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Cap a un feminisme lliure de colonialisme

El feminisme descolonial planteja una ruptura radical amb les dinàmiques de dominació i privilegis colonials.

Hacia un feminismo libre de colonialismo
Marisa Ruiz Trejo 16/01/15 -Diagonal
Desde hace más de cuatro décadas, los postulados de las teorías feministas “blancos”, burgueses y heteronormativos entraron en crisis con la aparición de críticas procedentes de los feminismos negros y del “tercer mundo”. Los movimientos feministas comenzaron a identificar formas de colonialidad racistas y clasistas en las prácticas feministas.

Los feminismos negros (bell hooks, Audre Lorde, Patricia Hills Collins, Angela Davis, etc.) y chicanos (Gloria Anzaldúa, Chela Sandoval, Cherrie Moraga, Aurora Levins Morales, Norma Alarcón, etc.) pusieron en cuestión el hecho de que se nombrara la opresión de las mujeres como si ésta fuera igual para todas. Durante mucho tiempo, el término “mujer” fue usado como sinónimo de mujeres blancas, casadas, de clase media o alta y con educación universitaria, ignorando la existencia de mujeres negras así como de las mujeres blancas pobres, entre otras experiencias invisibilizadas.

Recientemente se ha empezado a hablar sobre el giro descolonial en las teorías feministas. En América Latina, los feminismos descoloniales provienen de pensadoras, intelectuales, activistas, lesbianas, afrodescendientes, indígenas, mestizas pobres, así como de algunas académicas blancas comprometidas que se han preocupado por las violencias históricas de opresión, desde el colonialismo hasta el neoliberalismo.

Los feminismos descoloniales no son uniformes, algunos luchan contra las relaciones coloniales económicas y sus consecuencias políticas, otros luchan por el territorio donde las empresas extractivistas operan contra los intereses de las comunidades. Otros apuestan por hacer visible las lógicas sexistas, clasistas y racistas desde el Estado y su relación con el capital. La apuesta descolonial es amplia y heterogénea, pero uno de los puntos en común es que sus voces hablan de vidas marginalizadas por el racismo, el capitalismo y el heterosexismo.

América Latina ha sido la denominación occidental para un continente que algunas feministas descoloniales están nombrando Abya Yala. Abya Yala se caracteriza por su diversidad cultural y su complejidad social pero existen algunos ejes comunes que atraviesan todo el continente: el imperialismo económico, la cultura estatal, los problemas de soberanía territorial de los pueblos, la militarización genocida, el empleo policial estatal y el encarcelamiento de las personas más empobrecidas, la pa­ramilitarización, el feminicidio, la división del trabajo, el extractivismo, la imposición de licencias mineras e ­hidroeléctricas, la privatización de servicios básicos, el narcotráfico y el crimen organizado.

Las feministas descoloniales están dibujando posibilidades para enfrentar las violencias y, sobre todo, para pensar un mundo donde entren muchos mundos. Más que en una apuesta identitaria, el feminismo descolonial reflexiona sobre las relaciones de opresión en términos de materialidad.

Feminismo y comunidad

En Europa, frente a los procesos de neoliberalización y la represión de los cuerpos de las personas, han surgido estrategias teórico-políticas feministas que proponen la desidentificación de los géneros rígidos y de las sexualidades normativas. Estas propuestas “postidentitarias” surgen con unas especificidades históricas frente a la opresión heterosexista, pero siguen gozando de unos privilegios históricos heredados de la idea de supremacía blanca y de la acumulación de capital. Al igual que la propuesta ‘postidentitaria’, el giro descolonial en las teorías feministas latinoamericanas responde a contextos y tiempos determinados y puede o no ser aplicable al resto del mundo.

Algunas intelectuales de Abya Yala no se identifican como feministas descoloniales aunque comparten los intereses de lucha anticolonial, antirracista, anticapitalista y antiheterosexista. Una de ellas es Gladys Tzul Tzul, feminista maya k’iche’ de Guatemala, cuyo trabajo analiza la comunalidad, una forma alternativa al tiempo de la política liberal, en donde lo que importa no es tanto la forma de participación sino la manera en que se produce la toma de decisiones, no tanto la asamblea sino el entramado comunitario para desarticular las formas de dominación patriarcales. El trabajo de Gladys Tzul Tzul resulta una propuesta interesante para los tiempos de neoliberalismo y judicialización que vivimos. Se puede aprender mucho de las luchas comunales mesoamericanas y centroamericanas, de la lucha indígena por la tierra y de las alianzas estratégicas que se están dando entre mujeres negras e indígenas.

En Bolivia, el movimiento indígena antipatriarcal plantea una propuesta de lucha política compleja, reflexiva y crítica que se conoce como feminismo comunitario. La gira de la feminista Julieta Paredes ha dado a conocer esta práctica surgida en Bolivia.

Marisa G. Ruiz Trejo, Warmi Kusisita 14/12/13 · Diagonal
La teoría social y la “acción política revolucionaria” de las feministas comunitarias tratan de analizar y combatir la causa de los problemas sociales a través de un camino que es el de identificar al “patriarcado como el sistema de todas las opresiones, violencias y formas de dominación que existen”. Como dice la pensadora boliviana Julieta Paredes, el Feminismo Comunitario es un movimiento social “orgánico y organizado”, orgánico porque es un compromiso práctico y “no es teoría”, y organizado porque hay tareas que cumplir, no hay jerarquías pero si hay responsabilidades.

Paredes impartió la charla “Teoría social, prácticas y resistencias desde el feminismo comunitario” el 30 de octubre en Madrid. La charla trató sobre la experiencia de lucha social de Julieta Paredes junto a otras feministas indígenas aymaras y no indígenas en Bolivia, que se remonta a los años 90. Se trató de la memoria y de la historia de las feministas comunitarias en Bolivia. La invitación al evento resaltaba una frase significativa del feminismo comunitario: “Queremos todo el paraíso, no el 30% del infierno neoliberal”.

Esa tarde, Julieta Paredes expuso el significado del término feminismo, que ha sido explicado de distintas maneras. En Bolivia, hijas y nietas rebeldes de tatarabuelas aymaras, quechuas y guaraníes lo han definido como “la lucha y la propuesta política de vida de cualquier mujer en cualquier lugar del mundo, en cualquier etapa de la historia que se haya rebelado ante el patriarcado que la oprime”.

El feminismo comunitario nació con la lucha de 23 años del colectivo Mujeres Creando y también durante el proceso de cambio político que vive el pueblo boliviano desde hace diez años. La preocupación por un ciclo en el que las fuerzas globalizadoras permiten la acumulación de capital transnacional y la privatización y mercantilización de recursos naturales tan elementales como el agua, impulsó a varias mujeres indígenas aymaras, feministas y lesbianas a reflexionar colectivamente sobre su posición política frente al neoliberalismo. En 2001, después de una reflexión profunda sobre la coyuntura política boliviana, Mujeres Creando se dividió y nació Mujeres Creando Comu­nidad. Posteriormente, en la insurrección del 2003 se formó la Asamblea Feminista, actualmente Asamblea del Feminismo Comuni­tario.

En el marco de un nuevo Estado plurinacional, el continente Abya Yala –nombre dado al continente americano por el pueblo Kuna – y como forma de posicionamiento, surge una nueva forma de entender la emancipación de las mujeres. La visita de Julieta Paredes a España abrió un nuevo diálogo entre el feminismo transfronterizo y el feminismo comunitario. Julieta motivó a las activistas migrantes a construir desde sus propios cuerpos una propuesta de sociedad en la cual recuperen la idea de comunidad. Es en la condición neocolonial que se producen los movimientos de los lugares empobrecidos a los lugares enriquecidos y es la condición neoliberal la que genera individualismo y la que impide superar el patriarcado.

Todo antes y después de 1492

En su exposición, Julieta Paredes lanzó algunas propuestas del seno de su organización, Mujeres Creando Comunidad. Las mujeres en Abya Yala promueven un feminismo que no sigue los modelos occidentales y los cánones marcados por la fecha de 1789 sino una evolución diferente. Su lucha, en cambio, está marcada por el hecho colonial de 1492.

Son las bisabuelas, abuelas y madres que resistieron y fueron creativas frente al patriarcado de manera diferente a lo que se ha llamado feminismo en Europa o Estados Unidos y se relacionan con las luchas históricas de mujeres que estaban en la periferia del mundo occidental: África, Asia, Oceanía. Su intención es descolonizar pero también desneoliberalizar. La propuesta parte de romper con visiones coloniales históricas que resultan racistas, universalistas y no contemplan las luchas desde otros tiempos y otros espacios.

Las feministas comunitarias partieron de reflexiones acerca del patriarcado colonial-neoliberal a través de la relectura de afrodescendientes como Audre Lorde (1934-1992) y chicanas como Gloria Anzaldúa (1942-2004). Las comunitarias partieron del aporte de culturas híbridas: no desde la cultura americana, no desde la cultura mexicana, sino desde otras culturas heterogéneas.

Pensadoras como Julieta Paredes, que se define a sí misma como “una mujer de origen aymara, lesbiana y feminista”, han puesto en cuestión el imaginario supuestamente democrático. Advierten que éste consiste en la enajenación de las decisiones de las élites políticas y económicas en los países latinoamericanos. Paredes ha criticado la utilización de las mujeres por el capital como forma imprescindible para las reestructuraciones neoliberales y como mano de obra barata. También ha denunciado que algunas mujeres de ONG han ejercido poder ante el Estado y la cooperación internacional, figurando como mediadoras bajo etiquetas como “la perspectiva, el enfoque o la equidad de género” y representando su voz.

En Madrid, Julieta terminó con una canción dedicada a sus compañeras feministas comunitarias en Bolivia: “Quiero ser libre contigo, quiero a tu lado vivir, quiero en tus brazos soñar, quiero a tu lado crecer, quiero entregarte mi amor”. Con esto quiso dejar un mensaje sobre el lugar del que debe partir la emancipación de las mujeres que consiste en liberarse ellas mismas.

Julieta Paredes presentó en Madrid las principales ideas del feminismo comunitario, propuesta impulsada desde Bolivia por indígenas aymaras.

Marisa G. Ruiz Trejo Madrid 15/12/13 Diagonal

Acompañamos a Julieta Paredes por varias ciudades. La vimos hablando en grandes foros pero también en pequeñas asambleas con mujeres preocupas por la violencia y feministas diversas. En esta entrevista abordamos algunos de los debates, discusiones y críticas que surgieron en los espacios en los que participó.

¿Cuál es el interés de las feministas comunitarias en traer este pensamiento a una realidad social como la española?

Me trajo mi amor por mi pueblo y mi amor por la utopía. Creemos que estamos en un momento muy sensible de la humanidad y la naturaleza. El patriarcado neoliberal hoy está en crisis, y las formas de salir de esta crisis pueden ser expresión de una profunda creatividad y propuesta revolucionaria que acabe con todas las miserias, o que se vuelva a reciclar la mierda patriarcal. Los movimientos sociales en Bolivia tienen la intención de hacer una revolución y nosotras somos parte de ese sueño.

“¿Cuál es la posición de las mujeres del norte frente a sus privilegios, como que inmigrantes limpien sus baños y laven su ropa?”

Una de las propuestas del feminismo comunitario está centrada en “despatriarcalizar” las dinámicas sociales. ¿En qué consiste?

La despatriarcalización es una propuesta de política pública planteada por nosotras en Bolivia. Nadie puede atribuirse la autoría de la palabra, pues es el feminismo en general el que ha conceptualizado la idea del patriarcado y por lo tanto también las palabras antipatriarcado y despatriarcalización son de uso de las feministas. Pero plantear una política pública de despatriarcalización, eso no se había hecho antes. En este momento nuestra propuesta pasa porque se ponga en práctica y ejecución el Plan Nacional para la Igualdad de Oportunidades (PNIO), que tiene un marco conceptual totalmente revolucionario, feminista comunitario y creativo. Partiendo de esta base, la despatriarcalización debe continuar y constantemente estamos haciendo propuestas en cada uno de los sectores, pues es una política pública que se construye desde abajo.

Actualmente, enfrentamos una nueva fase del sistema capitalista cuyo eje central es la concentración de capital y las nuevas formas de acumulación flexible. Dentro de estas fuerzas globalizadoras, algunas propuestas políticas proponen la idea de la “desidentificación”, el “vaciamiento de identidades” para crear nuevas categorías, nuevos conceptos. ¿Qué relación hallas entre neoliberalismo y la idea de la “desidentificación”?

J.P.: El vaciamiento político de las identidades es la forma más útil de aislarnos para que el capital nos golpee con impunidad y sin capacidad de respuesta organizada. Las identidades como nosotras la entendemos, son identidades históricas políticas, posicionamientos frente al sistema y las relaciones de poder y no meros caprichos individualistas o búsquedas de figuración. Cierto que las identidades requieren de cuestionamientos profundos y existenciales, que buscan el lugar de cada quien sin romper los lazos solidarios, frente a un sistema que privilegia a pocos a costa de la mayoría. Las identidades nos permiten conocer nuestros errores y limitaciones, es apoyo y es energía.

En la charla de Madrid, algunas críticas a tu discurso fueron que simplifica el feminismo blanco y que eres muy dura con las luchas críticas desde abajo que hacen muchas feministas desde Europa, ¿qué dices a esto?

¿cuál fue y es la posición del feminismo occidental frente a las transnacionales que no pagan igual el trabajo de hombres y mujeres de nuestros pueblos? No creo haber hecho ni simplificaciones ni críticas duras a ningún feminismo en particular, hablamos de la realidad, argumentamos y traemos teorías que es posible no las puedan entender por las relaciones norte-sur. Afirmo que el feminismo occidental no se posiciona en las relaciones entre mujeres del norte enriquecido frente a las mujeres del sur empobrecido. ¿Cuál es la posición de las mujeres del norte frente a sus privilegios, como por ejemplo, el tener mujeres migrantes, muchas de ellas profesoras, licenciadas que vienen a limpiar sus baños y lavar su ropa?,

¿cuál fue y es la posición del feminismo occidental frente a las transnacionales que no pagan igual el trabajo de hombres y mujeres de nuestros pueblos que lo que pagan al trabajo de españolas en el Estado español? Si decir eso es duro, es no tener capacidad crítica y de responsabilidad social, pues es más dura la vida nuestra y es más dura la vida de nuestras wawitas, hijas e hijos.

La economía feminista, por ejemplo, habla del concepto de trabajo de cuidado para referirse a aquel trabajo que las españolas profesionales de clase media hacen en casa, y también se refieren como trabajo de cuidado al que hoy, por la crisis y el paro, estas mismas mujeres hacen como empleadas, como maestras de niñas y niños, enfermeras, cuidadoras de ancianos, etc. Y elaboran una teoría económica feminista sobre todo eso, con preguntas como si el amor se paga o no, etc. ¿Por qué la economía feminista a todo lo anterior no le llama trabajo doméstico?

Porque el concepto de trabajo doméstico sigue siendo atribuido a españolas empobrecidas y mujeres migrantes, es una cuestión colonial y clasista. La crítica es que en vez de hermanarnos hoy entre mujeres en las luchas contra la obligatoriedad y gratuidad del trabajo doméstico se le hace un favor a la acumulación capitalista, encubriendo el trabajo doméstico de las mujeres de clase media y continuando mal pagando a las hermanas trabajadoras domésticas.

¿Cómo se entiende la justicia y el derecho desde el feminismo comunitario? ¿Cuál sería la relación con el Estado?

Es importante que el Estado se entienda como la acción de los pueblos y por lo tanto la Justicia y el derecho también. En ese sentido no es lo mismo el Estado español que el Estado Plurinacional de Bolivia, sin duda el Estado en Bolivia por acción del pueblo es susceptible de cambios e influencia que vienen desde las organizaciones sociales. No es una maravilla, ni tampoco funciona como quisiéramos, pero se ven las diferencias en los resultados.

En la gira has tenido la oportunidad de hacer dialogar el feminismo comunitario con el feminismo transfronterizo, ¿qué has encontrado en estos intercambios?

He conocido a hermanas transfronterizas que hablan de la migración y se declaran feministas, tenemos coincidencias en el análisis de la migración, especialmente desde los cuerpos de mujeres migrantes, y sin duda es un valioso aspecto de nuestras hermanas de la diáspora de nuestros pueblos. Sin embargo, es importante que estas nuestras hermanas migrantes definan dónde y con quiénes van a construir su comunidad.

Por último, dinos ¿qué te gustaría que pasara mañana?

Que desaparezca el dinero y que empecemos a hacer trueque de productos de nuestro trabajo y frutos de nuestras manos y así empezar a construir el Vivir bien.

 

Feminismos, memoria y justicia en América Latina. Entrevista a Pamela Calla.

Publicado el 25/11/2014 por Marisa Ruiz
En esta emisión, presentamos una entrevista a la antropóloga Pamela Calla, profesora del Centro de Estudios de América Latina y el Caribe, de la Universidad de Nueva York. Hablamos con ella sobre racismo y sus nexos con otras formas de discriminación de género, sexualidad, clase, etnicidad y ciudadanía.Además, abordamos las nociones de feminismo, justicia, activismo y procesos de memoria en Bolivia. Pamela analiza, entre varios sucesos, el del 24 de mayo de 2008 en Sucre, una movilización campesina y popular en torno de las luchas contra la oligarquía y el cambio político propiciadas por el MAS (Movimiento Al Socialismo), movilización que fue reprimida de manera altamente humillante y racista y dio pie a una legislación antirracista tras la toma del poder de Evo Morales.

Nos acompaña un tema musical que nos escoge Pamela: “La tonada de la
luna llena”, de Simón Díaz, en versión de Marta Gómez.

Para escuchar el programa, pincha aquí.

Historia y memoria de la antropología feminista mexicana. Entrevista a Rosalva Aida Hernández Castillo.

Publicado el 21/10/2013 por Marisa Ruiz
Este programa está dedicado a la historia y la memoria de la antropología mexicana a través de la voz de la investigadora Rosalva Aída Hernández Castillo. Discutimos con ella sobre la historia oral de un pueblo dividido por la frontera y cómo las fronteras políticas se imponen como una herida abierta en la vida de muchas comunidades.Hernández también nos comparte sus reflexiones sobre la violencia y sobre la guerra contra las mujeres en México y nos explica la manera en que ha realizado su labor antropológica combinando el análisis de las experiencias con el análisis del poder. Su trabajo constituye una reflexión ética sobre la importancia de las emociones en la descripción de los estudios de la violencia y de la guerra.

Además, Hernández Castillo también nos explica la idea de descolonizar el feminismo que consiste en otras formas de entender la emancipación de las mujeres fuera de universalismos, otras formas de entender la justicia y una forma más amplia de comprender los derechos en contextos culturales. Por último, hablamos sobre su trabajo más reciente “Bajo la sombra del Guamuchil”, historia oral de mujeres indígenas y mestizas precisas.

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