de la horrenda violación en grupo de una joven de 21 años en Guidonia resultaron ser, en efecto, rumanos, pero no de etnia romaní. Interior sólo comunicó este hecho el jueves, 48 horas después de los arrestos”, recuerda EveryOne. Para entonces, la mayoría de los medios de comunicación había dado por descontado que los culpables eran gitanos.
La lógica tensión del Gobierno, atacado por la oposición, que fue a su vez denigrada como ineficaz por la derecha, ha llevado a algunos ministros a ignorar incluso la presunción de inocencia. A raíz de que uno de los sospechosos confesara su implicación en los hechos de Guidonia tras ser interrogado toda la noche, el ministro de Exteriores, Franco Frattini, declaró: “Cumplirán la pena en Rumania”.
Sólo unas horas después de que la prensa difundiera la noticia de la violación de Primavalle (Roma), cometida por “dos extranjeros”, una banda de jóvenes destruyó varias chabolas del campamento del barrio. Aparecieron pintadas racistas. A continuación, las fuerzas de seguridad “completaron el trabajo y dejaron en la calle a 50 personas, entre ellas varios enfermos y más de 20 niños”. “Como suele pasar”, concluye Malini, “su única culpa era ser gitanos y vivir cerca del lugar del delito”.
Según se supo el pasado jueves, el Ayuntamiento de Roma ha destruido 124 asentamientos nómadas durante las últimas nueve semanas.














