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El 9 d’Octubre del 1979, la gènesi de la violència ultra al País Valencià

El proper octubre es compleixen 30 anys de la cel·lebració de la Diada del País Valencià amb més violència política de la història recent. Aquell 9 d’Octubre del 1979, l’alcalde de València Ricard Pérez Casado i el president de la Diputació, Manuel Girona, a banda d’autoritats acadèmiques i membres del consistori, foren brutalment agredits per coneguts ultres davant la mirada passiva de les forces de seguretat posfranquistes. Aquesta jornada de violència feixista preconfigurava allò que es desenvoluparia al País Valencià: la xacra de la violència anticatalanista, la pesta blava. Recuperem doncs dues cròniques, una del diari El País i una altra de la revista Valencia Semanal, d’aquella jornada negra durant la qual els catalanòfobs del GAV i els neofeixistes valencians dispararen contra l’Ajuntament, cremaren banderes oficials i agrediren salvatgement les autoritats i els ciutadans. Tot sense que hi haguera cap detenció. Una situació -la impunitat feixista- que malauradament continua al nostre País.Tal com relatava la periodista Rosa Solbes en Valencia Semanal, ja “a las 11.15 alguien de entre la multitud dispara un balín de calibre nueve milímetros que rompe un cristal del balcón de las banderas [de l’Ajuntament]”. Més tard, “tres jóvenes que gritan ‘País Valencià’ son apaleados en la calle Periodista Azzati. Entre los agresores, según un testigo se encuentra el famoso ultra Marí Montañana“. A les 11.30 els ultres que es concentren front l’Ajuntament cremen les banderes amb un artefacte incendiari, una ‘acció’ reconeguda més tard pel GAV. Jaime Millàs ho relatava així al dia següent en El País: “Mientras aumentaba el ambiente de crispación, coreado con gritos a favor de la enseña de la ciudad, desde el público fue lanzada una bengala que prendió fuego a la bandera del Consell (de cuatro barras con el escudo propio de la institución autonómica), que ondeaba en los mástiles del balcón junto a la bandera nacional y la bandera de la ciudad de Valencia, que también ardieron“. Després, “las autoridades militares que asisten anualmente a esta procesión se retiraron de la plaza del País Valenciano después de que fuese quemada la bandera nacional, y posteriormente fue aplaudido el gesto del concejal de UCD, Rafael Orellano, ex presidente del Grup de Acció Valencianista (GAV), quien mostró al público los restos de la franja azul“.

A las 11.50 sale la comitiva con intención de trasladarse al Parterre. La multitud se lanza contra ella sin demasiadas dificultades. Media docena de policías nacionales cubren el flanco izquierdo. El resto de los policías presentes (cerca de cincuenta) no interviene. Los ultras se lanzan contra el rector Joaquín Colomer y le hieren con un palo en la nariz, rompiendo sus gafas. Concejales y funcionarios han de defender al alcalde y presidente de la Diputación. Alguien se acerca a ellos con una navaja. La comitiva se ha roto por la mitad y el grupo retrasado ha de refugiarse en el Ayuntamiento“, explica la revista Valencia Semanal. Un cop superada la primera agressió a les autoritats “la Corporación decide acudir al Parterre. El alcalde llega con un coche de la policía municipal. Al bajar es agredido con palos. Los fascistas gritan: ‘lo vamos a matar’. Sus compañeros tienen que protegerle“. En un peu de foto del reportatge de Valencia Semanal la revista indica: “el mismo lector reconocerá a los fascistas, tantas veces denunciados y jamás detenidos” (una frase molt il·lustrativa de l’ambient). El País continuava la crònica: “durante el trayecto de regreso de las autoridades al Ayuntamiento se formó un cordón de protección ante los continuos insultos y la posibilidad de una agresión física. Sin embargo, el cordón resultó insuficiente para frenar las agresiones de unos dos centenares de manifestantes que en actitud provocativa agredieron en distintas ocasiones tanto al alcalde, que perdió sus gafas, como a otros miembros de la Corporación y acompañantes. La comitiva, que contó con protección de la Policía Nacional y Municipal, se vio obligada a finalizar el trayecto corriendo“. En conclusió, Rosa Solbes afirma que “el escándalo de Valencia -la vergonzante impunidad de la ultraderecha- ha trascendido a la prensa estatal como noticia de primera plana. En los pasillos de las Cortes se comenta la barbarie fascista. Algún diputado de UCD tiene la desfachatez de echarle la culpa a la izquierda“.

Foto: “El mismo lector reconocerá a los fascistas, tantas veces denunciados y jamás detenidos”. Aquest era el peu de foto de la revista Valencia Semanal.

El 9 d’octubre en Valencia: fachas en la calle, per Rosa Solbes. [Valencia Semanal] Octubre 1979

Violencia ultra en la conmemoración de la Diada Valenciana [El País] 10/X/79

La campaña violenta [El País] 10/X/79

Arxiu de notícies de Valencia Semanal [Antifeixistes.org]

Crònica del diari El País:

PAÍS VALENCIANO

Violencia “ultra” en la conmemoracion de la “Diada” valenciana”

Agresiones al alcalde y al presidente de la Diputación
JAIME MILLÁS – Valencia – 10/10/1979

El alcalde de Valencia, Ricardo Pérez Casado; el presidente de la Diputación, Manuel Girona, ambos socialistas; autoridades académicas y miembros de la Corporación municipal fueron fuerte mente agredidos por grupos ultras en el transcurso de la procesión cívica que cada 9 de octubre se or ganiza para acompañar a la senyera de cuatro barras con franja azul de la ciudad de Valencia hasta la estatua del rey Jaime I, quien en esta fecha hace 741 años conquistó el reino de Valencia y le dotó de fueros propios.

Poco antes de que se iniciara el acto, varios miles de personas ondeando senyeras con franja azul, así como otros grupos con banderas de cuatro barras, sin franja (enseña de la antigua corona de Aragón, asumida por los nacionalistas antifranquistas y en la actualidad respaldada por la izquierda y sindicatos como bandera del País Valenciano), se congregaron frente al balcón del Ayuntamiento. Los primeros incidentes se produjeron cuando estos últimos fueron hostilmente expulsados del recinto por los numerosos abanderados con franja azul.

Mientras aumentaba el ambiente de crispación, coreado con gritos a favor de la enseña de la ciudad, desde el público fue lanzada una bengala que prendió fuego a la bandera del Consell (de cuatro barras con el escudo propio de la institución autonómica), que ondeaba en los mástiles del balcón junto a la bandera nacional y la bandera de la ciudad de Valencia, que también ardieron. Según fuentes gubernativas, se señala que el fuego podría haberse iniciado desde el interior del edificio municipal.

Las autoridades militares que asisten anualmente a esta procesión se retiraron de la plaza del País Valenciano después de que fuese quemada la bandera nacional, y posteriormente fue aplaudido el gesto del concejal de UCD, Rafael Orellano, ex presidente del Grup de Acció Valencianista (GAV), quien mostró al público los restos de la franja azul.

La Corporación deliberó la conveniencia de realizar el acto a la vista del ambiente hostil creado en la calle y acordó «no romper con la tradición de la procesión cívica porque era la mejor respuesta a la agresión», según palabras del alcalde.

Este hizo sendas llamadas a la Capitanía General y al Gobierno Civil para informar de que la Corporación no era responsable de la quema de la bandera nacional y solicitar que se garantizara el orden público. El alcalde reiteró al gobernador la salvaguardia de la comitiva, a lo que este último respondió que el orden público estaba garantizado.

El gobernador civil, José María Fernández, manifestó a EL PAÍS que en la plaza se encontraban más de dos centenares de policías nacionales. «Lamento si no había protección suficiente. Prometí a la Corporación su protección pero lo que no podía era garantizar la ausencia de incidentes.» Asimismo, señaló que había rogado al alcalde ondeara sólo en el balcón la bandera nacional para eliminar el ambiente de crispación creado en la ciudad en torno a los símbolos.

La histórica senyera fue descendida poco después por el balcón, como viene siendo tradición desde 1947, y recogida por el teniente de alcalde comunista Pedro Zamora, quien inició el cortejo junto a otros concejales. En este momento, grupos ultras se abalanzaron sobre las autoridades y dividieron la comitiva, al refugiarse los agredidos en el interior del Ayuntamiento por las continuas provocaciones (fue esgrimida una navaja y algunas personas amenazaron con palos).

Mientras, en un ambiente de gran tensión, el resto del cortejo recorrió las calles de la ciudad hasta el Parterre. Entre las pancartas destacaba en cabeza una bandera nacional con dos senyeras de la ciudad con la consigna Visca Valencia espanyola. Entre el público, algunas personas llevaban el escudo de la bandera nacional.

El ofrecimiento de corona de laurel a la estatua de Jaime I se llevó a cabo sin la presencia de las autoridades, que acudieron posteriormente en coche. El alcalde inició un breve parlamento, que no pudo acabar por los insistentes gritos y abucheos que acompañaron a sus palabras. Sin embargo, llegó a afirmar, repitiendo reiteradamente cada frase: «No rompamos lo que ha sido una tradición de ocho siglos la libertad de todos los valencianos. Siempre hemos dejado hablar a los valencianos. Si no me escucháis, no nos entenderemos.» El acto concluyó con el canto del himno regional, mientras los congregados ondeaban sus senyeras con franja azul.

Durante el trayecto de regreso de las autoridades al Ayuntamiento se formó un cordón de protección ante los continuos insultos y la posibilidad de una agresión física. Sin embargo, el cordón resultó insuficiente para frenar las agresiones de unos dos centenares de manifestantes que en actitud provocativa agredieron en distintas ocasiones tanto al alcalde, que perdió sus gafas, como a otros miembros de la Corporación y acompañantes. La comitiva, que contó con protección de la Policía Nacional y Municipal, se vio obligada a finalizar el trayecto corriendo. Mientras tanto, el resto del cortejo que acompañaba a la senyera, hizo otro recorrido más largo sin incidentes.

En una conferencia de prensa celebrada escasos minutos después de las agresiones, Ricardo Pérez manifestó que «no hemos pedido ayuda al gobernador sino que cumpla la Constitución y defienda las instituciones democráticas». El alcalde diferenció entre los ciudadanos que iban a expresar sencillamente una opinión sobre su enseña y «otros ciudadanos, por llamarles de alguna forma, iban a boicotear y provocar deliberadamente a la primera institución democrática municipal con que ha contado Valencia».

Asimismo, se dijo que se había cursado invitación a todas las autoridades civiles y militares, entre las que se encontraba incluido el gobernador. Según manifestó éste a EL PAÍS desconocía la existencia de esta invitación y, por otro lado, no creía conveniente acudir al acto por considerarlo de carácter municipal y para no confundir a la opinión pública que la protección policial iba destinada a las autoridades municipales y no a su persona.

Estos graves incidentes, que se enmarcan en la escalada de agresiones violentas contra autoridades e instituciones democráticas promovidas, en las últimas semanas, por sectores antiautonomistas, han sido condenadas por varias fuerzas políticas.

PAÍS VALENCIANO

La campaña violenta

10/10/1979

Desde ayer, la ciudad de Valencia se ha sumado a la larga lista de localidades valencianas en las que las autoridades democráticas, especialmente cuando participan en gestos de reivindicación autonómica, son agredidas de palabra o de obra por grupos de extremistas de derechas. Tomates, huevos y piedras han salido a relucir en localidades como Campo de Mirra, Paterna o Cuart de Poblet.Hay sobradas pruebas de que los protagonistas desencadenantes de los incidentes y agresiones son alrededor de un centenar de exaltados que viajan por delante a aquellas localidades donde el señor Albiñana tiene anunciada su visita. Entre los elementos provocadores viaja en ocasiones algún personaje de opereta, ya conducido al juzgado de guardia por el servicio de orden del presidente Albiñana, como es el caso de Paquita la revientaplenaris.

A raíz de los incidentes de Cuart de Poblet, hubo un encierro de alcaldes para denunciar la escalada violenta contra las instituciones valencianas y las personas que las encaman. El ministro del Interior dio garantías al señor Albiñana de que se tomarán las medidas oportunas.